Por sugerencia de varios lectores del periódico, y atendiendo a que existen lectores y seguidores de Aguilar Digital en los rincones más recónditos del planeta,  abrimos esta nueva sección histórica, centrada en el conocimiento de la evolución urbanística y toponímica  de las calles de Aguilar de la Frontera, como fórmula para conocer más y mejor nuestro pueblo, y sobre todo,  para  darlo a conocer al resto del mundo. .      

CALLE VILLA 

Se utilizó esta nomenclatura durante el periodo Medieval para designar al conjunto de calles cuyos trazados corrían intramuros del recinto fortificado del Castillo. Documentalmente está probado que, desde tiempos de la Poleymusulmana, ya existía en este emplazamiento una trama urbana, convertida posteriormente en el embrión de la villa cristiana. Los edificios de la medina árabe constituyeron el entramado de callejas a donde arribaron los primeros pobladores que llegaron a este lugar tras su reconquista por el rey Fernando III en 1240[1].

Desde que en 1258 se asentó en el territorio el primer señor de la Casade Aguilar[2], promoviendo su repoblación con cristianos venidos de tierras leonesas, se inició un periodo de expansión del casco urbano que se prolongó durante las centurias medievales, afectando, principalmente, al conjunto de casas y edificios que constituían la villa intramuros. Las alteraciones experimentadas durante el periodo reseñado, proyectó a este espacio en el tiempo tal como ha llegado a nuestros días, con un callejero muy distinto al que tuvo originariamente.

Hasta tres líneas de murallas delimitaron la fortaleza destinada a resguardar la morada de los señores y súbditos de los tres linajes que regentaronla Casade Aguilar en el transcurso de los siglos XIII al XIX. En el XVIII se produjeron los primeros derribos indiscriminados, que acabaron con la totalidad de los lienzos de murallas y las puertas y arcos de acceso a las mimas, más otros edificios singulares, así como con las calles que constituían la villa intramuros.

  Los legajos antiguos acreditan la existencia de callejas y nomenclaturas desparecidas, constituyendo, en la mayoría de los casos, las únicas referencias que existen de estos nombres, cuya ubicación en el mapa urbano de la época es difícil de precisar, ya que no se conservan los padrones de habitantes del siglo XVI. Nombres como: Noreta; Puerta del Agua; Placilla Vieja; Carnicerías; etc., están vinculados al callejero más primitivo de Aguilar, conservado hasta finales del siglo XVIII:

 

Arrimado al adarve de la Plaza Vieja, linde con casas de la iglesia  y la torre del alhoril de Juan Alonso Tostado…[3]

 

La obra tiene cuatro reales de renta cada un año de censo perpetuo impuestos sobre unas casas en la calle que dicen de la Puerta del Agua…[4]

 

Desde finales del siglo XIV y principios del XV, se acredita la existencia de  arrabales en las inmediaciones de las principales puertas de acceso al recinto amurallado, superando éstos las limitaciones que las tapias imponían al necesario crecimiento dela Villa Medieval.Nomenclaturas como: San Antón; Pedro Márquez; Añora; del Tinte; Cambronero; del Hospital Viejo; Barrionuevo; etc., corresponden a las calles situadas en las inmediaciones de las puertas principales de la fortaleza en los siglos referidos.

En el conjunto interior de las murallas destacaban dos edificios representativos por su valor patrimonial y simbología social, además de por constituir baluartes arquitectónicos que marcaban los ejes sobre los que pivotaba la sociedad Medieval, como eran el proteccionismo y sometimiento feudal, simbolizado en el castillo, y la subordinación al sentimiento religioso, significado en el emplazamiento dela IglesiaMayorde la población dentro del recinto amurallado.

 Documentos antiguos nombran a la fortaleza de Aguilar como Castillo de Luna, y el Catastro de Ensenada ofrece una escueta descripción del interior de la misma, tal como se conservaba a mediados del siglo XVIII:

 

    Posee dicho señor el castillo y fortaleza de esta villa que se compone de una plaza de armas cuadrada y gruesa y de bastante altura y sin almenas, y en el centro de dicha plaza haya dos piezas, la una baja que se llama de la sala de armas y la otra llamada la cocina, y en el centro de el hay cuatro torres, éstas rodeadas de murallas: tiene ochenta y dos varas de frente y treinta y cinco de fondo[5]

 

    De la iglesia conocemos que tuvo como advocación primitiva la de Santa María de la Mota[6], y la estructura que presentaba en dichas centurias la describe Franco y Areco bajo estos términos:

 

  (…..) De un solo cuerpo, nave con una puerta al este y un postigo al norte. A este punto hacía espalda el Altar Mayor y el coro la daba al sur. En sus cuatro ángulos se animaban cuatro torres con troneras y defensivos que la hacían fuerte, y para darla la planta escarparon una terrible cantera de tanta elevación que casi compite con la techumbre[7]

 

  La decadencia que experimentó el callejero intramuros en las postrimerías del siglo XVI, en contrapunto con la expansión que se dio en los arrabales extramuros, alteró sustancialmente el mapa de la primitiva villa y el nombre de sus calles.

 Uno de los hechos de mayor incidencia durante el primer tercio del siglo XVI fue la ampliación que experimentó la primitiva iglesia para adoptar las formas que hoy presenta. Estas obras abarcaron la ampliación de las tres naves del templo en el año 1530 -obras costeadas por la Marquesade Priego, Doña Catalina Fernández de Córdoba-, además de la construcción de las distintas capillas que se adosaron a los laterales[8].  La ampliación de las naves obligó a la demolición de tres de las cuatro torres que enmarcaban el solar del primitivo edificio, y la construcción, en la única conservada, del campanario que proyectó el arquitecto y cantero cordobés, Hernán Ruiz, en 1554, y que hoy por hoy constituye uno de los componentes estéticos y arquitectónicos más característicos de esta calle:

 

(…..) Que las dos campanas grandes labradas se hagan de nuevo y antes que se haga la torre de la iglesia se realce y repare para poner las campanas nuevas y pongan en ella, y esto sea a vista del dicho Hernán Ruiz…[9]

 

La ampliación del solar de la iglesia determinó la aparición de nuevos espacios linderos al templo, variando el trazado y tamaño de las calles y plazas existentes en este lugar, y provocando mejoras en su entorno,  como el empiedro realizado en el perímetro del edificio religioso en 1582, además del efectuado en la denominada Puerta de las Imágenes, por la que se accedía a la calle o explanada de la iglesia:

 

Descárguensele mil seiscientos y ochenta maravedís que pagó a Roque Sánchez y Juan de Morales, empedradores, por cuatrocientas veinte varas de empedrado que hicieron alrededor de la iglesia mayor de esta villa, a cuatro maravedíes la vara, mostró licencia del alcalde en seis días de noviembre de mil quinientos ochenta y dos[10].

 

Descárguensele tres mil quinientos y veinte y cuatro maravedís a Roque Sánchez y Juan de Morales, empedradores, de ciento y noventa y una vara de empedrado que se hicieron debajo de la puerta de las Imágenes de esta villa, a diez maravedís la vara…[11]

 

La citada puerta o arco se situaba en el interior del recinto de la villa, en la segunda línea de murallas, haciendo frente a la plazoleta que ordenaba el espacio interno dela Puertade Espejo. Por el citado arco se accedía al llano de la iglesia y a las calles que determinaban el centro neurálgico de la villa intramuros. La supremacía urbana que ostentaba este lugar se revela claramente al constatarse que, durante ciertas festividades del año, se colocaban luminarias adosadas a la citada puerta. En el siglo XVI se registran algunos gastos ocasionados por este hecho:

 

Descárguensele tres reales y medio que pagó a Pedro Nadales que los gastó en aceite y dos faroles y cuatro clavos que compró para poner lumbre por las puertas de las imágenes en la noche del nacimiento de nuestro Señor Jesucristo, fin de año de mil quinientos ochenta y dos[12].        

 

 La merma de espacio que supuso la ampliación de la iglesia y el continuo despoblamiento del callejero interior del recinto amurallado, por motivos de accesibilidad y salubridad, provocaron que, a finales del siglo XVI, tan solo se conservase en este espacio geográfico un reducto de varias casas, localizadas entre la torre campanario y la explanada de acceso al Castillo. A esta pequeña y solitaria vía se la denominaba ya como calle Villa, en clara referencia a su ubicación  dentro del recinto que abarcó la antigua urbe Medieval. Este grupo de casas, a las que se  unieron varias más en el transcurso de los siglos, constituyen la única calle que ha prevalecido desde el siglo XVI en el marco geográfico que ocupó la antigua villa intramuros.

Desde mediados del siglo XVII aparece registrada en los padrones de habitantes con una nómina que supera los treinta vecinos, entre ellos, algunos componentes de la nobleza local, como los hijodalgo Fernando Córdoba de la Cuevay Pedro Fernández del Valle[13]. La presencia de familias burguesas ratifica la preeminencia social que mantuvieron algunas de las antiguas calles de la villa intramuros, estatus que perdieron a raíz del traslado de residencia de estos linajes hacia el nuevo centro urbano establecido en el  Arrabal del Moralejo a partir del siglo XVI.

 En el transcurso de siglo XVII se promovieron algunas obras que alteraron el trazado de la calle Villa y su entorno, al ampliarse la cabecera de la iglesia con la construcción de las dos capillas -Sagrario y Santa Ana-, en 1639 y 1667 respectivamente[14].

Durante la segunda mitad de la centuria se produjo una tendencia regresiva en el número de familias que habitaban la calle, haciéndose patente el deterioro que presentaban algunos elementos arquitectónicos del entorno, como la denominada Puerta de las Imágenes:

 

Asimismo se dijo que el arco de la puerta que llaman de las imágenes que está en esta villa junto a la iglesia mayor de ella está muy maltratado y amenazando ruina lo cual se debe remediar por ser el sitio por donde pasa toda la gente a dicha iglesia sin que haya otro para ello y el sitio más público de esta villa[15]

 

Esta situación se agudizó en las primeras décadas del siglo siguiente, hasta el extremo de que, en 1730, tan solo se contabilizaban tres vecinos[16]: el alguacil Martín de Aroca, que vivía en la cárcel antigua que existía en este emplazamiento; Blas de Nieves, castellano nuevo; y el presbítero Alonso Muñoz de Carmona[17], cuya casa aún puede contemplarse formando parte de la sacristía y museo de la iglesia parroquial. Un dato recogido en el testamento de María de Carmona, fechado en 1779, describe la situación que presentaba en esos años otra de las casas que poseía el citado presbítero en el entorno de la calle Villa, y lo que es más interesante, sitúa el lugar exacto que tuvo la noria que dio nombre a la desaparecida calle Noreta:

 

…y prevengo que el dicho papel de recibo se incluyó en el valor de dicha casa el precio de los dos solares que alindaban con ella, porque el de la parte de arriba es propio de Nuestra Señora de la Concepción y el de abajo es el solar que llamaban de la Noreta, que es el que alinda con la muralla y no tenía casa como refiere el dicho papel…[18] .

 

Este solar coincide con el que hoy en día existe a la entrada a la calle Villa, donde aún se conserva el pozo o aljibe que recogía el agua que se sacaba con la noria, instrumento del que derivó la nomenclatura reseñada.   

    El Catastro de Ensenada refleja la existencia de la calle actual con una doble nomenclatura, citándola, indistintamente,  como Villa y Castillo:

 

María de Herrera tiene una casa en usufructo en la calle Villa o Castillo que confronta con el solar de la cofradía de la Concepción de esta villa, por una parte, y por la otra hace esquina al campo[19].

 

Otros apuntes especifican algunos espacios primitivos de este lugar, como la enigmática calleja y el llano del Castillo, que aún existían a mediados del siglo XVIII.   

 

Matías Rojas tiene una casa en la calle de la villa que hace esquina a la calleja sin casas, por una parte y por la otra con el ejido…[20].

 

Francisco Franco tiene una casa en la calle villa que confronta por una parte con el llano del castillo y por la otra con Antonio Panadero…[21].

 

Antonio Panadero tiene una casa en la calle villa que confronta con la de Francisco Franco por una parte y por la otra con la de Alonso Muñoz de Carmona, presbítero…[22].

 

En el transcurso de la segunda mitad del siglo se produjo varias alteraciones en el trazado de la calle, en la zona colindante a la cabecera del templo parroquial. Estas variaciones fueron consecuencia de los daños que produjo en la capilla de Santa Ana el denominado Terremoto de Lisboa, que obligó a levantar un muro de contención en la pared lateral de la capilla, ocupando parte de la calzada de la calle. La ordenación urbana de la zona se vio alterada también al ubicarse en este lugar el nuevo Cementerio y las atarazanas de la iglesia. También afectó al trazado el cambio radical que sufrió la plazoleta interior de la Puertade Espejo, al derribarse las torres que enmarcaban el Arco de las Imágenes[23], y la obstrucción que sufrió la citada puerta cuando se le adosó el edificio construido para servir como hospital de pobres transeúntes, también conocido como Hospitalito.

Durante el último tercio del siglo XVIII se mantuvo la merma de vecinos, reduciéndose el número hasta en un cincuenta por ciento. En 1771 se contabilizan un total de doce edificios que habitaban una veintena de familias[24]. A medida que avanzó la centuria el número fue reduciéndose hasta quedar, en 1785, tan solo diez moradores[25].  El acusado descenso conllevó la uniformidad social de los habitantes de la zona, al  dedicarse la mayoría de ellos a los oficios o trabajos más bajos del escalafón profesional de la época, como constituían los jornaleros y pobres de solemnidad.

 

NOMBRE DEL VECINO OFICIO
Francisco Cosano Jornalero
Pedro Pintado  
Juan de los Reyes Pobre
Luís de los Reyes Pobre
Juan Pintado Pobre
Matías Dadillos Jornalero
Antonio Parlón Jornalero
Vicente Gutiérrez Jornalero
D. Francisco Javier Urbano  
José Labrador Velasco  

 

                  AMA. Padrón de Habitantes 1785, Leg. 209. Elaboración Propia

 

Desde la década de 1770 aparecen como vecinos varias personas con el apellido Reyes, señalados como castellanos nuevos (gitanos), pertenecientes a un mismo tronco familiar. La presencia de gitanos en la calle Villa se documenta en el primer tercio del siglo XVIII,  y marca una tendencia que se mantuvo en siglos posteriores, sobre todo a partir del XIX, cuando la degradación y abandono que sufre este lugar lo convierte en refugio de las familias más menesterosas  de la población.    

 Durante las primeras décadas del citado siglo mermaron tanto los vecinos  que, en tan sólo dos años, el censo de casas se redujo de las catorce registradas en 1819, asólo seis en 1821[26].  En este último año aparece citado por primera vez, entre los edificios existentes en la calle, el denominado Hospitalito, que contaba en ese tiempo con numerosos acogidos. Como refleja el siguiente cuadro, dicho inmueble había variado ya la finalidad benéfica que motivó su creación –atender a enfermos transeúntes-, y se empleaba como vivienda permanente de familias desprotegidas, principalmente viudas pobres:

 

                                               HOSPITAL DE POBRES

 

 CABEZA DE FAMILIA ESTADO CIVIL
María Antonia Redondo de 64 años Viuda
Josefa Berjés de 30 años Viuda
Antonio Zurera de 50 años  Jornalero
María Arrebola  de 60 años  Viuda
Antonia Cosano de 50 años  Viuda
Rafaela Zurera de 55 años  Viuda

 

          AMA. Padrón de Habitantes 1821, Leg. 210. Elaboración Propia

 

Colindante al edificio citado se construyó durante los últimos años del siglo XVIII el nuevo Cementerio, cuya cerca y acceso principal se ubicaron en la calle Villa. Las noticias halladas sobre el origen del que fue segundo Campo Santo de Aguilar, acreditan la permuta  que se ocasionó en 1807 para la liberación legal de los terrenos:

 

Y con descuento también de fanega y media de tierra que se permutó por cinco celemines de la Obra Pía del Hospital de esta villa que están comprendidas y sirviendo de cementerio, que se ha hecho en el sitio más ventilable y a  propósito de esta villa en virtud de Real Cédula de 3 de abril de 1807, en las que se manda que las tierras que ocupe dicho cementerio se permutase por la del Caudal de Propios[27]

 

El muro del Cementerio hacía frontera a la calle Villa, ocupando tierras que antaño habían sido asiento y solar de calles y callejas desaparecidas. Pasados los años se  amplió el recinto fúnebre, lo que obligó al Ayuntamiento a adquirir terrenos colindantes  en 1842:

 

Mil trescientos veinte y un reales y veinte y dos maravedis pagados a Francisco de Paula Ylardini por resto del valor de seis celemines y dos cuartillos de la tierra propiedad de su difunto hermano Pedro, que fueron tomados por el Ayuntamiento para la construcción del nuevo cementerio que hay en esta villa[28].

 

 La mortandad producida por las epidemias que asolaron la población en los años centrales del siglo obligó a reabrir provisionalmente el primitivo osario, construido en el siglo XVII a los pies dela IglesiaMayor.Esta medida fue suprimida en 1849 tras dictaminar el Cabildo de regidores la continuidad de los enterramientos en el Cementerio de la calle Villa, ante el evidente riesgo sanitario que suponía para los vecinos la cercanía del pudridero de cadáveres.

 

Leído otro oficio de la Junta de Sanidad de esta villa, su fecha diez y nueve de mayo último, en el que manifiesta que siendo perjudicial a la salud pública el enterramiento de los cadáveres en el antiguo cementerio, últimamente habilitado, se suspenda como medida perentoria este y que se previniese al enterrador que al tiempo de dar sepultura a aquellos haga las zanjas bien ondas no cayendo unos sobre otros; y que del mismo modo se prohibiese enterrar en las bóvedas del cementerio grande que dan a la calle Villa, y que solo se permita hacerlo en el extremo que mira a la ermita de San Antón[29].  

 

Mediado el siglo, la calle quedó convertida en un reducto de la antigua villa intramuros donde habitaron muchos de los linajes ilustres y hacendados del pueblo, acogiendo solamente a estratos sociales populares, contabilizándose, en 1826, la existencia de doce casas con sus respectivos inquilinos cabezas de familia, todos ellos con el oficio de jornaleros[30]. En los años centrales de la centuria se registró la numeración de las casas, alcanzado del 1 al 5 y del 2 al 18.

 

NÚMERO CASA VECINO OFICIO
Nº 1 Alejo Águeda Jornalero
Nº 3 Ramón de Campos Sepulturero
Nº 5 Manuel Paniagua Jornalero
Nº 2 María Gómez

Gonzalo Montesinos

Pablo Gómez

Viuda

Alguacil

Jornalero

Nº 4 Francisco Carrera

Joaquín Montesinos

Matea Gómez

Juan de Gálvez

Jornalero

Jornalero

 

Jornalero

Nº 6 Pedro Montesinos

Alonso Jiménez

Alguacil

Jornalero

Nº 8 Cristóbal Aguilar Jornalero
Nº 10 Dolores de Varo Viuda
Nº 12 Manuel Morales Jornalero
Nº 14 Miguel Muñoz

Josefa Benítez

Jornalero

Viuda

Nº 16 Maria Ignacia de Luque  
Nº 18 Juan de Varo Albañil

 

             AMA. Padrón de Habitantes 1861, Leg. 220. Elaboración Propia

 

A medida que transcurría el tiempo, y como consecuencia del incremento general de población que se dio en los últimos años de la centuria, la calle aumentó considerablemente los habitantes, alcanzando el censo de 1870  a sesenta y tres personas[31]. Por ese tiempo se clausuró el denominado “Cementerio Grande”, tras haberse construido uno nuevo junto a la ermita de San Antón. También corrió peligro de cierre y derribo la capilla de Santa Ana, cuyo estado ruinoso supuso un serio problema para los vecinos y transeúntes:

 

Rafael Llamas Zafra Perito de albañilería Público y Municipal de esta  ciudad:

 

 Certifico que a requerimiento de los vecinos de la calle Villa de esta ciudad y como Perito Municipal he pasado a reconocer la capilla de la Concepción (llamada Santa Ana) que da a dicha calle Villa, y previo examen de su estado actual, tanto por dentro como por fuera, la encuentro que está cuarteada por sus dos extremos y fuera de su base el primer cuerpo, con tendencia a desplomarse  por el pie puesto, que la construcción es de sillería y estampilla en los claros de retablos que dan a dicha calle con la circunstancia de que existe un subterráneo en dicha capilla que está ventilado más que por una claraboya de a tercia.

 

En atención a lo antes expuesto hago denuncia ante el señor Alcalde de esta ciudad como perito de la misma de dicho edificio, encontrándolo ruinoso y en todas sus bases según mis conocimientos y desde luego debe procederse a su demolición, para que los vecinos inmediatos no sufran perjuicios en sus vidas y haciendas. Por lo tanto lo pongo en conocimiento de V. para los efectos que halla lugar, advirtiendo que dicha capilla pertenece al Obispado de esta Diócesis

 

Aguilar 27 de julio de 1891[32]

 

Por suerte, los pronósticos no llegaron a cumplirse y este importante espacio del templo parroquial se ha conservado hasta nuestros días.

En 1890 presentaba la calle un censo de dieciséis vecinos y cuarenta y siete habitantes[33]. Cifras similares mantuvo en el transcurso de la primera mitad del siglo XX, compaginando periodos de mayor y menor cantidad. En 1928 contaba con una numeración que comprendía del 1 al 5 y del 2 al 18. El primer edificio era propiedad de la Hacienda del Estado y se trataba del desaparecido Hospitalito. En la acera de los pares se contabilizaban un total de tres edificios sin numeración, siendo propietario del último el Obispado de Córdoba, por lo que es fácil deducir que se trataba de la casa adosada al templo parroquial[34].

 En los difíciles años de posguerra se produjo un incremento del número de vecinos al acoger varias familias cada casa, tal como refleja el padrón de habitantes de 1940,  y por haberse construido cuatro nuevas viviendas que aparecen sin  numeración. Entre esos vecinos destacaban varias familias de raza gitana.

 

NÚMERO DE CASA VECINO OFICIO
Nº 1 Agustín López Arroyo Obrero
Nº 3 Antonia Recio Rubio

José Hurtado Expósito

José Lucena Moreno

Natividad Montero

Miguel Ríos Montero

Viuda

Obrero

Obrero

 

Obrero

Nº 5 Manuel Reyes Reyes

Miguel Alba Aguilar

Obrero

Obrero

Nº 2 FranciscoHurtado Expósito

Antonio Hurtado Luque

Antonio Priego Carrera

José Luque Recio

Obrero

Empleado

Obrero

Obrero

Nº 4 Manuel Jiménez Jurado

José Jiménez Calero

Antonio Barón Lucena

Juan Prieto Jiménez

Ciego

Obrero

Obrero

Obrero

Nº 6 Leovigildo Luque Varo  
Nº 8 Antonia Montero Camacho

Manuel Povedano Roldán

 

Obrero

Nº 10 Joaquín Reyes Medrano Obrero
Nº 12 José Reyes Molina Chofer
Nº 14 Ángela Villar Jiménez  
Nº 16 Gregorio Gallegos García Obrero
Nº 18 Carmen Criado Jiménez  
 S/N José Rubio Recio Obrero
 S/N Francisco Pulido Alhaja Vendedor
 S/N Juana. Pulido Berlanga Obrero
 S/N Soledad Pulido Alhaja  

 

               AMA. Padrón de Habitantes 1940, S/C. Elaboración Propia

 

Durante los años restantes se incrementó el número de viviendas,  respondiendo éstas a construcciones muy básicas, realizadas con materiales primarios. Si a esto unimos la dejadez y falta de reparaciones en la calzada, podemos vislumbrar, tal como reflejan los documentos gráficos antiguos, que la calle Villa constituía una de las zonas urbanas más degradadas de la población hasta que, a finales de la década de 1970, se renovó el pavimento y se le dotó de alcantarillado y agua, sustituyéndose el antiguo empiedro del siglo XIX -que aún conservaba-, por un firme de cemento. En las décadas de 1980 y 1990 se llevó a cabo la renovación estética de gran parte de las fachadas de las casas existentes, y se realizó una nueva calzada con adoquines que le ha otorgado el  aspecto actual,  más acorde con su enclave histórico – artístico. Esta calle ha sido una las pocas que ha mantenido inalterable su nomenclatura a lo largo del tiempo.

 

                                       NOMENCLATURAS

 

        CALLE VILLA: esta denominación responde al nombre genérico que se otorgó a las poblaciones que tenían algunos privilegios o cierta importancia histórica. También solía utilizarse para señalar los núcleos o porciones de zonas urbanas existentes en el interior de los recintos amurallados, en contraposición a los arrabales que se situaban fuera de las murallas. En el caso de Aguilar, y aunque comprenda una sola calle, esta nomenclatura señala el emplazamiento que tuvo el trazado urbano más primitivo del interior de la fortaleza del Castillo.

 

     CALLE CASTILLO: esta nomenclatura aparece registrada en varios documentos del siglo XVIII,  y derivó de la dirección que tomaba la calle en su tramo final hacia el llano o explanada existente delante del Castillo propiamente dicho (recinto que acogía los aposentos del señor yla Plazade Armas).



[1] PALMA VARO, José. Apuntes para la Historia de Aguilar de la Frontera, 2 edición, p. 80. Ayuntamiento de Aguilar dela Frontera.   

[2] PALMA VARO, José. Apuntes para…, p. 87. 

[3] Archivo Parroquia Soterraño (en adelante APS). Libro de Visitas Pastorales 1554 – 1580.

[4] Ibidem.

[5] Archivo Municipal de Aguilar dela Frontera (en adelante AMA). Catastro de Ensenada – seglares- Leg. 395.

[6] PALMA VARO, José. Apuntes para…, p. 299

[7] FRANCO Y ARECO, J. de D. Museo Genealógico – Memorial de de Aguilar. Ms. 1849 – 1856, p. 23.   

[8] PALMA VARO, José. Apuntes  para…, p. 300.          

[9] MAESTRE BALLESTEROS, Antonio. La Cofradía de la Soledad y Entierro de Cristo de Aguilar de la Frontera, siglos XVI – XVII, p. 38.  Hermandad de Nuestro Señor Jesucristo en su Santo Sepulcro. 

[10] AMA. Cuentas de Cabildo, 1582 – 1601, Leg. 373.

[11] Ibidem.

[12] Ibid.

[13] AMA. Padrón de Habitantes 1657, Leg, 208.

[14] PALMA VARO, José. Apuntes para…, p. 304.  

[15] AMA. Acta Capitular 1695, p. 326, Leg. 98.

[16] AMA. Padrón de Habitantes 1730, Leg. 208.   

[17] Don Alonso Muñoz de Carmona fue Hermano Mayor de la Cofradía de San Antón, reconstruyendo la ermita de esta advocación en el siglo XVIII. A este presbítero se debe también una obra titulada: Memorial de la iglesia de San Antonio Abad, en la que recoge parte de la historia de Aguilar.

[18] Archivo Histórico Provincial de Córdoba (en adelante AHPC). Oficio 4 Andrés de Varo Linares 1779, Sig. 6638

[19] AMA. Catastro de Ensenada – seglares. Leg, 395.

[20] Ibid.

[21] Ibid.

[22] Ibid.

[23] Los sillares de dichas torres se destinaron para la construcción del nuevo Ayuntamiento tal como conoceremos cuando tratemos sobre la calle Cuesta de Jesús 

[24] AMA. Padrón de Habitantes 1771, Leg. 208.

[25] Ibidem. 1785, Leg. 209

[26] Ibid. 1821, Leg. 210

[27] AMA. Cuentas de Propios 1812, Leg. 388.

[28] Ibidem. 1842, Leg. 392.

[29] AMA. Acta Capitular 18 junio 1849, Leg. 129.

[30] AMA. Padrón de Habitantes  1826, Leg. 210. 

[31] Ibidem. 1870, Leg. 210.

[32] AMA. Carta del perito Rafael Llamas  Zafra fechada el 27 de julio de 1891, S/C.

[33] AMA. Padrón de Habitantes 1890, Leg. 229

[34] AMA. Padrón de Edificios y Solares 1928, Leg. 471.