Misterios no revelados en la historia devocional de Santa María de Soterraño (II)

Peregrinaje de ida y vuelta

Continuamos el estudio histórico sobre la devoción e imagen de la Virgen del Soterraño aportando algunas reflexiones sobre los datos conocidos hasta ahora en relación al peregrinaje que tuvo la imagen durante la segunda mitad del siglo XVI y primera década del XVII, con estancia en las ermitas de la Candelaria y San Sebastián, hasta su vuelta al templo Parroquial.

Si partimos del año 1530-1531, posible fecha de invención de la leyenda, y seguimos la temporalidad que explicita Palma Varo en su libro, avalaríamos la hipótesis de que fue en el mismo año del hallazgo cuando pudo acontecer el primer traslado de la imagen hasta la ermita de la Candelaria, ya que el cronista resume el hecho diciendo que: limpia ya la imagen y costeados nuevos vestidos se celebraron grandes fiestas con asistencia de los marqueses, el clero, y cabildo, que concluyeron con el traslado de la Imagen a la ermita de la Candelaria.

Conviniendo que así fuese, podemos apostillar sobre la cuestión que este suceso no debió acaecer con anterioridad al año 1540, fecha en la que los documentos acreditan que se concluyeron las obras de construcción de la citada ermita. Se detecta pues un intervalo de tiempo de una década en la que, si los relatos conocidos son veraces, la imagen debió permanecer en el templo parroquial, lo que pone de relieve la existencia de una laguna histórica para la para la no contamos con ninguna referencia documental que aclare las dudas que plantea el texto de Palma Varo sobre la inmediatez con que dice se produjo este primer traslado.

Según el citado cronista y otros eruditos locales del siglo XX, la Imagen permaneció en la Candelaria hasta que llegó la talla de la nueva realizada para el templo. Palma Varo sugiere, posiblemente reproduciendo el texto que existe en el libro de bautismos, que la imagen continuó algún tiempo más: una vez llegada la nueva imagen de la Virgen de la Candelaria a su ermita, se colocó en un lateral la imagen hallada en la parroquia hasta que se concluyó la construcción de la ermita de San Sebastián, a donde fue traslada con la advocación de Nuestra Señora de Belén.

En este relato se detecta una nueva inexactitud histórica, ya que los documentos antiguos acreditan que la ermita de San Sebastián ya estaba construida en el año 1534, es decir, 6 años antes que se levantara la ermita de la Candelaria, circunstancia que revoca el razonamiento que dan los cronistas del siglo XX sobre la prolongada permanencia en la Candelaria de la Virgen encontrada en la Parroquia. Está perfectamente documentado la fecha en la que pudo llegar la nueva Virgen de la Candelaria a su ermita, ya que el libro de Cuentas de Fábrica de 1554 recoge el gasto realizado por el mayordomo de la cofradía: “descárguensele a dicho mayordomo dieciséis mil ciento sesenta maravedí que le costó la madera, talla dorada, pintado y estofado de la imagen de Nuestra Señora de bulto que ahora nuevamente se hizo para dicha ermita la cual costó veinte y cinco ducados de toda costa”

Como era costumbre, las cuentas en las Visitas Pastorales se presentaban a año cumplido, por lo que el gasto debió de realizarse en el de 1553, posible fecha de la realización de la actual Virgen de la Candelaria, lo que acredita que la virgen encontrada en la Parroquia que pudo llegar a la Candelaria en torno al año 1540, permaneciendo en este templo por un espacio de tiempo igual o superior a 13 años.

Contractadas estas fechas, es razonable pensar que la Imagen de la patrona se llevó a la ermita de San Sebastián a mediados de la década de 1550, y debió permanecer en este templo bajo la advocación de Nuestra Señora de Belén hasta su vuelta a la iglesia Parroquial. La fecha de este último acontecimiento es la más concreta de cuantas se barajan en toda esta historia, al menos como la describe Palma Varo, quien relata en su libro que aconteció el 27 de septiembre del año 1611 con una procesión a la que asistieron los marqueses de Priego, el Cabildo, ordenes religiosas y público en general.

Desconocemos si este dato tan detallado la toma Palma Varo del apunte del libro de bautismo que relata la leyenda de la imagen, o de otro lugar. Nosotros hemos encontrado el relato reflejado también en una hojilla parroquial de la década de 1950, en la que un anónimo autor, posiblemente también siguiendo con exactitud lo escrito en el libro de bautismos, dice que: la virgen permaneció en la ermita de San Sebastián hasta 1610, cuando los vecinos de esta villa haciendo memoria de estos sucesos dieron quejas al obispo y averiguando lo sucedido por noticias y memorias de padres a hijos mandó que se colocase por patrona y titular de la Parroquia de esta villa, con título del Soterraño, respecto de haberla descubierto en un sótano.

Fuese en 1610 o 1611, sí parece probado que se promovió el traslado en ese tiempo, ya que las Cuentas de Fábrica de 1611-1612 registran los gastos que se realizaron para abrir el tabernáculo en el altar mayor de la Parroquia, donde se colocó la imagen en su vuelta al templo desde donde partió medio siglo antes, así como los gastos producidos por el coste de los nuevos vestidos que se hicieron, todo ello sufragado por el clero parroquial.

Llegados a este punto, debemos ponderar nuevamente que ningún dato ni noticia sobre los hechos del hallazgo y periplo de traslados, así como de la vuelta a la iglesia parroquial de la imagen, recoge o refleja en su libro manuscrito del escribano Juan de Dios Franco y Areco, lo que confiere dudas razonables sobre la total veracidad o exactitud de estos relatos que estudiamos, que como queda reflejado en este artículo y en el anterior, presentan grandes imprecisiones si se le aplica el rigor histórico.

Para concluir, debemos reseñar las espaciales circunstancias que se dieron en Aguilar en los años 1610 a 1612, tiempo en el que afligió la población una de las pestilencias más crueles de las soportadas en su historia, con gran mortandad e incidencia en los barrios de San Antón y San Sebastián que llegaron a desaparecer físicamente. Años en los que tiene su origen también la leyenda milagrosa del Cristo de la Salud, que sí recoge en su libro Franco y Areco. Esta cuestión no plantea la duda de que finalmente los motivos de la pestilencia pudiesen haber determinado también el traslado de la imagen de la Virgen a su templo originario

Antonio Maestre Ballesteros