Rafael Calero Palma

Vosotros erais sagrados.

Vosotros que nacisteis del dolor,

que crecisteis con hambre de justicia.

Vosotros que creísteis en un mundo nuevo,

y desechasteis las palabras amargas. 

Pero los lobos hambrientos de la infamia

os atacaron cuando os vieron indefensos.  

Vosotros erais sagrados.

Vosotros que teníais padres y madres

que os amaban más que a sus propias vidas.

Vosotros que teníais hijos e hijas que os necesitaban

como se necesita para vivir el pan o la risa. 

Pero los perros negros de la noche

os desgarraron el corazón con sus colmillos miserables. 

Vosotros erais sagrados. 

Vosotros, que anduvisteis por senderos frágiles 

y cultivasteis la tierra con vuestras manos.

Vosotros, que segasteis el trigo

para compartirlo con vuestros hermanos. 

Pero las ratas de la afrenta se acercaron

y comieron de las cuencas cálidas de vuestros ojos. 

Vosotros erais sagrados. 

Vosotros, que deshicisteis las ataduras

y os empapasteis con la luz de la mañana.

Vosotros que bebisteis en manantiales de agua clara

y ansiasteis el aroma del jazmín y la rosa.

 

Pero los alacranes de la injuria

os cercaron con sus afilados aguijones de plomo. 

Vosotros erais sagrados. 

Vosotros que teníais la piel surcada de deseos

y la mirada cabal de las personas buenas.

Vosotros, que amasteis en noches de verano

y os adentrasteis por bosques azules. 

Pero las hienas de la calumnia

lamieron la sangre derramada. 

Y los lobos

y los perros

y las ratas

y los alacranes

y las hienas

os robaron la vida. 

A vosotros, que erais sagrados.