Autor: Antonio Maestre Ballesteros  

El asesinato de Pedro Pulido en Cerro Blanco  

La presencia de forajidos y bandoleros durante el primer tercio del siglo XIX en las tierras de la campiña cordobesa  fue muy abundante, hecho del que se derivó  las numerosas tropelías,  robos, secuestros y  asesinatos, que se constata durante ese periodo de tiempo en los legajos y documentos conservados. Esta situación de peligrosidad social,  originada por las andanzas de estos malhechores, se tradujo también en  acciones de robos y pillerías en el  ámbito local, donde la gravedad de los casos  llegaría a contabilizar incluso algunos crímenes y homicidios.   

Las noticias sobre estos hechos verifican   además el alto  interés y el grado de preocupación que mantuvieron las autoridades locales para sofocar dicha conflictividad y poder solucionar una de las preocupaciones más apremiantes de  la sociedad de la época. Para ello contó con diversos medios e instrumentos, como eran las partidas armadas de milicianos que se formaban  para  las persecuciones de los bandidos o forajidos cuando aparecían por el Término Municipal, o las guardias nacionales o realistas que se constituían para preservar la seguridad  tanto en el interior como en el exterior del casco urbano.

Aun así, la delincuencia durante el siglo XIX, y sobre todo en el primer y último tercio de ese siglo,  fue una de las cuestiones más agudizadas entre las preocupaciones de autoridades y ciudadanos, enmarcándose en dichos periodos dos de las etapas más  célebres   de los conocidos bandoleros que recorrieron estas tierras, a los que se le atribuyó gran parte de los altercados sufridos en esos años.

Como ejemplo  de la delincuencia  descrita, recordamos en este pequeño artículo  los hechos que ocasionaron la muerte de un aguilarense, Pedro Pulido, asesinado de un tiro cuando éste se encontraba de guarda de bestias y mulos en una era del paraje de Cerro Blanco. Fue asaltado por varios  cuatreros que le provocaron la muerte y le robaron  algunas cabezas de ganado. No se puede precisar por los datos y descripción de los hechos si los autores del asesinato respondían a un grupo de ladrones comunes, o se trataba de parte de una gavilla organizada de bandidos o bandoleros.   

Así describió lo sucedido el alcalde de Aguilar en su comunicación al Gobernador Civil:   

Habiéndome dado cuenta por un vecino de esta villa a hora de las once de la noche del día de ayer, que en una era de la pertenencia  de Pedro Pulido de esta vecindad, situada a media legua de esta población, la parte de Cerro Blanco, se habían presentado cuatro hombres armados, dos a caballo y dos a pie a tierra, con el objetivo de robar las bestias de aquel  apero, de cuyo altercado había sido herido el Pulido. En su consecuencia dispuse salir con una partida de caballería y otra de infantería de esta Milicia Nacional, como lo efectué, dirigiéndome a dicho punto, donde después de reconocer aquellas inmediaciones sin haber hallado persona alguna  encontré en la misma era a Pedro Pulido muerto de resultas de la herida que sufrió con arma de fuego, cuyo cadáver fue conducido a esta villa, todo o que elevo al superior conocimiento   de V.S. a los efectos conducentes

Aguilar 25 de junio de 1837