Antonio Maestre Ballesteros

Anales de la aldea de Zapateros a través de los documentos antiguos (I)

Cuando se acaba de cumplir el primer centenario de la constitución de la antigua aldea aguilarense de Zapateros como población emancipada bajo el nombre de Moriles,  dedicamos varios capítulos de la sesión  Página de Historia de este periódico,  a dar a conocer los anales  más destacados del primitivo poblado que dio origen a la actual villa cordobesa.

Como pauta para determinar la cronología histórica del lugar  utilizaremos una selección de documentos antiguos que nos permitirán, a groso modo, recomponer el origen y evolución  de la  aldea hasta el día 18 de junio del año 1912, fecha en la que se constituyó como un municipio más de la provincia. Vamos a tratar pues, el periodo de tiempo en el que la villa de Moriles  formó parte inherente de la historia de Aguilar de la Frontera bajo el nombre de aldea de Zapateros  

Entrando en materia, resulta difícil precisar cuándo se designó a estos pagos con el nombre de Zapateros, y desde cuando existió la fuente con dicho nombre. No es aventurado creer, por otro lado, que estas tierras hubiesen acogido asentamientos humanos con cada una de las civilizaciones que visitaron la campiña cordobesa. Consideramos acertada  la hipótesis que vincula  el nombre de Moriles con el topónimo “Moril”, designación por la que se reconocía el lugar de morada de los musulmanes cristianizados tras la conquista castellana de estas tierras, denominados popularmente como moriscos.

Como punto de partida del estudio nos situamos en un contexto histórico muy concreto  -el reinado de Alfonso X el Sabio-, en el transcurso del cual acontecieron varios hechos que determinaron la propiedad y utilización de estas tierras en tiempos posteriores. Por esas fechas del siglo XIII, posiblemente recibiera ya este emplazamiento y la fuente el nombre de Zapateros, supliendo al que tuviera con anterioridad durante la ocupación musulmana. Creemos además que esta nomenclatura  pudo derivar de la masiva presencia en la zona de los insectos hemípteros así denominados.

Fue Alfonso X quien,  por privilegio rodado, dado en Cartagena el 16 de abril del año 1252, donó la posesión de la antigua villa de Poley al caballero portugués, Gonzalo Yañez Divinal, en recompensa a los servicios prestado por éste a su padre el rey Fernando III, y al propio Alfonso X en la conquista de estos lugares a los sarracenos. Don Gonzalo Yáñez iniciaría la repoblación de sus nuevas tierras con cristianos viejos, y daría el nombre de Aguilar a la villa de Poley en memoria del apellido de su madre.

Fue también Alfonso X quien sancionó la partición de los términos agrarios entre Aguilar, Estepa, Lucena, Benamejí y Castillo Anzur,  uno de cuyos ejes quedaría marcado por la propia Fuente de Zapateros, circunstancia que motivó el que la misma aparezca reflejada en los documentos que relatan los enfrentamientos señoriales mantenidos entre el Marquesado de Priego y el del Comares, a cuenta de la usurpación de propiedades en estos pagos. Estos documentos constituyen un valioso aporte para conocer el área geográfica de Zapateros en el transcurso de la Edad Media.

 Por ellos conocemos que el pago agrario y la fuente se ciñeron al terrazgo y jurisdicción de la Casa de Aguilar, aunque esta pertenencia se vio alterada  por  los constantes pleitos mantenidos entre los dos señoríos limítrofes – Aguilar y Lucena-, los dos pueblos o villas que finalmente más incidencia tendrían en la constitución del asentamiento humano que dio origen a la aldea.

Un  documento extraído del archivo de Simancas por Francisco Rafael Ojeda,  recoge uno de los pleitos entablados a finales del siglo XV entre los dos nobles cordobeses a cuenta  de la propiedad del pago y la fuente de Zapateros.  De la lectura del mismo se desprende la importancia logística que tenía la fuente y su entorno ya en esos siglos, y con él se acredita la  presencia asidua de moradores en estas tierras. De todos es conocido, y así lo atestigua el privilegio de donación dado por Alfonso X, que tras la conquista de estos lugares por las tropas castellanas, mantuvieron su residencia los musulmanes que la ocupaban con anterioridad,  tal como  se refleja en el hecho de que el propio Consejo de la villa de Aguilar se conformase de cristianos y moros a partir del año 1252. El mismo privilegio  detalla que Don Gonzalo Yañez debía guardar y tener a los moros de Poley. Estos condicionantes variarían pocos años después a raíz de la expulsión de los musulmanes de Andalucía en el año 1267, y aún así, vecinos con la condición de moriscos se registran en los padrones de Aguilar hasta la nueva expulsión acaecida en el siglo XVII.

Todo indica que las circunstancias reseñadas afectaron negativamente a los súbditos de estas tierras, y la primera conclusión que extraemos del pleito es la de constatar el despoblamiento general que sufrió la zona en los siglos siguientes, ya que  el asentamiento de los castellanos fue lento y tardío, debido, sobre todo, al peligro que conllevaba el habitar las zonas que hacían  frontera con el reino de Granada,  con ocasión de las constantes correrías bélicas que acontecían en estos lugares. Ni este documento, ni otros consultados,  permiten aventurar la hipótesis de que en siglos posteriores a la conquista cristiana existiese algún núcleo de población limítrofe a la fuente, que pudiera constituir un antecedente poblacional a la posterior aparición de la aldea. 

Los legajos conservados en Aguilar sí acreditan, por el contrario, que en el siglo XVI la fuente de Zapateros seguía constituyendo un importante referente geográfico del Término Agrario, acogiendo en sus inmediaciones y pagos limítrofes, como el de los Moriles, a familias que residían en cortijos, caserías y  chozas. La presencia de estos moradores se registra en los libros parroquiales de Aguilar, Monturque o Lucena, villas a las que acudían para  celebrar sus desposorios, bautizos y defunciones.

Los padrones de habitantes de Aguilar,  de la segunda mitad del siglo XVII,  no registran ningún dato que permita entrever que se hubiese fijado ya el espacio constructivo sobre el que se delimitó  la plaza que dio origen de la aldea. Aunque tampoco podemos descartar que algunas de las construcciones que acogían a los trabajadores que moraban en este lugar  se situasen ya en el denominado Llano de Zapateros, enclave primario donde surgió el casco urbano. También es admisible la hipótesis que estipula la existencia en ese tiempo de la primera capilla o ermita que se estableció en este lugar para atender espiritualmente a una población que, aunque dispersa, contaba ya  con un número considerable de familias.  Todas estas conjeturas marcan los condicionantes que pudieron determinar la aparición de los cuatro lagares y ermita que dieron principio al espacio geográfico de Zapateros, circunstancia que, sólo como hipótesis fiable, podemos situar cronológicamente en la segunda mitad del siglo XVII,

El padrón de habitantes de Aguilar, del año 1724, es el primer documento de estas características que señala explícitamente a los residentes que habitaban en los cortijos y lagares del Término Municipal, constituyendo una importantísima base documental para conocer las familias que moraban ya en los dos pagos agrarios lindantes a la fuente. Con la noción de estos datos, y los de años posteriores, podemos aseverar que alguno de los lagares reseñados en el documento y la propia ermita integraban la primera estructura urbana del denominado Llano de Zapateros. Según este padrón, el único morador que se registra en ese lugar era Juan Calvo, el mismo que, en años posteriores, aparece viviendo en el lagar de Pedro de Toro, por lo que es admisible que dicho lagar correspondiese a uno de los primeros que se levantaron en la aldea.

Catastro de Ensenada

Admitiendo que en el primer tercio del siglo XVIII ya estaba determinado el marco geográfico  que acogió las primeras construcciones en este lugar, es el Catastro de Ensena, datado a mediados de dicha centuria, el que nos ofrece la descripción del asiento  que tenían los cuatro lagares y  ermita del denominado Llano de Zapateros en ese tiempo. La nota dice así:

El lagar de Francisco de Varo Valle confronta a poniente, norte y sur, con el ejido de la ermita de este pago. El de los hermanos Pedro y José Agustín de Carmona y Antequera limitan al sur con el Llano de Zapateros. El del capellán Pedro Lucena Linares confronta al norte con el llano de Zapateros y al sur con el camino que de dicho llano va a la huerta de dicho sitio. El también Capellán Don Diego Dávila posee un haza de tierra calma que confronta al levante con el lagar de Cristóbal Conde y a poniente con la plazuela de la iglesia de dicho sitio. El convento de Carmelitas Descalzas tiene una fanega de tierra que confronta a poniente con tierras de la ermita del pago de Zapateros., Finalmente Bartolomé de Vida Carrillo es propietario de una casa de campo de choza que confronta a levante con el camino que entra en los zapateros, a poniente y norte con el llano de dicho sitio.

Tal como describe el legajo, existía ya, a mediados del siglo XVIII, la plaza que delimitaba las únicas construcciones existentes en el lugar, rodeadas de tierras y caminos que determinaban el ruedo de la aldea. Si atendemos a los nombres de los dueños de esos lagares  y tierras, podemos asegurar que todos ellos, y como veremos más adelante, todas las tierras del pago de Zapateros, estaban en manos de la nobleza, burguesía, y clero de Aguilar.

Foto plano de los lagares

Todos los padrones y documentos examinados señalan el fuerte incremento de colonos que experimentaron los pagos de Moriles y Zapateros en ese tiempo, causado fundamentalmente por el  desarrollo agrario que generó la plantación de nuevos viñedos en la zona, hecho que motivó una importante demanda de mano de obra. Esta circunstancia causó también el que se levantasen nuevas construcciones destinadas a la elaboración y almacenamiento del vino y la acogida temporal y permanente de campesinos para trabajar las tierras. Hay que decir que, según el Catastro de Ensenada, a mediados del siglo XVIII el pago de Zapateros se componía de 427 fanegas de tierra, de las cuales 197 eran tierra calma con encinar disperso, 35 de tierra calma, 162 de viñas, 14 de olivar, 16 de monte y 3 de matorral. Todas estas heredades estaban en propiedad de la burguesía aguilarense, característica que compartía también el pago de los Moriles, con mayor extensión de tierras y volumen de ellas destinadas al viñedo. En total 391 fanegas, y un mayor número de moradores, tal como conoceremos a continuación.

El padrón de habitantes que se conformó en el año 1768 delimita por primera vez los vecinos que habitaban en los dos pagos. En total eran 15 las familias que residían en las tierras de Zapateros, y un total de 25 en las de los Moriles. No podemos precisar si entre estos nombres se incluía los de las personas  que habitaban los lagares del LLano de Zapateros, probablemente sí, aunque aún se contabilizasen junto a los que residían en los lagares situados en el pago agrario. Entre los 15 moradores del pago aparece el nombre de uno de los promotores del hecho más trascendente en la evolución del  poblado durante este siglo, como fue el asentamiento definitivo en la aldea, con vivienda propia, de varias de las familias que estaban acogidas en los lagares que cercaban la plazoleta de la ermita. Dicho nombre corresponde al de Fernando de Doblas,  y pudo tratarse del primer exponente de un linaje familiar que, sin duda, protagonizó la historia de la aldea durante la segunda mitad del siglo XVIII y todo el siglo XIX.    

Carta solicitud de terrenos

Consideramos clave este documento para la historia evolutiva del poblado, ya que señala el acto con que se acreditó jurídicamente la permanencia de vecinos en el  asentamiento poblacional del Llano de Zapateros. Se trata de la carta dirigida al Ayuntamiento de Aguilar por   algunos de los moradores que habitaban los cuatro lagares del Llano,  solicitando se les concediese terrenos junto a la plazoleta de Zapateros para levantar casas donde tomar vecindad permanente en el poblado. Textualmente el documento dice:

Joaquín de Doblas, Fernando de Doblas su hermano, José Sánchez, Fernando de Doblas, , Fernando de Doblas el menor, Antonio Cortés, Juan Romero y Patricio de Doblas, vecinos todos de esta villa y residentes en el pago de los Zapateros, término de ella, presupuestos sus debidos respetos a vuestra Señoría, dicen que tienen su residencia en dicho partido sirviendo de caseros en los lagares que están unidos y componen una corta población, la que sin duda se incrementaría mucho si a los suplicantes, según apetece, se les concede permiso para construir casas donde asegurarse residencia, y como quiera que aquel suelo es público concejil, y por ello es peculiar en Vuestra Señoría el contribuir dicha licencia, y que, de ello no sólo no resulta perjuicio a terceros, sino la más estimada común utilidad y especialmente suplen las notorias Reales Ordenanzas pedidas sobre el aumento de poblaciones, por tanto:

Suplican con el mayor rendimiento a vuestra Señoría se sirva mandar que los alarifes concejiles, presupuestos del juramento, declaren cómo fabricar casas no sólo no resulta perjuicio común a particular, sino que antes cede en beneficio público, y como es concejil dicho suelo, y lo mismo en el que están fundados los dichos lagares, y así se la ha de conceder a los suplicantes permiso para construir unas casas morada, consignándosele a cada uno, señalándole el terreno que a los alarifes parezca corresponderle , y finalmente como más sea del agrado de Vuestra Señoría, a quien ciegamente se dimiten pidiéndole a Dios le conceda larga vida….   

Este documento, protocolarizado  en las Acta Capitular del 25 de julio de 1777,  constituye  el punto de inflexión en la historia documental de la aldea, ya que, a través de él, se reafirma la identidad de la incipiente población y se proyecta su desarrollo urbano y poblacional posterior. Tal como recoge el texto, la iniciativa la tomaron un grupo de colonos residentes en los lagares del llano de Zapateros, y como se advierte en el mismo, dicha iniciativa se enmarca en un contexto -histórico –político- concreto, como fue la legislación promulgada por los gobiernos ilustrados de Carlos III para el asentamiento humano en grandes zonas despobladas de Andalucía, que favorecía también la ampliación de los cascos urbanos por los terrenos realengos y concejiles, disposición en la que fundamentaron su solicitud los caseros del poblado. Como  hemos advertido, la supremacía del apellido Doblas en esta iniciativa es evidente  y  acredita la preeminencia que tuvo dicho linaje en el génesis fundacional de la aldea de Zapateros.

La respuesta a la solicitud se produjo pocos días después, y en ella los regidores aguilarenses accedían a los solicitado bajo las condiciones de que el solar que debía ocupar cada casa se había de señalar por uno de los alarifes municipales con la presencia del diputado de obras, Antonio de Aguilar Carmona; y que los solares que se marcasen no excedieran del terreno para que no se impidiera el paso de los lagares; y que las nuevas construcciones se dispusiesen en uniformidad y formando calle; y que si no se construían las casas marcadas o se arruinaban éstas, el suelo permanecería siendo concejil. Por último, las condiciones advierten del cambio jurídico que se derivaría del asentamiento definitivo de estos colonos en Zapateros, ya que pasaban de ser colonos a adquirir el estatus de vecinos de Aguilar, con lo que ello conllevaba de derechos y obligaciones. El acuerdo explicito dice que “ con la cualidad de que dichos vecinos en la expresada población al mismo paso que han de gozar de las exenciones, privilegios, gracias y libertades que corresponden a  los de esta villa, han de estar sujetos a esta jurisdicción y a los pechos , repartimientos, embargos y demás respectivos a los mismos vecinos de la villa.

Además del documento de solicitud y el acuerdo Municipal, el Archivo de Aguilar conserva otro interesantísimo documento relacionado con estos hechos, donde se expresa la alineación que tomó la primera calle que se demarcó en la aldea.

Documento demarcación de la primera calle. 

Según la información que nos ofrece este documento, conocemos que la demarcación de los primeros nueve solares se había concluido ya para el mes de diciembre de 1777. Según relata el escribano, de los solares señalados, cuatro de ellos hacían calle a la parte de poniente,  quedando sus patios al medio día y lindando con el naciente con la capilla de la iglesia que hay en dicho sitio,, y los otros cuatro comenzaban su situación desde la tierra que pertenecía a don Rodrigo de Varo Ñúñez de Prado, que la dividía la servidumbre de cinco varas de ancho que había en aquel sitio  y finalizaban haciendo calle contra la dicha iglesia. Esta primera vía urbana se denominó originariamente como calle Doblas o de los Doblas, atendiendo  posiblemente a la supremacía de este apellido entre sus moradores.

En los años siguientes de este siglo se produjeron otros hitos destacados en la naciente historia de Zapateros, que ponen de relieve la consolidación que supuso para el crecimiento  de la aldea la delimitación de la primera calle. El incremento de residentes en los tres pagos limítrofes como eran Zapateros, Moriles y Pozoblanco, y el comercio de vino que se generó en los mismos, determinó  que las autoridades de Aguilar señalasen a una persona como fiel recaudador de impuestos para estos lugares. El nominado fue Antonio Bergel, vecino de Aguilar y residente en la aldea, quien posteriormente, en el año 1789, seria nombrado también,  guarda de campo de Zapateros y Moriles. Antonio Bergel se convertiría en uno de los personajes más sobresalientes de la aldea en la segunda mitad del siglo XVIII, tal como conoceremos más adelante.

Continuará