Autor: Antonio Maestre Ballesteros

El Divino Infante en la iconografía de la Divina Pastora de Aguilar de la Frontera .

A comienzos del siglo XVIII (1703), el fraile capuchino Isidoro de Sevilla, quiso dotar de un carisma sencillo y rústico a su Orden religiosa para diferenciarla de las otras ramas del franciscanismo. A tal efecto, el citado fraile, reveló que la Virgen se le había aparecido mientras oraba en el coro bajo de su convento sevillano.

Según la descripción que realizó el propio fraile, la Virgen iba vestida de pastora de la época, con su cayado y rodeada de ganado ovino, dándole el mandato de que propagara por todo el mundo esta visión, lo que hizo que el fraile dedicara a partir de ese momento todos sus esfuerzos por difundir la devoción mariana bajo el novedoso atuendo y advocación de la Divina Pastora de las Almas.

La primera imagen donde se representa a la Divina Pastora es la que pintó, bajo la descripción del propio fray Isidoro, el renombrado pintor sevillano, Miguel Alonso de Tovar, en el año 1703. Esta pintura marcaría la iconografía originaria de esta advocación, nacida en Sevilla y extendida a través de los frailes capuchinos por todo el orbe cristiano, siendo sus primeros propagadores el propio fray Isidoro y el también capuchino, beato Diego José de Cádiz, considerado el apóstol de la Divina Pastora.

En el cuadro que pintó Miguel Alonso de Toval, se representa a la Virgen sentada y rodeada de corderos, que simbolizan la protección de la Virgen al pueblo de Dios. Según dicho simbolismo, Cristo está representado en este lienzo en el cordero que acaricia la mano de la Virgen. La primera Imagen de bulto que se realiza de esta advocación y que definiría la iconografía de la misma reproduce con gran similitud a la pintada en el lienzo de Miguel Alonso, y la realizó el escultor sevillano Ruiz Gijón en el año 1705. Posteriormente esta iconografía se vería alterada considerablemente, ya que se sustituyó el cordero con que se simbolizaba la figura del Divino Infante, por imágenes propias del Niño Jesús, que suele situarse en el regazo las Divina Pastora.

La introducción de esta innovación en el icono original se ocasiona a raíz de la bula que el Papa Pío VI decretó en el año 1795, nombrando a María como Madre del Buen Pastor, por lo que a partir de esa fecha se representa ya al Hijo al lado o junto a la Madre, con el gesto de ayudarla en el cuidado del redil, recibiendo las imágenes del Niño Jesús el apelativo de Divino Pastorcito.

La presencia de frailes capuchinos en Aguilar se remonta al menos al siglo XVIII, como lo acredita documentos conservados en el Archivo Histórico Municipal. Sin duda, este hecho debió determinar que en nuestro pueblo germinase también la devoción y culto a la Divina Pastora, tal como acredita la existencia de varios lienzos con esta Iconografía Mariana en los templos de Aguilar. Pero sin duda, la mayor difusión o conocimiento sobre la misma se ocasionó a partir del año 1982, cuando con motivo de la segunda romería en honor de la Virgen de los Remedios, la Titular de la Hermandad de la Veracruz adopta para dicha fiesta la iconografía de la Divina Pastora.

Esta innovación conllevaría el que la imagen de la Virgen de los Remedios se presentase por primera vez, en su larga trayectoria devocional de más de cuatro siglos, de forma sedente y con el atuendo propio pastoreño, además de contar con la imagen del Niño Jesús. Para solventar dicha carencia, en los primeros años se contó con el Divino Pastorcito que cedían para tal fin las monjas del convento de Santa Clara de Montilla, imagen de gran calidad y mérito artístico fechable en el siglo XVIII.

Dicha cesión se mantuvo por solo dos años, ya que fue sustituida por la que adquirió la propia cofradía en una tienda de arte religioso de Sevilla, consistente en una reproducción del conocido Niño Jesús que tallara Martínez Montañez para una de las hermandades sacramentales de Sevilla.

Esta segunda imagen se mantuvo hasta la adquisición del actual, que solo cuenta con algunos años de antigüedad, tratándose de una obra del escultor de Puente Genil, Luís Sergio Torres.

Antonio Maestre Ballesteros