Está situada en el margen izquierdo del arroyo de Jogina, y con este nombre se  denomina, además,  al propio paraje o pago agrario donde se ubica el venero, a un cortijo ya en ruinas, y la propia fuente,  aunque su nombre real sea el de Fuente Nueva. Este acuífero  constituye uno de los elementos naturales más importantes y significativos de la zona, remontándose su antigüedad, como mínimo, al periodo medieval,  ya que aparece registrado en los escritos antiguos, concretamente en el “Libro de Montería” de Alfonso XI.

 Posiblemente existiera una fuente anterior, pudiendo obedecer la actual a una reconstrucción de finales del siglo XIX, lo que justificaría su denominación de Fuente Nueva. Así lo acredita la cartela de piedra que conforma el frontal, en la que  aparece inscrito el año  1899 como fecha de construcción o reconstrucción, así como el nombre de las personas que intervinieron en su realización. Entre los promotores aparecen  Manuel Prieto y Nicolás Osende, y entre los que sufragaron el coste  Rafael Calvo Rubio, y los apellidos de Crespo Aparicio, Albarzuza Trujillo y, Morales y Mena. Con toda probabilidad dichos nombres y apellidos correspondían  a los de los dueños de las fincas y cortijos colindantes, que fueron los principales beneficiaros del uso del agua de la fuente. 

Precisamente la desaparición de los caseros y residentes permanentes y temporales en los cortijos, y la ruina final de éstos, se puede considerar como causa principal que provocó que la fuente fuese abandonada, y desapareciese en la década de 1970.  Casi tres décadas tuvieron que pasar para que la iniciativa de la Agrupación Ecologista Zoña, con su presidente Carmelo Jiménez Soto, junto al compromiso del concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento, Antonio Maestre, y la inestimable ayuda y trabajo desinteresado de Juan Aguilar Lucas, “Zapatones” consiguiran recuperar el venero y reconstruir la fuente, utilizando los elementos antiguos restaurados, la mayoría de ellos donados por Antonio Toro Albalá, en cuya propiedad se encontraban. 

En el año 2000, la recoleta fuente de Jogina iniciaba una nueva etapa histórica, y volvía a llenar de agua los dos caños que regulan el venero. También se construyó un puente de maderas que permite cruzar el arroyo para acceder a una fuente que tiene agua durante todo el año, ya que se abastece de un riquísimo manantial que ha sido localizado durante los trabajos de restauración. Junto a ella discurre una vía pecuaria (Vereda de Jogina) por la que han transitado personas y animales durante gran parte de este siglo. Son muchas, además, las personas que la recuerdan y que han bebido su agua mientras trabajaban en alguno de los cortijos colindantes (Jogina, San Antonio, Doña Mayor, Pajarito o Casilla del Cura).

La fuente ha sufrido el robo de los dos caños de bronce que tenía, y el puente está cada vez más deteriorado, hasta el punto que de no actuarse pronto se podría perder.  

Antonio Maestre Ballesteros