Autor: Antonio Maestre Ballesteros

Dos Bandos Municipales del siglo XIX.

Resulta curioso comprobar cómo a pesar del extraordinario avance en los medios de comunicación que han traído las nuevas tecnologías durante las últimas décadas, los ayuntamientos siguen utilizando como método y medio de comunicación con los vecinos medios tan ancestrales como los Bandos Municipales colocados en los puntos estratégicos de la población

Es difícil emplazar el origen de estos instrumentos publicitarios, pero no sería aventurado sitiarlo en el umbral mismo de las antiguas escribanías de los Cabildos de Regidores, entes que regentaron el poder Municipal durante en el Periodo Medieval. El Archivo Capitular de Aguilar conserva algunos ejemplares de estos antiguos “edictos” que se colgaban en los puntos más concurridos de la antigua villa señorial, como eran la Plaza Mayor y el atrio de las Coronadas.

El hecho de que se colocasen a la intemperie y el estar realizado uno a uno, justifica el que sean muy pocos los ejemplares de estas características que se han conservado, y menos los que, como los que presentamos en este artículo, conservan la huellas de haber sido expuestos al público. Los Bandos Municipales contenían una información muy variada, toda ella referente a la vida Municipal, abarcando desde cuestiones de salud, subastas públicas, cobro de tasas e impuestos, etc.

Como muestra de estos antiguos legajos, hemos elegido dos Bandos fechados a mediados del siglo XIX, en los que, además del valor historicista de los mismos, se pone de relieve cómo, a pesar del paso de los siglos, hay cuestiones del diario Municipal que siguen produciendo la misma alarma social, y constituyen cuestiones de plena actualidad, como son los incendios forestales y la problemática derivada de la tenencia de perros.

Los Bandos que damos a conocer se fechan en los años 1863 y 1864 respectivamente, y se encabezan, como se sigue haciendo en la actualidad, con el nombre del alcalde, que en aquellos años lo era Don Antonio de Tíscar López Berrio, que ostentaba el título de Comendador de la Real y distinguida Orden americana de Isabel la Católica, además de ser abogado de los Tribunales de la Nación y alcalde constitucional de Aguilar.

El Bando de 1863, que se fecha el día 5 de agosto, aborda las normas ordenadas desde el Ayuntamiento para hacer frente a los peligros que se originaba en esos años con la tenencia doméstica de perros, como era la propagación de la hidrofobia, (rabia), circunstancia de mayor riesgo que la que ocupa y preocupa a las actuales autoridades, recogida recientemente en un Bando Municipal , en el que decreta sobre la presencia de este tipo de animales en el casco urbano y la obligación de sus dueños de recoger los excrementos que dejan en el viario.

El Bando de 1863 determinaba que para cumplir con lo ordenado por el Gobernador Civil se adoptaban cuatro disposiciones: La primera que para cortar la hidrofobia, en el plazo de tres días a todos los perros se le pusiese por sus dueños un bozal, y que a partir de ese plazo y hasta el 31 de octubre, se matarían todos los que se encontrasen sin bozal, también señalaba que los perros que se encontrasen fuera del casco urbano se matarían a tiros, y los de dentro de la población con las sustancias que siempre se habían usado al efecto, y por último, que todo perro que fuese mordido por otro rabioso sería matado inmediatamente, y si su dueño lo reclamaba sería encerrado a su costa en lugar seguro.

El Bando de 1864 abordaba otra problemática de plena actualidad en este tiempo, sobre la que se ha anunciado recientemente medidas coercitivas por la Subdelegación del Gobierno , como es la prohibición de quemar materiales agrícolas en el campo. Hace 150 años, el desasosiego que producía en las autoridades locales el temor a los fuegos forestales era análogo al actual, a pesar del avance que se ha experimentado en los medios técnicos para combatirlos.

Dicho Bando, fechado el día 10 de junio, recoge un total de 12 recomendaciones u obligaciones entre las que destacan: la prohibición de encender cualquier tipo de fósforo en el campo desde el 15 de junio al 15 de septiembre, la responsabilidad de aperadores y capataces si sus trabajadores provocaban incendios, la prohibición de quemar restrojos, barbechos o pastos en el campo antes del 15 de agosto bajo multa de 300 reales, la obligación de prestar auxilio para pagar los incendios bajo multa de 60 a 80 reales o tres días de arresto, etc,.

Como demuestran estos documentos, existen vicisitudes sociales que a pesar de la evolución experimentada por el hombre con el paso de los siglos son imperecederas, y se siguen comunicando a la población a través de soportes tan antiguos como los Bandos Municipales.