Las altivas aceituneras. Si el trabajo de los hombres  vareando los olivos requería de un gran esfuerzo físico en las faenas de la recolección de las aceitunas,  la labor de las mujeres requería una fortaleza  y aguante difícil de soportar por el  dolor de cintura provocado por estar toda la jornada agachada. También sufrían el rigor del invierno en sus manos cogiendo del suelo, una a una, las aceitunas  heladas por las escarchas mañaneras. Las canastillas de vareta marcaban la jurisdicción de la mujer campesina en el universo jornalero de las cuadrillas de aceituneros.