Cuando creía ya superada toda capacidad de asombro por las obras  en el Llano de las Coronadas, me he tropezado esta mañana con una nueva “alteración” de lo ya realizado, produciéndome tal asombro y recelo que no he podido evitar considerar cómo se han concadenado las circunstancias para acabar deteriorando tanto la imagen de este lugar. Tal ha sido el desasosiego producido, que me he atrevido a plasmar algunas reflexiones sobre los infortunios que, según mi opinión, han destrozado este emblemático espacio urbano.

Después de muchos meses de obras, bastantes más de los previstos, es perceptible la alteración estética que ha experimentado este entorno. Con independencia de la subjetividad con que cada uno valore el resultado de las obras, se hace patente ante cualquier mirada, que se ha arrebatado al centro histórico de Aguilar el aire romántico que le otorgaban los elementos patrimoniales  de que disponía. 

Desgraciadamente nada se puede hacer ya sobre el patrimonio expoliado, y señalar culpables (que los hay), no retrotraerá las obras a su estado originario.  Pero sí debemos, al menos, evaluar esta acción para procurar no repetirla en proyectos similares, ya que, en el fondo, todos, unos en mayor medida  que otros, hemos propiciado, por acción u omisión, este extravío.

Desde mi punto de vista son el patrimonio y la historia de Aguilar los mayores damnificados por estos hechos, y la falta de acción política la causante final del perjuicio producido: el Gobierno Municipal por obcecarse en su realización sin atender a las propuestas de reforma, y la Oposición por claudicar en su iniciativa de que dicho dinero se emplease en la nueva Residencia Municipal de Ancianos, ante el riesgo de que se perdiese la cuantía económica por haberse presentado el proyecto en el límite del plazo establecido. Admitiendo esa corresponsabilidad, considero de justicia señalar que lo más censurable ha estado en la inhibición del Gobierno Municipal para impedir, en el margen legal que permitía el desarrollo de las obras (que era suficiente), al menos los estropicios más evidentes (nuevas baldosas del paseo, revestimiento de piedra artificial del entorno), etc.

Y es aquí donde surgen mis dudas. No hallo respuesta que justifique la inercia mantenida por quienes podían haber evitado que los criterios técnicos supeditaran la voluntad política de modificar el proyecto original. Solo es entendible este hecho si consideramos que la incuria no ha obedecido a una dejadez de responsabilidad, sino  todo lo contrario, a una permisibilidad y complicidad con el proyecto, al considerar apropiada su realización. Y es esta cuestión la que mayor inquietud me produce, ya que si el Gobierno Municipal no es consciente del daño producido, difícilmente podremos evitar otros dislates patrimoniales.

Después de pensar mucho sobre la cuestión, he llegado a lo conclusión de que un buen antídoto para este mal podría ser el pasear a los munícipes partidarios de estas obras por el parque de “los monos” de la vecina ciudad de montilla, punto de inspiración del proyecto de reforma de las  Coronadas, y así comprenderían fácilmente el desatino cometido contra el patrimonio de nuestro pueblo. Hemos destrozado todo el valor que atesoraba el Llano de las Coronadas, incluido en el catálogo provincial de jardines patrimoniales, en pos de reproducir un parque, como el montillano, carente de cualquier valor histórico-artístico.  Y lo peor de todo, nos hemos quedado tan panchos.

Antonio Maestre Ballesteros