Cofradía y Cofrades durante la II República (IV)

Las procesiones de Semana Santa durante los años de la II Republica en Aguilar de la Frontera (II)

Concluíamos la primera parte de este artículo  narrando  que las cofradías decidieron hacer frente común  ante la negativa del Gobernador a la salida de las procesiones, y por ello dirigieron al mismo un escrito conjunto. Pero no sólo fue el Gobernador quien puso trabas a  la celebración de las procesiones. También refleja la documentación manejada que las autoridades religiosas, representadas por el Obispo, tampoco fueron partidarias de las celebraciones religiosas en la calle. Así lo manifestó el hermano José Arrebola Maldonado en la junta directiva del Resucitado, indicando que las gestiones llevadas a cabo cerca del Gobernador Civil y el Obispo, en relación a la salida de las procesiones, manifestaba que dichas autoridades lamentaban el no poder autorizar, por no garantizar, dichos actos religiosos, dadas las circunstancias tan especiales y críticas por la que atravesaba la cuestión social.

Todo indica que durante la Semana Santa de 1932 y 1933 no se celebraron procesiones en Aguilar, a excepción de la de Jesús Nazareno y Amargura  que, según información oral proporcionada por personas mayores, pero no acreditadas documentalmente,  dicen que sí prosesionaron, aunque acortando el recorrido. Hecho que de haberse producido hace creer que  hubo más  permisibilidad en las autoridades civiles  para celebrar las procesiones que en la religiosas .

Lo que sí parece que celebraron todas las cofradías fueron sus cultos internos. En el caso del Resucitado, posiblemente una de las que con mayor rigor sufrió la crisis, la dificultad fue tal que incluso se llegó a sopesar la posibilidad de no celebrar los cultos de la Ascensión del Señor, para lo que tuvieron que ser socorridos por el propio cura que había promovido la fundación de la cofradía años antes:

Reunidos en Junta Directiva, y a propuesta de la misma se acordó que careciendo de fondos y teniendo aproximada nuestra Función Religiosa, y no pudiendo de ninguna manera efectuarla Don Rafael Espinosa “cura párroco de Nuestra Señora del Carmen” ofrece desinteresadamente todos los gastos que se ocasionasen en la Función y triduo que se celebre en honor de Nuestro Padre Jesús Resucitado[i].  

La cofradía  del Resucitado  se había fundado en 1925 por lo que contaba con tan sólo cinco años de historia cuando se produjo el cambio de Régimen, y siete cuando toma dichos acuerdos,  ya que los mismos se recogen en el acta correspondiente al 20 de mayo de 1932. En esa fecha ya había pasado la Semana Santa, en la que tampoco hubo procesiones, exceptuando a la de la mañana del Viernes Santo que transcurrió sólo por la calle Arrabal y  Coronadas,  y vuelta por Santa Brígida y Moreno a la Parroquia.  

A partir del mes de noviembre de 1933 en el que gana las elecciones generales los partidos de la Derecha republicana, la cuestión religiosa en general y la Semana Santa en particular inician un periodo de sosiego político que posibilitaría el que las cofradías volviesen a sacar  sus Imágenes  en procesión. En el ámbito local este cambio de tendencia ideológica en el poder legislativo no se materializaría hasta  el mes de octubre de 1934, al haberse mantenido el Ayuntamiento en manos de los Socialistas hasta esa fecha, regido por el alcalde José María León.

Aún así, las cofradías ya habían celebrado la Semana Santa de ese año con bastante normalidad, lo que demuestra que la disposición de las autoridades locales socialistas  fue la de colaborar con la celebración de la tradicional fiesta religiosa. Desde el mes de febrero de 1934 comenzaron a movilizarse las cofradías para alcanzar la autorización del Gobernador Civil y poder celebrar las procesiones que no hicieron en los dos años anteriores.  Precisamente fue la cofradía del Santo Entierro, una de las más proclives a suspender las procesiones en los años de gobiernos de Izquierdas, la que primero se dispuso a sacar su paso a la calle en la Semana Santa de 1934, tras haber ganado las elecciones  los partidos de Derechas:

Seguidamente se informó del objeto de la reunión que era cambiar impresiones respecto a la función que en honor de su Imagen celebra anualmente esta cofradía, igualmente en lo que se refiere a los actos de Semana Santa, ya que el ambiente era favorable a que la hubiese y a tal fin se estaba recogiendo firmas del vecindario para luego recabar de la autoridad local  o provincial la correspondiente autorización[ii]

De la lectura del dato se desprende que la normalidad a la que aludía el hermano mayor del Santo Entierro en aquella reunión se relacionaba directamente con los resultados obtenidos por la CEDA, coalición de partidos de Derechas, en las elecciones legislativas. Efectivamente se recogieron las firmas aludidas, y de ello se hizo eco el Ayuntamiento en la Sesión celebrada en  el mes de febrero, dentro del punto de ruego y preguntas:

  El señor Jiménez Carretero manifiesta a la Presidencia  porqué no se ha dado cuenta a la Sesión de un escrito presentado solicitando autorización para la salida de las procesiones. La presidencia expresó que entendía que este asunto no era de la jurisdicción del Ayuntamiento y sí del Gobernador Civil, El Señor León Serrano ruega que se le de curso lo antes posible, la presidencia  se promete a complacer a ambos señores[iii].   

La urgencia y preocupación de los concejales  porque se celebrase la Semana Santa de 1934, era reflejo del interés que pusieron también otros líderes locales de partidos  de la Derecha, que prestaron su entera disposición para que no se quedase ninguna cofradía encerrada, intentando demostrar así la paz social que se había alcanzado con la victoria electoral de la CEDA. Esta impostura acredita más aún  la conjetura del activismo que ejercieron algunos dirigentes cofrades suspendiendo las procesiones para provocar un rechazo del pueblo a las autoridades del Frente Popular. 

Todo indica que durante los años de 1934 y 1935, la Semana Santa de Aguilar recobró una cierta vitalidad, reflejada en la recuperación de las salidas procesionales  y en la puesta en marcha de  proyectos de incremento patrimonial en algunas  cofradías. Las circunstancias políticas locales  cambiarían a partir del mes de octubre de 1934, fecha en la que se nombra alcalde a Miguel Leiva Jiménez, miembro del Partido Republicano Radical, organización que acabaría abrazando los postulados ideológicos de la  Derecha.

A raíz de este cambio se constata una mayor afinidad entre el clero local  y el Ayuntamiento, debido en parte a que los individuos menos radicales del clero, tras alcanzar las Derechas el poder en el Estado, y ellos su campo de influencia, iniciaron un periodo de tolerancia con la República.

El presumible colaboracionismo entre el clero de Aguilar y las nuevas autoridades municipales debió incidir para que el hermano mayor de la Virgen de los Remedios invitase a la Corporación Municipal a participar en la procesión del Jueves Santo.  Esta invitación provocó un acalorado debate en el Cabildo Municipal, poniéndose de manifiesto los distintos posicionamientos y sensibilidades que tuvo cada Partido Político sobre esta invitación.

Fuera del Orden del Día se dio lectura a un besalamano del hermano mayor de la cofradía de Nuestra Señora de los Remedios invitando a la corporación para que asista a la procesión organizada por dicha cofradía para el día del Jueves Santo. Por la presidencia se manifestó que daba cuenta de dicho besalamano por cortesía, pero que entendía que el Ayuntamiento, como entidad oficial debía inhibirse de las cuestiones religiosas. El señor Rincón se expresó en términos contrarios entendiendo que la Corporación debería asistir a dicha procesión. El señor Jiménez Carretero manifestó que el ayuntamiento no debía ir a la procesión por prohibirlo la Constitución del Estado y que tampoco debía cederse la Banda Municipal con carácter gratuito para asistencia a las procesiones[iv].  

Estaba clara la postura que mantuvieron los miembros del Partido Republicano Radical, entre ellos la del propio alcalde, de preservar la separación del Ayuntamiento con respecto a  instituciones religiosas como las cofradías. No opinaba así el concejal Rincón Tienda que, como representante del Partido Republicano Progresista (Derecha), sería partidario de la asistencia corporativa del Ayuntamiento a estos actos.

Otro de los concejales que participó en el debate fue, Jiménez Carretero, uno de los decanos del republicanismo en Aguilar, quien defendió con mayor ímpetu que sus compañeros de partido y la del propio alcalde, Miguel Leiva, la no vinculación de la Institución civil con los eventos religiosos, fundamentando su postura en el carácter laico del Estado republicano.

En el inicio del año 1936 se intensifica la actividad política como consecuencia de la convocatoria de las elecciones legislativas  del 16 de febrero. Esta situación se agrava en el ámbito municipal cordobés con la llegada del Gobernador Civil, vinculado al Partido Progresista, Antonio Cardero Veloso, quien destituyó a varias Corporaciones Locales.

En este contexto fue nombrado alcalde de Aguilar Alfonso Berlanga Cabezas (veterano cofrade de la Humildad), correligionario del gobernador por pertenecer también al Partido Progresista. El mandato de Alfonso Berlanga se prolongó por poco más de un mes, ya que las elecciones fueron ganadas por el Frente Popular. En Aguilar fue contundente la victoria de la Coalición de Izquierdas, y se confirmó el giro a la Derecha del electorado conservador alineándose con los candidatos del Bloque Nacional en detrimento del Partido Radical.

La nueva situación política provocó que el Gobernador Civil ordenase la reposición de las Corporaciones tal como habían quedado conformadas tras las elecciones de 1931. El 20 de febrero retorna a la alcaldía de Aguilar el socialista José María León, durante unos meses en los que se reproduce el enfrentamiento más cruento entre el fundamentalismo religioso del que hizo gala la jerarquía de la iglesia católica, y la extrema radicalización en sectores del movimiento obrero, fundamentalmente los Anarquistas.

El clima social y religioso no pudo ser más adverso para las celebraciones cofrades en los meses previos  a la Semana Santa de 1936. Las cofradías retornaron a la indecisión de 1932 en cuanto a la salida o no de las procesiones.

Diose cuenta del objeto de la reunión que era la de cambiar impresiones en relación a los actos religiosos de nuestra cofradía  en el domingo de Pasión y Semana Santa y como quiera que estos momentos de revuelos políticos se desconoce si autorizan la salida de procesiones o no, acordose dejar en suspenso lo concerniente a Semana Santa hasta más adelante en que se supiera con autoridad si habían de autorizarse o no, en cuyo caso quedó convenido citar a nueva junta par tomar el acuerdo pertinente[v].  

Ya durante la Cuaresma de 1936 los romanos suspendieron la tradicional subida que realizaban todos los viernes cuaresmales desfilando hasta la Parroquia. La propia cofradía de Jesús Nazareno valora la posibilidad de salir o no, celebrándose finalmente la procesión del Viernes Santo  por la mañana, reduciendo su trayecto a sólo las calles Cuesta, Placilla Vieja, Arrabal, Coronadas, Santa Brígida, Moreno y Cuesta. El resto de cofradías no debieron salir a tenor de lo que reflejan los documentos.  

La última Semana Santa republicana se celebró pues, en los mismos parámetros de convulsión social y religiosa que las dos primeras del periodo. En 1937, ya en plena guerra civil se celebró la Semana Santa, volviendo  a salir todas las cofradías. Este retorno de las procesiones a la calles  de Aguilar se hace ya bajo el amparo político  y religioso de una dictadura en la que la iglesia y el Estado se fundieron bajo un mismo poder.

Como es conocido, en los meses previos al levantamiento militar golpista se extendió entre la masa obrera una ola iconoclasta, en represalia al amparo y apoyo que la Iglesia Católica estaba dando a la Derecha más reaccionaria, obsesionada en abortar, a cualquier precio, el proyecto republicano.  Desgraciadamente esta deriva produjo el sacrifico de muchas vidas humanas y una gran perdida en el patrimonio artístico religioso, mucho de él perteneciente a las cofradías.

Aguilar quedó al margen de la última cuestión, dando ejemplo sus líderes y clase obrera de una tolerancia  que, desgraciadamente, no tuvieron después los golpistas, que se tomaron la revancha segando la vida de muchos vecinos del pueblo.  El fanatismo y fundamentalismo religioso del que hicieron gala muchos de los que ordenaron los fusilamientos indiscriminados en nuestro pueblo, no condescendió, ni siquiera, con algunos aguilarenses que, aún militando en partidos de izquierdas, tenían probada su vinculación con la iglesia al haber ostentado cargos de hermano mayor  o directivos en cofradías. Entre otros se fusilaron en 1936 a Andrés Alberca Conde, hermano mayor del Cristo de la Salud, y Manuel Palma Varo, teniente hermano mayor en al cofradía del Resucitado.     

Antonio Maestre Ballesteros                     

 [i] Dato extraído del libro de actas de la cofradía fechada en 20 de mayo de 1932

[ii] ARANDA DONCEL. Juan. Historia dela Semana Santa de Aguilar de la Frontera…

[iii] Archivo Municipal de Aguilar, Acta Capitular, 26 febrero 1934. Leg. 147 

[iv] Ibid. 15 febrero 1935. Leg. 147

[v] Extracto de la reunión celebrada por la junta del Santo Entierro el 25 de febrero de 1936.