Antonio Maestre Ballesteros

El Diccionario de Madoz en la historiografía de Aguilar de la Frontera

Historiadores y eruditos suelen recurrir asiduamente para recabar datos de la historia local al denominado diccionario de Madoz, en el que se recoge una interesante información sobre nuestro pueblo, parte de ella elaborada por el autor de dicho diccionario, y otra, posiblemente recopilada de eruditos que indagaron los archivos locales y provinciales en el siglo XVIII.

La aportación de Madoz a la historiografía local es muy interesante, sobre todo por los datos estadísticos que refleja en su estudio, y que permite conocer con detalle y rigor algunos aspectos del Aguilar de mediados del siglo XIX, periodo histórico al que se circunscribe el trabajo de investigación que realizó tan destacado personaje.

No es objetivo de este pequeño artículo desmenuzar o valorar dicha información, sino reflejar , a través de dos documentos conservados en el Archivo Municipal, la promoción y respaldo insitucional que tuvo la empresa editora del diccionario, así como aportar algunos datos biográficos sobre su autor.

En el epistolario conservado en el Archivo Municipal se haya dos cartas que certifican la subscripción del Ayuntamiento de Aguilar a esta publicación cuando aún ésta no estaba concluida, lo que refleja el mecenazgo gubernamental con que contó dicho proyecto, avalado además por la Casa Real. La primera carta corresponde a una misiva que remite la Autoridad Provincial, fechada en Córdoba el 18 de junio de 1846, y cuyo contenido dice textualmente:

Muy señor mío: el interés y utilidad de la obra que publica D. Pascual Madoz, titulada Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España y sus posesiones de Ultramar, son bien conocidos y han excitado al Gobierno de su Majestad a expedir una Real Orden recomendando a los ayuntamientos su adquisición con la advertencia de los que se suscriban a estos diccionarios le será aprobado su gasto legítimo en las cuentas municipales. Con fecha 12 de abril tuve la satisfacción de publicar en el Boletín Oficial aquella superior resolución y deseoso de cooperar por mi parte en lo que me sea posible a que tan importante publicación literaria se adquiera por las corporaciones, autoridades y personas ilustradas, no puedo menos de recomendar a usted nuevamente con la eficacia que merece una producción especial en su clase y que tanto puede instruir a la ilustración del país.

La carta la firma Javier Canestani, jefe Superior Político de la provincia, y estaría dirigía al alcalde de Aguilar. La propuesta fue vista en la Sesión Extraordinaria celebrada por la Corporación Municipal el día 29 de junio, y en ella debió atenderse la solicitud de subscripción, ya que una nueva circular firmada por Canestani y fechada el 10 de julio autorizaba a los regidores de Aguilar para realizar el gasto de la adquisición del diccionario:

Consiguiente al oficio de usted fecha 29 de junio, vengo en autorizarlo para que el costo de la suscripción del Diccionario Geográfico estadístico, Histórico de España que está redactando el Señor Don Pascual Madoz, lo incluya en las cuentas municipales del corriente año, puesto que por Real orden de 28 de marzo último este gasto está considerado legítimo.

Se desprende de este texto que efectivamente el Ayuntamiento de Aguilar llegó a adquirir la obra, aunque ésta no se ha conservado en el Archivo Municipal. Actualmente puede consultarse dicha publicación, y el contenido referente a nuestra localidad, en las últimas reediciones que se han hecho de este histórico libro.

Para conocer algo más la publicación y su autor nos remitimos a lo escrito por Javier Porras sobre Pascual Madoz y su Diccionario Geográfico Estadístico e Histórico de España.

Pascual Madoz fue un político liberal miembro importante del partido progresista y autor del Diccionario Geográfico Estadístico de España y sus posesiones de Ultramar. Nació en Pamplona en 1805 y murió en Génova en 1870 adonde había viajado como miembro de la comisión enviada para acompañar al nuevo rey Amadeo de Saboya en su entrada en España. Fue ministro de Hacienda en 1855, y durante su ministerio presentó el proyecto de ley de desamortización general civil y eclesiástica, que incluía también las propiedades de los ayuntamientos. A esta ley se la denomina también desamortización de Madoz y también impropiamente desamortización civil, porque a la de Mendizábal de 1836 se la conocía como la desamortización eclesiástica.

Tuvo que refugiarse en Francia de 1830 a 1832; allí se dedicó en París y Tours al estudio de la geografía y de la estadística. Pudo volver a España tras la amnistía decretada por María Cristina, fijando su residencia en Barcelona, donde, a principios de 1833, ya estaba al frente de las oficinas del Diccionario geográfico universal que en aquella ciudad se publicaba, y del que se hizo cargo a partir de la letra R.

Nombrado juez y gobernador del Valle de Arán, persiguió a varias partidas carlistas. Se puso al frente en 1843 de la coalición con la que algunos progresistas hicieron viva oposición a Espartero, pero pronto fue encarcelado. El mismo hizo su defensa y la de sus compañeros de prisión; absuelto, marchó de nuevo al extranjero, de donde volvió para publicar su Diccionario Geográfico de España, cuyos trabajos tenía bastante adelantados. El primer volumen se publicó en Madrid en 1845 y el volumen 16 en 1850. Conviene resaltar que Madoz, para poder culminar obras tan ambiciosas, tuvo que asumir el papel tanto de editor literario como de impresor, organizando imprenta propia.

El Diccionario geográfico-estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar es una magna obra publicada por Pascual Madoz entre 1846 y 1850. Compuesta por 16 volúmenes en la que se analizan todas las poblaciones de España. Supuso en la época una mejora importante respecto al Diccionario geográfico y estadístico de España y Portugal que había terminado de publicarse en 1829 por Sebastián Miñano.

También conocido como “el Madoz“, es una obra a la que según su propio autor, se dedicaron 15 años, 11 meses y 7 días de trabajos literarios. En esta tarea le ayudaron más de mil colaboradores y veinte corresponsales. Como él mismo indicó: “No soy yo el autor del Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico: esta gloria corresponde a tantos y tan distinguidos colaboradores que he tenido en todas las provincias y a los buenos amigos que han trabajado en las oficinas de mi redacción, cuyos nombres, los de aquellos y los de estos, figurarán con los de los corresponsales de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en lugar oportuno; corresponde a todos los Gobiernos que se han sucedido desde 1836 hasta el día, porque todos sin distinción de colores políticos, han secundado noble y lealmente mis esfuerzos“.

 

Esta obra todavía es consultada por los historiadores, investigadores y arqueólogos, ya que contiene interesante información sobre ruinas, restos y posibles yacimientos arqueológicos con la descripción que en aquel entonces éstos presentaban.

Madoz tuvo que asumir el papel tanto de editor literario como de impresor, organizando imprenta propia

Tras la revolución de 1854, el 9 de agosto fue nombrado gobernador de Barcelona. Volvió después a su escaño de diputado, presidió las Cortes, y el 21 de enero de 1855 se le confió la cartera de Hacienda. En esta ocasión presentó el proyecto de ley de Desamortización, que consiguió ver aprobado.

Esta ley inauguró una nueva etapa, dado su alcance político y económico. La desamortización consistía en una acción legal cuyo objetivo era liberar y entregar a la adquisición en pública subasta de las propiedades inmuebles atesoradas por entidades que no amortizaban sus bienes, como la Iglesia (que aún conservaba algunos bienes no desamortizados con Mendizábal) y los bienes de propios de los municipios. Por tanto, permitía al Estado recaudar dinero, reducir el poder de la Iglesia, aminorar la deuda pública y favorecer a la burguesía, clase social que el liberalismo necesitaba fortalecer ya que era la única que apoyaba el nuevo sistema político frente al absolutismo.

La valoración del proceso indica que la alta burguesía fue nuevamente la beneficiaria, aunque la participación de los pequeños propietarios rurales fue más elevada que en la anterior desamortización de Mendizábal. Este proceso, al igual que el anterior, no sirvió para que las tierras se repartieran entre los menos favorecidos porque no se trataba de abordar una necesaria reforma agraria, aunque trajo consigo la expansión de la superficie cultivada y, como resultado, una agricultura algo más productiva. Otra consecuencia de trascendencia histórica en lo social fue la aparición del proletariado agrícola, formado por los campesinos sin tierra -jornaleros-sometidos a la ley de la oferta y la demanda y a duras condiciones de trabajo y una burguesía terrateniente que, enriquecida con la adquisición de propiedades y tierras, pretendía emular a la vieja aristocracia. Por otro lado los ingresos del Estado permitieron la ampliación de la red ferroviaria.

Esta obra contiene interesante información sobre ruinas, restos y posibles yacimientos arqueológicos con la descripción que en aquel entonces éstos presentaban

Tras la revolución de 1868 fue gobernador de Madrid, cargo al que también renunció al poco tiempo ya que se opuso al gobierno provisional, y después de votar la candidatura del duque de Aosta (Amadeo de Saboya) para el vacante trono de España, formó parte de la legación enviada a Florencia para ofrecerle la corona, pero en Génova le sorprendió la muerte, el 13 de diciembre de 1870.