Autor: Antonio Maestre Ballesteros

La primera medalla del Municipio.

Fue durante los meses últimos de la regencia del General Espartero, en el año 1843, cuando pudo ejecutarse la primera medalla corporativa que distinguía a los cargos concejiles de Aguilar. Así se desprende de la documentación que vamos a mostrar a través de este pequeño trabajo de investigación. Si nos atenemos a los datos recabados, fue el día 7 de noviembre de ese año cuando el Cabildo concretó y acordó la forma y signos que tendría la primera medalla Municipal.

La encomienda para que los pueblos contasen con una heráldica que distinguiese a las personas que ostentaban cargos de regidores, y a la vez identificasen al propio Municipio con respecto a los demás, partió del Ministerio de Gobernación, quien en el mes de septiembre de 1843 se dirigió a los Jefes Políticos provinciales indicándoles la propuesta, quienes a su vez remitieron la instancia a todos los pueblos.

La tardanza del Ayuntamiento de Aguilar en dar cumplida respuesta a la circular gubernativa, obligó al remitente a demandar a los ediles aguilarenses la exigencia de responder a su instancia. La carta se recogía en los siguientes términos:

El Excelentísimo Sr. Ministro de la Gobernación de la península en 15 de septiembre anterior me comunica la orden del Gobierno provisional que copio:

La conveniencia pública exige que los individuos de los Ayuntamientos de todas las poblaciones tengan un distintivo que no solo aumente su prestigio si no que en casos dados sirva para que los ciudadanos conozcan a las Autoridades locales y puedan prestarles sin vacilaciones los auxilios y la Cooperación que les demanden = Dos razones muy poderosas existen para que este distintivo sea el mismo en todas las poblaciones; una que por la Ley son iguales todos los Ayuntamientos y otra que únicamente así podrá ser conocidos no solo de los vecinos de cada pueblo sino también de los forasteros = pero el Gobierno Provisional antes de introducir novedad que en algunos supuestos pueda afectar a costumbres antiguas y acaso privilegios respetables, quiere que V. S. remitan a este Ministerio a la mayor brevedad posible una noticia de los distintivos que en el día usan los Ayuntamientos de esa provincia con expresión de su origen y de cuanto contribuya a formar una idea de su procedencia = Es al propio tiempo la voluntad del Gobierno Provisional que V.S. oyendo del parecer de esa Diputación y de los Ayuntamientos de las principales poblaciones, proponga el distintivo que considere más a propósito, teniendo en cuanta que ha de ser general par toda la Nación y que ha de reunir las circunstancias de sencillez, baratura y elegancia.

Lo que traslado a V.V. para que se sirva proponerme el distintivo que crea conveniente debiendo tener presente que reúna las circunstancias que expresa la resolución superior.

Esta carta, firmada por José Melchor Prat, Jefe Político de Córdoba, debió llegar a nuestro pueblo en torno al día 7-8 de octubre, tal como refleja una nueva misiva remitida pocos días después desde Córdoba, apremiando las noticias que no llegaban desde Aguilar.

En 6 del actual trasladé a V.V. una orden del Gobierno Provisional de la Nación de 15 de septiembre anterior para que emitieran su parecer a cerca del distintivo que ha de usar los concejales y no habiendo V. V. contestado espero que lo hagan inmediatamente sin necesidad de más recuerdo – Córdoba 25 de octubre de 1943.

Ante el ultimátum, el Pleno Municipal abordaría la cuestión en la Sesión Extraordinaria que celebró el día 17 de noviembre, determinándose en la misma el diseño de la primera medalla de la Corporación Municipal de la que tenemos constancia. El Acta redactada por el secretario de la Corporación, refleja de forma detallada los caracteres que debía reunir el nuevo elemento que distinguiese a los ediles de Aguilar de la Frontera:

Se dio cuenta de un oficio que dirige a esta Corporación el Señor Jefe superior Político de esta provincia en el mes último en el que inserta una Real Orden relativa a que los individuos de Ayuntamiento tengan un distintivo para que conozcan los vecinos de los pueblos a los concejales y que esta Corporación proponga el que crea más conveniente con lo demás que expresa, acuerda: se manifieste a dicho señor que el distintivo más sencillo, decoroso y efectivo que en su concepto debe adoptarse para los concejales es una medalla de plata con las armas del pueblo en el anverso, de tamaño de medio duro y de hoja delgada, pendiente de una cinta de seda de nueve líneas de ancho y la bastante longitud para llevarla al cuello, y cuyos colores sean iguales a los de la nueva escarapela nacional, distinguiéndose los alcaldes en que la dicha medalla sea de plata sobredorada y dos líneas mayor que la de los regidores y síndicos, y que para evitar que los concejales comidieren el gasto de este distintivo como un gravamen más de los que trae consigo el empleo, y se retraigan de hacerlo efectivo, especialmente en los pueblos subalternos, es de opinión este Ayuntamiento que sea más conveniente para la uniformidad de aquel y precisión de usarle que su costo fuese abonado del fondo de Propios con cargo al Presupuesto Municipal, siendo responsables los expresados concejales a su conservación durante el tiempo que lo sean y entregando cada uno el suyo a su sucesor en el acto de darle posesión y haciéndolo así constar en la diligencia de ella.

El texto no deja dudas sobre el formato y material en que debía realizarse el emblema, detallando incluso el tamaño del lazo y colores que debía contener, con clara referencia a la nueva enseña nacional que se había sancionado ese mismo año de 1843, consolidando el pabellón con los colores rojo y gualda que promulgara Carlos III en 1785. Además se constata el elemento diferenciador que debía tener, en tamaño y color, la medalla del Alcalde.

También compendia el acta cómo y quien adquiriría la presea, y cómo se traspasaría entre los concejales entrantes y salientes. La única incógnita que se nos plantea para comprender con exactitud cómo fue esa primera medalla, es conocer que escudo figuraría en el reverso de la misma. El Acta determina que debía ser las Armas de la Villa, pero no podemos precisar con exactitud cuáles fueron concretamente, ya que no se conserva ningún ejemplar, si es que se llegaron a realizar.

Probablemente hasta principios del siglo XIX, y más concretamente hasta el año 1806, en el que produce la derogación de los marquesados, permitiendo que las antiguas villas se viesen libres de los Señoríos feudales, la de Aguilar debió utilizar las armas del Marques de Priego como heráldica, creándose las propiamente Municipales a principios del siglo XIX. El escudo Municipal más primitivo que conocemos corresponde al que se sitúa en el frontispicio del Ayuntamiento, fechable en el tiempo que se levantó la Casa Consistorial y la propia plaza de Plaza San José, en torno al año 1810-1813.

El rastreo realizado en los legajos del Archivo Municipal reproducen ese escudo como sello Municipal más antiguo, lo que induce a creer, mientras no se demuestre otra cosa, que la herádica que debió aparecer en la primera Insignia Municipal coincidiría con la de la fachada del Ayuntamiento. Este escudo se de ha dado en conocer como “el afrancesado”, por haberse ejecutado durante el periodo de la dominación Napoleónica y contener en su campo una estrella de ocho puntas y cuatro flores de Lis, elementos que se identifican con la monarquía francesa. Algunos estudiosos mantienen que nada tiene que ver esa vinculación, y que algún día se aclarará el origen y significación de dichos elementos.