Autor Antonio Maestre Ballesteros

CALLE NUEVA                       

La propia nomenclatura evidencia la modernidad temporal que mantuvo esta calle en sus orígenes. Su urbanización se ocasionó durante las primeras décadas del siglo XVI. Franco y Areco recoge el año exacto de su creación y el nombre del personaje que incitó su demarcación. 

Fue fundación de Pedro Rodríguez de Herrera en el año de 1513 y terminaba en lo que fue picadero denominado Cerro del Mesón[1] 

El nacimiento de la calle coincide con el inicio del periodo que se ha dado en denominar Historia Moderna, durante el que se dio una de las etapas de mayor expansión geográfica de Aguilar, consolidándose nuevos arrabales en el extrarradio del casco urbano.

La extensión de la calzada de la calle durante el siglo reseñado debió de ser bastante reducida, ya que a mediados del siguiente contaba solo con veintisiete casas[2]. La condición social de sus vecinos era mayoritariamente de clase proletaria, aunque también se asentaron en ella algunos personajes relevantes de la época como, Diego de la Cruz Madrid, fundador de la capellanía del Señor de la Humildad en la Parroquia del Soterraño; y el escribano de número Francisco García de la Sangre. Durante el siglo XVII tuvo morada en este lugar el hijosdalgo Pedro Fernández del Valle[3].

Probablemente desde su origen -auque se daten los más antiguos en el siglo XVII-, esta zona contó con varios molinos aceiteros que permanecieron activos hasta finales del XX. Este hecho la vincula geográficamente con la zona industrial que determinó la construcción del Molino Grande en el Llano del Mesón a finales del siglo XV. Los primeros indicios de la existencia de molinos en la calle se adivinan en el padrón de habitantes de 1692, al declarar tener el oficio de molinero el primer vecino que aparece habitando la casa número 3. “Juan Hurtado el molinero”[4]. Alude el apunte también al molino que desde ese tiempo, y hasta finales del siglo XX, se conservó en el edificio número 1 de la calle junto al Llanete de Manuel López. Durante el siglo XVIII atravesó diversos periodos de incremento y disminución de vecinos, dependiendo de los ciclos demográficos de la población local. A mediados del periodo  la reducción llegó al extremo de contabilizarse tan solo once vecinos en 1730[5].

En el primer tercio del siglo se documentan noticias referentes a un antiguo barrancal lindante a la calle. El dato se recoge en la solicitud que dirige al Ayuntamiento, en 1725, el presbítero Luís Dávila Ponce de León, solicitando que, para poder fabricar tejas y ladrillos enla Teneríaque tenía en el Arroyo del Aceituno, le diese el Cabildo licencia para sacar tierras del sitio que llamaban del Barrancal. El Cabildo denegó dicha licencia  en base al siguiente argumento: 

Se dijo que respecto de estar informado este Cabildo que haciendo barranqueras en dicho sitio, se le sigue grave perjuicio a las casas de la calle Nueva y las de la calle Molinos, como se ha sabido por experiencia en el año pasado de setecientos y siete, que por ser tierra nada firme, se cayeron diferentes casas y quebrantaron otras, además de que en dicho sitio nunca se ha fabricado teja ni ladrillo[6]. 

El padrón de renta de 1742 revela nuevamente la escasez de recursos económicos de los vecinos de la calle, lo que justifica su bajo estrato social. En total se censaron once personas, destacando entre ellas –“por su supremacía económica”, el cabrero Antonio Madroñero[7].

     Durante la segunda mitad del siglo se habían construido ya los cinco molinos que llegaron a marcar, estética y arquitectónicamente, al conjunto de la calle, manteniendo esta fisonomía en los siglos posteriores. Relacionado con la actividad de molturación y extracción de aceite, se ubicó en este lugar una alpechinera cuya renta se destinaba ala Obra Píade los Santos Lugares de Jerusalén. 

Dos tercias partes de un molino de aceite en la calle Nueva de esta villa, indivisa con doña Juana Catalina  Gutiérrez  vecina de la ciudad de Ecija, que goza la otra tercia parte, confronta con molino de aceite de don Luís Dávila, vecino de la ciudad de Jerez, por una parte, y por la otra con la casilla alpechinera de la Obra Pía de los Santos Lugares de Jerusalén[8]. 

En los años finales de la centuria se contabilizaban dieciséis edificios o casas, aumentando el número en las primeras décadas del siglo XIX hasta las veinte y una que se registraron en 1819[9]. Por el padrón de habitantes de 1821 podemos deducir que el nivel económico de los vecinos se mantuvo entre las capas sociales más bajas, tal como refleja el que la inmensa mayoría de ellos manifestasen tener el oficio de jornaleros, excepto dos que declararon ser, uno mulero y el otro alfarero,  teniendo por nombre el último el de Juan Sánchez[10]. Otro indicador del nivel de riqueza lo constituye el hecho de que la mayoría de vecinos declararon habitar en casas compartidas con varias familias más, llegándose a contabilizar hasta siete en la número 18[11].

 Este mismo documento registra los cinco molinos existentes, situándolos en sus correspondientes números. En el padrón de habitantes de 1823 se apuntaron los nombres de los propietarios o  denominación que recibía cada molino. 

NÚMERO MOLINO
Casa Nº 1 Molino del Rinconcillo
Casa Nº 14 Molino de José Castilla
Casa Nº 24 Molino de Juan María Gordejuela
Casa Nº 25 Molino de Manuel García
Casa Nº 26 Molino de Pedro de Toro

                    AMA. Padrón de Habitantes 1821. Leg. 210. Elaboración Propia 

Varios años después se registró el molino de la casa número 1 -denominado del Rinconcillo-, como propiedad de Tomás Heredia[12]. El número de viviendas y la extensión de la calle durante los años centrales de este siglo se ponen de relieve en el padrón de habitantes de 1860, al especificar las viviendas de cada acera. Según el documento reseñado abarcaban de 1 al 29 y del 2 al 36. Todos los vecinos mantenían la condición de jornaleros, exceptuando a: Juan Sánchez que habitaba en el número 3 y mantenía el oficio de alfarero que heredó de su padre, Manuel Madrigal que era albañil, Francisco de los Reyes que ejercía de guarda, y Lorenzo Martos que era el nuevo alfarero que se había instalado en la casa número 12. En dicho padrón tan sólo se registra con actividad del molino situado en la casa número 36, propiedad de Petronila Heredia[13].

   En las décadas finales del siglo se mantenía inalterable el número de casas y vecinos con respecto a periodos anteriores. En 1870 se contabilizó un censo de treinta y cuatro casas habitadas por doscientas ochenta y cinco personas[14]. Fue a raíz de la delimitación de la ronda del pueblo, en la década de 1880, cuando se produjo un posible crecimiento longitudinal de la calle, al pasar ésta a formar parte de dicha ronda, circunstancia que permitió la demarcación de nuevos solares en el tramo que hacía frontera al antiguo Llano de los Molinos. 

250 pesetas para las obras que han de hacerse a la salida de la calle Nueva al Castillo como parte de la Ronda que ha de hacerse en la población[15] 

Durante el siglo XX el crecimiento se centró fundamentalmente en la zona lindante al Cerro del Piojo. En estos terrenos -libres de edificaciones-, se habían establecido desde siglos atrás muladares y escombreras que el Ayuntamiento mandaba limpiar y recoger periódicamente, ante las denuncias interpuestas por los vecinos. Así ocurrió durante la primera mitad del siglo, años en los que se reiteraban las reclamaciones: 

La S.A. Electrica Industrial Española se dirigió a la alcaldía, interesando se haga desaparecer una escombrera que, contraviniendo cuanto sobre estos extremos se haya dispuesto, se encuentra próxima a la línea de alta tensión, junto a la casilla de la mencionada Sociedad conocida por el “Castillo”[16]

 En las primeras décadas del nuevo siglo se contabilizaban un total de treinta y cinco propietarios de los edificios existentes en la calle.

 

 

NÚMERO DE CASA PROPIETARIO
Nº 1 Manuel Villar Valle
Nº 3 Juan Estrada Carretero
Nº 5 Juan Parlón Martínez
Nº 7 Manuel Alba Galisteo
Nº 9 Josefa Arenas Palma
Nº 11 José Espada Sánchez
Nº 13 José Luque Jiménez
Nº 15 Carmen y Cándida Madrigal Moreno
Nº 17 Sebastiana y Carmen Palma
Nº 19 Manuel Pulido Hierro
Nº 21 Antonio Navarro Sánchez
Nº 23 José María Romero Jiménez y otro
Nº 25 José Miranda Guerra y otro
Nº 27 Antonio Espada Arjona y otros
Nº 29 Antonio Ortiz Espada y otros
Nº 31 Juan y José Jurado García
Nº 33 Herederos de Antonio Sánchez Prieto
Nº 35 Antonio Alberca Conde
Nº 2 Emilio Berlanga Gamuza
Nº 4 Mª Francisca León Rueda
Nº 6 Francisco Luque Aguilar
Nº 8 Andrés López Arenas y hermanos
Nº 10 Dolores Paniagua Melero
Nº 12 José María Sánchez Conde
Nº 14 Juan Antonio León Alhama
Nº 16 José Roldán Reyes
Nº 18 José Mármol
Nº 20 Juan Priego Jiménez
Nº 22 Manuel Parlón Palacios
Nº 24 Francisco Luque Aguilar
Nº 26 Antonio Alhama Gálvez
Nº 28 José Quintero Carretero
Nº 30 Josefa Reina Ríos
Nº 32 Eduardo Calvo-Rubio Cámara
Nº 34 Carmen Cámara Carrillo

                      AMA. Padrón de Edificios y Solares 1928. Leg. 471. Elaboración Propia 

Aunque no lo refleje, podemos señalar que la mayoría de estas personas ejercían de trabajadores agrícolas. También se detectan oficios cómo el de alfarero -en el linaje de los Sánchez-,  que mantenían el asiento en la calle. Por ese tiempo adquirió vecindad José Quintero Cantero, persona que instauró un linaje de pintores que se han proyectado, como vecinos de la calle, hasta la actualidad. En dicho padrón de propietarios aparecen registrados varios apellidos de la oligarquía local como: Cámara, Carrillo, Calvo-Rubio, Berlanga, propietarios o arrendadores de los molinos existentes en la calle.

En la década de 1930 se incrementó del número de casas en la acera de los números pares, tal como refleja los padrones de la época. En 1940 se contabilizaban   cinco edificios sin marcar. La numeración comprendía del 1 al 27 y del 4 al 34, más las cinco casas sin numeración. Prácticamente la totalidad de los vecinos eran obreros agrícolas, exceptuando un grupo de encaladores, entre los que se encontraban: Francisco Jiménez Saavedra, Juan Pavón Caracuel, Francisco Espada Quintero, José Quintero Cantero, y los albañiles Manuel Veredas y Juan Cañadillas Madrigal. El grupo de alfareros lo constituían: José María Sánchez López, su hijo, Manuel Sánchez Leiva, y Lorenzo Rey Gómez[17].

  Para solucionar el problema de las escombreras incontroladas, el Ayuntamiento acordó adquirir, en 1943, la finca denominada Cerro del Piojo, en la que se ubicaban las ruinas del Castillo de Aguilar: 

Se da seguidamente lectura a una proposición del señor Alcalde – Presidente, en virtud de la cual se propone a la Corporación acuerde adquirir la propiedad de una haza de tierra de labor denominada “Cerro del Piojo”, sita junto a las ruinas del castillo, en este término, que linda por el Norte, con tierras de los herederos de doña María Ramírez, con otras de don Pedro Valverde, don Bernardo Gómez y don José Carretero; por el Oeste y Sur, con servidumbre que sale de la calle Nueva a la ermita de San Antón y por el Este con camino nuevo.- su cabida de cuatro fanegas, o sea dos hectáreas, cuarenta y cuatro áreas y ochenta y nueve centiáreas.- comprende además esta finca una fanega, un celemín y dos cuartillos de terreno ocupado por las ruinas del antiguo Castillo de Aguilar, que no tiene aprovechamiento alguno y da a la parte utilizable…..[18].     

 Estos terrenos acogieron durante las décadas siguientes varios Servicios Municipales como: el vertedero de escombros; los dos primeros depósitos de agua con que contó la población -construidos en el Cerro del Castillo-, una de las fuentes públicas que se erigieron para el reparto del agua de los depósitos, varios módulos de micro-escuelas, un bloque de pisos de maestros; y a partir de 1962, el actual recinto ferial:

 Nuestra gran feria ha estrenado nuevo sitio de instalación, debido a que el tradicional ha sido ocupado por las obras que se están realizando, ya muy avanzadas, de la nueva plaza de abastos. El nuevo recinto ferial has sido la explanada de nuestro histórico castillo de Poley[19].  

 Tan solo un cambió de nomenclatura ha sufrido en los cinco siglos de historia transcurridos desde su origen. El 25 de abril de 1975 se tomó el  acuerdo de rotularla con el nombre del autor del Quijote, Miguel de Cervantes Saavedra[20]. Tan sólo por cuatro años mantuvo dicha denominación, ya que en mayo de 1979 la nueva Corporación Municipal -salida de las elecciones democráticas-, acordó reponerle el  primitivo de calle Nueva[21]. Desde ese año y hasta la actualidad ha experimentado una metamorfosis arquitectónica, como consecuencia de haberse dedicado los solares de los antiguos molinos a construcciones de varias plantas o pisos. 

                                            NOMENCLATURAS 

CALLE NUEVA DE LOS MOLINOS: hasta ahora sólo se le conocía el primitivo nombre de calle Nueva, pero la investigación realizada en los protocolos notariales nos ha deparado el hallazgo de numerosos documentos que reflejan la nomenclatura completa que tuvo originariamente, siendo la de calle Nueva de los Molinos: 

….dijo que en el día de la fecha, Germán Rodríguez de Córdoba vecino de esta dicha villa, unas casas en ella, en la calle Nueva de los Molinos, linde con casas de Pedro de Frías y el Licenciado Fernando Muñoz…[22].    

  El adjetivo debió de emplearse para diferenciarla de la cercana calle Molinos que  ya existía con anterioridad. 

 CALLE MIGUEL DE CERVANTES: Miguel de Cervantes Saavedra nació en Alcalá de Henares en 1547 y murió en Madrid en el año 1616. Fue militar y participó, entre otras batallas, en la de Lepanto, donde perdió el uso de su mano izquierda. Estuvo cautivo durante cinco años en Argel. Trabajó como alcabalero y recaudador de contribuciones y sufrió cárcel en dos ocasiones por fraude y por deudas. Su época más floreciente comenzó en 1600 al establecerse en Madrid y publicar sus libros. Entre ellos se encuentran numerosas novelas como:La Galatea; Rinconete y Cortadillo; El Coloquio de los Perros; etc. Pero sin duda, su obra más destacada, y una de las obras cumbres de la literatura universal, es la titulada, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote dela Mancha.                          

[1] FRANCO Y ARECO, J de D. Museo Genealógico …,  p. 19. 

[2] AMA. Padrón de Habitantes 1651, Leg. 208. 

[3] AMA. Padrones de Habitantes 1663 -1690, Leg. 208.

[4] Ibidem. 1692, Leg. 208.

[5] Ibidem. 1730, Leg. 208.

[6] AMA. Acta Capitular 25 junio 1725, Leg. 104.

[7] AMA. Padrón de Renta de 1742, Leg. 1536.

[8] AMA. Catastro de Ensenada – seglares, Leg. 395.

[9] AMA. Padrón de Habitantes 1819, Leg. 209.

[10] Ibidem. 1821, Leg. 210.

[11] Ibid.

[12] Ibidem. 1826, Leg. 210.

[13] Ibidem. 1860, Leg. 220.

[14] Ibidem. 1870, Leg. 223.

[15] AMA. Acta Capitular 24 abril 1882, Leg. 137.

[16] Ibidem. 20 mayo 1940. Leg, 184.

[17] AMA. Padrón de Habitantes 1940, S/C.

[18] AMA. Acta Capitular 15 noviembre 1943, Leg. 185

[19] Biblioteca Municipal de Córdoba (en adelante BMC). Diario Córdoba, 17 agosto 1961 

[20] AMA. Acta Capitular 25 abril 1975, Leg. 151

[21] Ibidem.  25 mayo 1979. Leg, 151

[22] AHPC. Oficio 1, Fernando de Herrera 1612. Sig. 6046