Autor: Antonio Maestre Ballesteros

Misterios no revelados en la historia devocional de Santa María del Soterraño (IV)

Cronología de la Imagen  

Concluimos la serie de artículos dedicados a la historia devocional de la Patrona, afrontando un nuevo enigma, en esta ocasión, relacionado con el origen y antigüedad de la imagen y las transformaciones que ha sufrido a lo largo de los siglos, hasta forjarse tal como hoy la conocemos.

Ningún dato o noticia revelados sirve de base para situar el año o siglo de realización de esta escultura mariana, refiriéndose solo el año 1530 como fecha en la que se emplaza su hallazgo. Tampoco sería fiable el estudio estilístico que pudiésemos realizar, ya que, como veremos más adelante, muy poco conserva la imagen de sus elementos originales. Aún con estas premisas, profundizaremos en el tema valiéndonos de algunas hipótesis que aventuraremos después de analizar la trayectoria histórica del icono.

Descartamos de antemano el año 852, referido por Palma Varo en su libro, como posible fecha de existencia ya de esta imagen, y nos parece poco fiable vincular su ocultación con la destrucción del templo Casienista que, según la leyenda, existió en Aguilar en ese tiempo. También se ha querido remontar el principio de esta devoción al siglo XIII, haciéndola coincidir con la construcción del templo originario dedicado a Santa María, que levantó el primer Señor de la Casa de Aguilar, Don Gonzalo Yañez Dovinal, tras serle otorgado el señorío de la villa por el Rey Alfonso X el Sabio en el año 1257.

También esta fecha resulta bastante remota para la tipología que pudo presentar la Patrona originariamente, ya que en ese tiempo se desarrolló en las artes el denominado estilo Gótico, al que se vincularon las imágenes marianas ejecutadas en los siglos XIII y XIV en Córdoba, tratándose a tallas labradas en madera policromada, de estilo gótico arcaico, constituyendo el modelo mariano más antiguo de la diócesis.

Con los pocos rasgos identificables en la imagen actual, creemos más acertado señalar como posible fecha de su creación la segunda mitad del siglo XV, y enmarcarlo en un hecho histórico de gran transcendía en el patrimonio religioso de Aguilar, como fue la reconstrucción o remodelación que, durante la regencia de Don Alonso de Aguilar en la Casa señorial, se produjo en del viejo templo o parroquia mayor de la Villa.

Según algunos eruditos, fue a partir de esta reconstrucción del templo, a finales del siglo XV, cuando éste adquirió la advocación de Santa María de la Mota, y que duda cabe, que debió de labrarse una imagen de la Virgen que acogiese dicho título, y presidiese el nuevo retablo mayor el templo, alzado también en ese periodo histórico. Sería pues admisible la hipótesis de que la talla o imagen de la Santa María de la Mota, correspondiese a la misma que se ocultó, por razones desconocidas, y fue encontrada durante las obras de 1530.

Los datos o noticias que aporta Palma Varo sobre el hallazgo de la imagen, compendia los elementos que adornaban la escultura, señalando que ésta se engalanaba con un vestido de seda descolorido. Por su parte, el texto que recoge el mismo relato en la Hojilla Parroquial de la década de 1950, cuya autoría adscribimos al entonces cronista de la ciudad, José Varo de Castro, nada indica de que la imagen pudiese portar elementos superpuestos, como vestidos, sayas, etc. Por dilucidar algo la cuestión, indicamos que no era propio del primer tercio del siglo XVI colocar accesorios a imágenes de talla completa, moda que se erige en los años finales de esa centuria y durante los siglos XVII y XVIII.

También señala Palma Varo que en el año 1611, cuando la imagen vuelve al templo parroquial, se le hizo un vestido nuevo. La crónica de la Hojilla Parroquial nada dice al respecto tampoco, pero aún así, esa fecha si es asumible para que la imagen pudiese ostentar dicho aditamento, entendiendo que éste se colocase sin alterar las formas originales de la escultura, que debía permanecer en su estado primitivo.

La primera mutación de la talla pudo ejecutarse, y así lo indican las crónicas, en torno al año 1729-30, fecha en la que se remplazó el antiguo retablo mayor de la Parroquia por el actual, sufriendo la imagen de la virgen que lo presidía la misma metamorfosis estilística de adecuación a la estética Barroca, enunciada en el nuevo retablo, e imperante en el arte suntuario en España desde mediados del siglo XVII.

A esta moda sucumbieron la mayoría de las imágenes antiguas -góticas o renacentistas-, a las que se les añadieron postizos como: ojos de cristal, pelo natural, vestimentas de tela, etc. Para ello se les dotó de nuevos cuerpos o candeleros que permitían la mejor adecuación de las telas, se suprimieron los cabellos tallados, y se alteraron las mascarillas originales para colocar los ojos vidriados. En este proceso se renovaron también las manos antiguas, ya que éstas sujetaban generalmente la imagen del niño Jesús que casi todas portaban. Muchas de las Vírgenes góticas perdieron también la posición sedente que tenían, apareciendo erguidas para mejor colocar las sayas y mantos de tela que las cubría.

Según las crónicas, podemos deducir que la Virgen del Soterraño sucumbió a este proceso, por el cual se le sustituyó el cuerpo tallado por uno nuevo de candelero, se le cambió la cara (mascarilla), por una nueva con ojos de cristal, pestañas, pelo natural, etc. , Así lo refleja la crónica que recoge la Hojilla Parroquial de mediados del siglo XX:

El rostro de la imagen hallada fue sustituido por otro de mayores dimensiones, que tenía ojos de cristal y encarnación natural pero sin arte ni expresión alguna. No consta el año en que hicieron tan lamentable sustitución, pero debió suceder esto a mediado o último del siglo diez y ocho, dado al poco estilo y falta de detalles que se observan en él. El rostro con que fue hallada la Sagrada Imagen de Nuestra Señora lo colocaron en la misma, debajo de la cintura, en la parte de delante, en una cavidad hecha para custodiarlo.

La formula empleada, parece ser que no alteró el rostrillo originario, siendo sustituido íntegramente por el nuevo con los ojos de cristal, hecho que permitió conservar el antiguo, tal como indica el apunte, guardado en la misma imagen. No hace referencia este escrito a la imagen del niño Jesús primitivo. Tampoco hace referencia a que fuesen sustituidas las manos de la Virgen. La carencia de datos respecto a estas dos cuestiones, nos induce a creer que la efigie podría haber sufrido ya una alteración anterior, quizás a finales del siglo XVI o principios del XVII, en la que se le colocaron las manos que actualmente tiene, que responden estilísticamente a ese periodo histórico, y que pudo motivar que se le incorporara un niño Jesús nuevo, que sería el que mantenía en el siglo XVIII, tal como atestiguan algunos inventarios de la Parroquia, en los que se constata las vestimentas pertenecientes al Divino Infante de la virgen del Soterraño. Posteriormente, y en unas fechas que no hemos podido determinar, se suprimió definitivamente la imagen de este niño Jesús.

Desde mediados del siglo XVIII, hasta principios del XX, la Patrona debió presentarse tal como quedó tras la transformación antes relatada, o con alguna restauración de menor enjundia que no está documentada. Conocemos como era, por documentos gráficos conservados, fechados en 1911, el rostrillo que portó la Virgen del Soterraño desde mediados del siglo XVIII. También está relatado en el apunte de la Hojilla Parroquial cómo, cuando, y quienes, fueron los protagonistas de la sustitución del rostrillo Barroco por el primitivo que custodiaba la imagen en su cuerpo:

allí estuvo hasta el año 1918 en el que por indicación del licenciado D. Epifanio Jiménez y Serrano. Arcipreste. Rector y cura Propio de esta parroquia y gestión del Presbítero D. Antonio Galisteo Jiménez fue puesto a la imagen de Nuestra Señora el primitivo y verdadero rostro conque fue enterrada y hallada, los cuales aseguran ser el mismo sin haber sufrido alteración, modificación ni restauración ninguna.

Revelado el año 1918 como fecha de recuperación del rostrillo o mascarilla original, y los nombres de los dos curas artífices y promotores de tal hecho, merece destacarse también el que éstos subrayasen, quizás para resaltar el valor arqueológico o histórico de la cuestión, que se trataba del rostrillo original sin haber sido modificado ni restaurado.

Como documento testimonial existen una fotografía fechada en esos años, en las que se muestra a la imagen tras serle repuesto el rostrillo antiguo, y otra en la que se dispuso a la Patrona portando el niño Jesús de la Virgen del Rosario, rememorando así el simulacro de iconografía que pudo presentar la imagen en siglos anteriores, en los que Ésta portaba también un niño Jesús, hecho del que debían ser conocedores los dos ilustrados personajes.

Desde el año 1918 hasta nuestros días, la Virgen del Soterraño ha experimentado varias alteraciones del rostrillo. Tenemos constancia testimonial y gráfica de la que le realizó el sacerdote montillano, D. Cristóbal Gómez, a mediados de la década de 1980, consistente en el repinte con encarnación morena de rostro y ojos de la imagen. En el año 1995 fue sometida nuevamente a una restauración, a cargo del imaginero cordobés, Miguel Arjona, en la que, según prueba las instantáneas tomadas durante el proceso restaurador, se retiró el repinte aplicado por Cristóbal Gómez, rescatando algunos conceptos originales de la talla, fundamentalmente el color azulado de los ojos, lo que le otorga el aspecto goticista que tuvo originariamente. Según las fotografías conservadas de la restauración, que no mostramos por indicación de la actual directiva de la cofradía, Miguel Arjona fue bastante fidedigno a la hora de rescatar la tipología de los ojos primitivos, aunque no obró de igual forma con la encarnadura originaria, ya que, no sabemos si porque no era recuperable la primitiva, le fue aplicada una nueva al rostrillo.

Foto 1: Se trata de Santa María del Subterráneo, de la iglesia de San Nicolás de Sevilla, cuya advocación coincide con la de la patrona de Aguilar, al derivarse de haberse encontrado también oculta en un subterráneo o sótano del templo. Se trata de una imagen del siglo XV con la que pudo guardar bastante similitud la talla originaria de la Patrona de Aguilar.

Foto 2: Fotografía fechada en el año 1911, en al que se evidencia el aspecto que tenía el rostrillo que se le colocó a la Imagen en el siglo XVIII.

Foto 3: Este aspecto presentaba la Virgen en la década de 1920, tras serle repuesto el rostrillo original.

Foto 4: Fotografía de la década de 1920 con el simulacro de la colocación del niño Jesús de la Virgen del Rosario.

Foto 5: Fotografía tomada tras la restauración del sacerdote D. Cristóbal Gómez.

Foto 6: Foto actual dela imagen tras la restauración de Miguel Arjona

I

 

 

.