Poco antes de la Guerra Civil, un joven, listo y emprendedor farmacéutico, nacido en Aguilar, en 1903, y tras estudiar en Granada la carrera, abrió una botica en su pueblo. Se llamaba Diego Pérez Giménez. La contribución a la vida saludable de los ciudadanos desde Pérez Giménez, se inicia a finales de los años 30 en Aguilar de la Frontera (Córdoba), fruto de la iniciativa empresarial y personal del farmacéutico aguilarense.

En unaa época de escasos recursos económicos y sanitarios, Diego Pérez Giménez logró desarrollar una incipiente farmacopea, dirigida a aliviar las dolencias más comunes, consiguiendo muy pronto una gran penetración de mercado. Hoy aquellos productos y otros muchos, comercializados a lo largo de seis décadas, conforman uno de los más sólidos y completos portafolios de Especialidades Farmacéuticas Publicitarias (EFP´s) de la industria farmacéutica española.

Su espíritu inventor y comercial le llevaron a crear, durante la contienda civil española y en la posguerra, en su botica que iba ampliando y transformando, productos que se hicieron muy conocidos. Como el linimento “Masagil” gran competidor del linimento Sloan (el de los bigotes) y el licor dental “Dentol”. Asimismo un jabón para la sarna, dermatosis generalizada en la época, y un aceite para piojos y ladillas, parásitos ambos con los que habitualmente se convivía entonces, y que con solo su evocación ya dan ganas de rascarse.

La nueva compañía y sus productos eran ya un referente en Andalucia a mediados del siglo XX, logrando en 1954 dar un salto que le permitió convertirse en una empresa de implantación nacional con el desarrollo y comercialización desus medicamenteos más conocidos.

Para Don Diego era un hábito cotidiano pasear por la Plaza Octogonal, junto a su hermano el doctor Don Olegario, que era el verdaderamente estudioso, aunque la fama se la llevaba el boticario, más extrovertido y expresivo. Como colofón de su ingenio tuvo la gran idea de fabricar un producto analgésico nacional a base de ácido acetilsalicílico. En 1950 nacía su famoso Calmante Vitaminado, al que a los componentes habituales en otros fármacos de su época de AAS (Aspirina) 500 miligramos y Cafeína 50 miligramos tuvo el acierto de añadirle 2 miligramos de vitamina B1. Diego Pérez Jiménez llevaba el marketing en su sangre, lo que se denomina publicidad y a lo que él y sus semejantes llamaban “propaganda”. 

En 1974  Pérez Giménez se asoció con Rumasa al cincuenta por ciento. Diez años más tarde trasladó a la ciudad de Córdoba el laboratorio de Aguilar, que modernizó. La empresa fue expropiada por el Estado en 1983, como todo el holding de José María Ruiz Mateos y al año siguiente fue recuperada de nuevo por su fundador. Diego Pérez Jiménez se mantuvo unido al pueblo que le vio nacer durante toda la vida, fidelidad que mantuvo hasta los últimos años en los que por su avanzada edad y enfermedad se trasladó algún tiempo a la capital de la provincia, donde murió en el año 1991 a los 88 de dad.