Antonio Maestre Balleteros

El Casino Aguilarense: origen y fundadores

Conocido popularmente como el “Casino de los Señores”, en contraposición al denominado de la Amistad, regentado por labradores y artesanos, esta institución asociativa remonta sus orígenes al año 1846, y más concretamente al mes de junio de dicho año, fecha en la que se documenta el expediente administrativo que generó su fundación con las diversas circulares y autorizaciones producidas entre la Autoridades locales y provinciales.

Si contextualizamos el periodo histórico al que nos remite los hechos que vamos a dar a conocer, debemos precisar que trascurren durante el reinado de Isabel II, y más concretamente en el periodo que abarca desde 1844 a 1854, denominado como “la década Moderada”, y que se inició el 4 de mayo de 1844, con el Gobierno del General Narváez.

Durante este periodo de relativa estabilidad, los denominados Moderados tratan de dar un vuelco a los avances en las libertades de la Regencia de Espartero, imponiendo una nueva ley Municipal (8 de enero de 1845) con sufragio directo censitario y reforzando el centralismo y dictando una nueva Constitución, la de 1845, que regresará al modelo de soberanía compartida entre el Rey y las Cortes y reforzó los poderes de la Corona.

La división del Partido Moderado fue evidente desde los primeros momentos y eso coadyuvó a la inestabilidad final que provocó más tarde el cese de Narváez el 11 de febrero de 1846, asociado al conflictivo negocio matrimonial que se pactaba para la Reina. En efecto, ésta se casará en dicho año con Francisco de Asís de Borbón, primo suyo, el 10 de octubre.

El gobierno de Francisco Javier de Istúriz consiguió mantenerse hasta el 28 de enero de 1847, cuando un pulso por el control de las Cortes con Mendizábal y Olózaga, de retorno ya del destierro tras la personal autorización de la Reina, le obligó a dimitir. De enero a octubre de ese año se sucedieron tres gobiernos sin rumbo mientras los Carlistas seguían creando problemas, al tiempo que algunos emigrados españoles volvían del exilio con la esperanza de ver un Régimen Liberal instaurado en España.

Las fundación del Casino Aguilarense se produce pues en el contexto político descrito: periodo constitucional y de gobierno de Istúriz, con claro asentamiento de los postulados moderados o conservadores frente a los liberales, circunstancia que, sin duda, motivó la creación de la nueva entidad asociativa en nuestro pueblo, ya que tras la misma subyacía una ideología concreta, derivada de las tendencias políticas que compartían el núcleo de personas que promovieron la creación del Casino.

El conato de fundación debió gestarse en el mes de junio de 1846, ya que el día 27 quedaron elaborados los estatutos por los que debía regirse la nueva asociación, y cuya aprobación debía ser refrendada en última instancia por el Jefe Político provincial. Éste remitió al alcalde de Aguilar el 10 de junio de 1846 una circular en los siguientes términos:

Varios propietarios hacendados y vecino de esa villa han acudido a mi autoridad en solicitud de que se le conceda permiso para establecer un casino o casa de recreo en el sitio de la plaza de la Coronada de la misma, con el solo objeto de reunirse a descansar de sus trabajos domésticos; y antes de resolver lo conveniente sobre el particular he creído oportuno oír a usted para que me informe lo que se le ofrezca y parezca.

La circular está firmada por Javier Canectany, que ocupaba la jefatura política provincial en ese año. Dos días después, el 12 de junio, se fecha la misiva que mandó el alcalde de Aguilar en respuesta a la recibida de la Autoridad provincial. En ella el edil aguilarense da el visto bueno al proyecto, aunque condicionado a dos cuestiones concretas, y con cierto recelo por otras experiencias similares que parece ser no habían sido satisfactorias.

No sería yo amante de las instituciones que nos rigen, si inclinase el ánimo que V. I. a que negara la solicitud de que hace referencia su comunicación de lo del actual para establecer en la plaza de la Coronada de esta población un casino, o casa de recreo. En un país regido por el Gobierno representativo nada es más justo, laudable y de feliz resultados por la propagación de las leyes que la reunión de los hombres en sociedades públicas donde, guardando los miramientos debidos, y observando el decoro, y orden tan necesarios al mantenimiento de la pública tranquilidad, promuevan y diluciden cuestiones de intereses locales o generales, a la vez que descansan de los cuidados que produce el cumplimiento de sus respectiva obligaciones. Más para que de estas reuniones no ofrezcan su resultado contrario, es preciso que antes de constituirse de sus garantías de orden a la autoridad, puesto que no se trata de un café ni otro establecimiento público cuyo dueño, y se sabe es el único responsable.

Conciliando pues mi opinión favorable al establecimiento de un casino o casa de ¿puro? A inocente desahogo de que ofrezcan a la autoridad garantías de orden, comprendo que no puede haber inconveniente en que V.I. se sirva acceder a dicha pretensión bajo dos condiciones esenciales: Iª que cuatro o seis de los hacendados propietarios que designe V.I. se constituyen desde luego personalmente responsables para el caso en que no se lleve religiosamente el objeto con que se ha pedido el indicado permiso, 2ª que al abrirse el casino se entregue a la autoridad local nota individual de los socios, y una declaración de si se admiten o no a otra clase de personas.

La importancia de ambas condiciones sobradamente conocerá V.I , como que sin su estricta observancia tenga por seguro que se desvirtuará el objeto de la repetida solicitud, según que aconteció en otra ocasión análoga. Es cuanto puedo manifestar a V. I. cumpliendo con lo que se sirve ordenar en su citada comunicación del 10 de corriente.

El día 16 se firma en Córdoba la respuesta la autorización definitiva del Jefe Político provincial, quien abunda en las recomendaciones hechas por el alcalde para que se produjese la erección de la entidad en la forma sugerida por la máxima Autoridad local:

Atendiendo a la exposición que me ha sido dirigida por don Federico Abango y otros muchos vecinos de esa población en solicitud de que se le conceda autorización para establecer un casino dedicado a recreos lícitos, y en vista por lo informado por V.S. sobre el particular, he resuelto acceder desde luego a dicha petición, facultando a los referidos sujetos a la instalación de este establecimiento con la precisa condición de que han de constituirse como sus representantes y responsables del cumplimiento de las reglas de policía a que debe estar sujeto y de las que prefije el reglamento que ha de formarse, don Federico Abango, por quien se me ha presentado la instancia y D. Agustín Martín Maldonado, D. Antonio María Martín, D. Rodrigo de Varo y D. Joaquín del Castillo y Melgar.

Así mismo he juzgado conveniente establecer como base de esta concesión que se flanquee a la Autoridad local una lista nominal de los socios que se hallen inscritos y que se inscribiesen en lo sucesivo, y por último que sin demora se forme por los socios el oportuno reglamento que ha de servir para el régimen interior del casino, remitiéndolo a mi Autoridad para que recaiga la competente aprobación o sufra las modificaciones que convenga.

Este texto nos pone de relieve los nombres de los personajes o personas que sustentaron la iniciativa, y entre ellos, el de Federico Fernández Abango, que sin duda parece el más destacado en este proyecto. Atendiendo a las recomendaciones de la Autoridad provincial, el alcalde exigió de los miembros que constituyeron la primera Directiva una declaración jurada de aceptación del cargo. Entre las personas que realizaron tal trámite, se encuentra Federico Fernández Abango, quien pudo ser el primer presidente del Casino:

En contestación al escrito de V. S., fecha de hoy, debo manifestarle que acepto y tengo aceptado el cargo que el Señor Jefe Superior Político de la provincia me confiere para el establecimiento del Casino con todas sus consecuencias y bajo delas condiciones que su señoría marca, como asó lo acredita el hecho de haberme presentado personalmente a V.S. a reclamar su pronto cumplimiento conservando sin (¿?) enterar de su contenido a los demás socios como lo hago con el del Señor Jefe Superior.

También se conformaron los primeros estatutos de la entidad, y el listado de los socios con los que se constituyó la misma:

Lista nominal de los socios que se hayan inscritos

Joaquín del Castillo, Rodrigo de Varo, Antonio María Martín, Agustín Maldonado, Federico Fernández Abango, Bartolomé Calvo, Antonio Doñamayor, Rafael león, José Morales, Pedro Gutiérrez, Manuel Gutiérrez, Francisco Arenas, Rafael Píres, Antonio Carretero, Antonio Rafael Ramírez, Pedro Valverde, Antonio Castillo, Mariano Moreno, Sebastián Melero, Miguel ¿Wlediamarca?, Francisco Jiménez, Presbítero, Antonio María Melero, Alejandro Jiménez, Francisco Calvo, Juan Figueroa, José Jiménez, Manuel Jiménez, José Cauqui, José Joaquín Tablada, Francisco Tablada, José Gutiérrez, Rafael Moreno, Juan Carrillo Varo, Rufino Rodríguez, Eugenio Lozano, José Lozano, Juan de Dios Franco, Gonzalo Píres, Antonio Jordán, Manuel del Castillo, Vicente Nuflo, Francisco Cámara y Pedro Toro.

Un total de 43 personas conformaron la primera nómina de socios del Casino, observándose entre ellos los apellidos de las familias más pudientes y distinguidas de la localidad, lo que ratifica la vinculación ideológica y clasista que tuvo esta entidad desde su origen. También se presentaron y fueron aprobados los estatutos o reglamento de la asociación.

Solventados todos los trámites burocráticos, los promotores de la idea afrontaron una de las primeras cuestiones a resolver para poder instalar el casino, como era el contar con un local adecuado. Con tal fin recurren de nuevo a la Autoridad local con la pretensión de que le cediese un local de propiedad Municipal situado en la Plaza de las Coronadas. La solicitud se fecha el 19 de junio de 1846, firmada por Federico Fernández Abango en estos términos:

Autorizado por el SR. jefe Político de esta provincia para el establecimiento de un casino en esta villa, según su orden de 16 del corriente, de lo que ya tiene VS conocimiento, necesitamos, tanto yo como los demás individuos comisionados, del local desocupado de la casilla, que es el pedido en la exposición que motiva la gracia concedida, para desde luego ocuparnos de sus instalación, formación del reglamento y demás que en ella se previniere, en su consecuencia espero se sirva VS. dirigirme si desde luego podemos local dicho local.

Aunque no existe el documento que acredite la sesión del local, ni las condiciones en que pudo producirse dicha concesión, todo indica que efectivamente el inmueble fue cedido, ya que la denominada casilla a la que se refiere la solicitud ocupaba parte del terreno que tiene actualmente el edificio que acoge el Casino. Según los datos que se conocen sobre la denominada casilla, ésta pudo corresponder a la antigua Sinagoga que se levantó en nuestro pueblo por orden de don Alonso de Aguilar en el último tercio del siglo XV, con motivo de la acogida en Aguilar de parte de la comunidad judía que fue expulsada de Córdoba capital por la reyerta de la Cruz del Rastro. Este edificio estuvo destinado a lo largo de los siglos para varios usos públicos, entre ellos sirvió de cuartel para las milicias locales que se originaron en los siglos XVIII y XIX.

Con toda probabilidad el actual edificio del Casino acoge el solar de la citada casilla, agrandado con el solar anexo que perteneció a otro casino que se fundó posteriormente, como conoceremos en próximos trabajos sobre este tema. Como conclusión de éste reproducimos el articulado íntegro de los primeros estatutos del Casino Aguilarense formados en el año 1846. El documento se compone de un dos capítulos, titulado de los derechos y obligaciones de los socios el primero, contando con 8 artículos; y atribuciones de la Junta de Gobierno, el segundo, con otros 8 artículos, más dos adicionales.

Bajo el título de” Reglamento del Casino de Aguilar”, el capítulo Primero recoge los siguientes artículos:

 1º dice que tendrían entrada en el Casino los socios y forasteros que estos presenten por solo 15 días, necesitando autorización de la junta de gobierno para más tiempo;

 2º recoge que los socios tenían derecho a exigir que el establecimiento se hallase decentemente amueblado;

 3º que el encargado tuviera el surtido de los artículos de consumo de superior calidad y a los precios que se fijasen en papel separado;

 4º concretaba que durante el verano hubiese helados de las clases y frutas que permitiese el tiempo;

 5º que en el gabinete de lecturas no faltase los periódicos que se estipularen, y la mesa del villar y los demás juegos lícitos que se permitiese;

 6º manifestaba que entre los derechos de los socios estaba el de que los mozos que atendían el establecimiento los sirviesen sin distinción de personas y con el decoro que merecían;

 7º decía que los socios estaban obligados a satisfacer a el encargado del casino 2 reales mensuales, dentro de los cinco primeros días de cada mes, y guardar mutuamente las consideraciones que se acostumbraban entre personas de buena educación; el octavo decía que tanto el encargado del Casino como los socios dirigirán sus observaciones y sus quejas a la Junta de Gobierno, quien cuidaría como era justo del exacto cumplimiento de las respectivas obligaciones.

El capítulo 2º se titulaba Atribuciones de la Junta de gobierno, y proseguía con:

9º que determinaba que el Casino estaría representado por una Junta compuesta de presidente y dos vocales, cuyo nombramiento se haría a pluralidad absoluta de votos para el presidente, en la reunión general de socios que para dicho objetivo se celebraría el día primero de enero de cada año, y serían vocales los que la suerte nombrare entre los socios concurrentes.

10º especificaba que las vacantes que resultasen por ausencia de más de dos meses, o por fallecimiento de alguno de los individuos de la Junta de gobierno, serán reemplazados por la sociedad reunida en junta general;

 11º determinaba que la Junta de gobierno tenía su cargo la vigilancia para que se cumpliera el reglamento, y especialmente las obligaciones del encargado del casino.

 12º registraba que la admisión de nuevos socios se haría previa la propuesta de uno que ya lo fuese, en Junta General, y su admisión o exclusión se determinaría en votación secreta, prohibiéndose toda discusión relativa a la persona del propuesto;

 13º indicaba que correspondía al presidente convocar a los socios siempre que lo estimase conveniente y dirigir las discusiones,

 14º señalaba que los vocales de la Junta de gobierno haría las veces de secretario cuando el caso lo exigiese y suplirían indistintamente al presidente si este no concurriese;

 15º, no podrían ser nombrados para individuos de la Junta de gobierno los menores de 25 años ni los que se hallen en la patria potestad;

 16º decía que para la celebración de la Junta General se haría constar la citación de todos los socios residentes en el pueblo, pero podría celebrarse esta y sus determinaciones llevarse a efecto, con que solo concurriesen a ella dos de los individuos de la Junta de Gobierno y seis socios.

Los dos artículos adicionales reflejaban que:

1º si algún socio tenía más de un hijo que también sean socios , solo contribuirá en los gastos por sí y por un solo hijo, los demás estarían exentos de los pagos pecuniarios,

2º y último de los estatutos, reflejaba que aprobados que fuesen los estatutos por el Señor jefe superior Político, se tendría el presente año la Junta General, tan luego que se reciban y nombrada la Junta de Gobierno será la responsabilidad de los encargados en su establecimiento= los encargados por la Autoridad Superior para la formación de los estatutos fueron: Federico Fernández Abango, Agustín María Maldonado, Antonio María Maldonado, Joaquín del Castillo y Melgal y Rodrigo de Varo.

Estos datos ha sido extraidos del Archivo Histórico Municipal de Aguilar de la Frontera. Sección de correspondencia de 1846. Leg. 700 

Antonio Maestre Ballesteros