Una carta de amparo ante la Reina Isabel II

Antonio Maestre Ballesteros

En los más de tres siglos de historia con que cuenta el convento de las Carmelitas Descalzas de Aguilar, muchos son los avatares sufridos por  el monumental edificio y la Comunidad de monjas que la ha habitado en tan prolongado periodo de tiempo. Especialmente difícil resultó el transcurso del siglo Decimonónico, en el que se sucedieron varias leyes desamortizadoras que pusieron en grave riego la continuidad de esta Orden religiosa en nuestro pueblo, y con ello, posiblemente también la conservación del rico patrimonio artístico que se custodia en el edificio.

Uno de los episodios  del tránsito por dichas circunstancias se produjo en el año 1855, a raíz de la Ley de Desamortización promulgada durante el denominado Bienio Progresista por el ministro de Hacienda Pascual Madoz,. El jueves 3 de mayo de 1855 se publicaba en La Gaceta de Madrid y el 31 la Instrucción para realizarla. La nueva legislación preveía una concentración de comunidades monjiles, ordenando el cierre de los conventos en los no se alcanzase la cifra de 12 monjas o frailes profesos, característica en la que se encuadraba el convento de Carmelitas  Descalzas de Aguilar.

El anuncio del cierre del convento generó una rápida resistencia de las Autoridades locales quienes, en representación del pueblo, dirigieron una pormenorizada carta de amparo ante la mismísima Reina Isabel II, suplicando  la continuidad de la Comunidad monjil en Aguilar   y garantizando con los recursos municipales los gastos de conservación del edificio. La explicita carta dice:

. El Ayuntamiento constitucional  y el diputado provincial de este Partido Judicial, y mayores contribuyentes que suscriben, de esta villa de Aguilar de la Frontera, provincia de Córdoba, puestos a los reales pies  de Vuestra Majestad, con el más alto y venerado respeto exponen:

Que por consecuencia del Real Decreto de 31 de junio último, debe quedar suprimido el convento de Carmelitas Descalzas de esta Población, por no reunir el número de doce religiosas profesas, debiendo por consiguiente unirse estas a la Comunidad de la misma orden que haya de conservarse.

La profunda gratitud y constante afecto que siempre profesó este pueblo a sus Carmelitas Descalzas por la conducta ejemplar con que en todos los tiempos se han conducido, ha impresionado dolorosamente en el ánimo de estos habitantes la idea de que una novedad semejante produzca finalísimos resultados para la existencia de estas pobres religiosas, modelo de virtud, y que pertenecientes a la mayor parcela de edades septuagenarias, y víctimas todas de envejecidos males, nada es más natural que temer pos su vidas,  en una traslación que, aún efectuada con todas las comodidades  y consideraciones posibles, ciertamente no serían estas bastantes para contrarrestar las tristísimas afecciones morales que aquella indudablemente produciría.

Deseando este pueblo evitar a sus buenas y virtuosas religiosas que pasen por trance tan amargo, y no queriendo a la vez que este piadoso deseo agrave las atenciones del Tesoro Público  si continuáremos como hasta aquí a cargo del mismo el dicho convento, desde luego los que suscriben, intérpretes fieles de la voluntad de todos los habitantes de esta villa sin distinción de matices políticos, se obligan a que el pueblo mantenga el culto de la iglesia y repetido convento con todo el esplendor que cumple a su espíritu religioso: y a costear las obras y reparos necesarios  para la conservación del edificio no haciendo mención del capellán  por cuanto no percibe más pensión que la de su exclaustración , considerados pues estos gastos como cargo concejil, se permitirá a los que se comprenda en su Presupuesto Municipal y en de manera guardar consignada la indicada obligación para  en lo sucesivo cubrirla de un modo permanente e invariable.

Llenos de la más justa confianza, acuden los componentes al bondadoso corazón de su idolatrada Reina suplicando rendidamente a S.M. se digne oír los ruegos unánimes de esta población y atender a los manifestados deseos.

El todopoderoso conserve la preciosa vida de V.M. con al del Rey su augusto esposo para felicidad de los españoles .

Aguilar de la frontera 24 de agosto de 1855   

     Finalmente  las Carmelitas de Aguilar pudieron eludir la normativa de Madoz, pero no sería  ésta la única ocasión en la que las autoridades locales  tuvieron que salir en  defensa de la continuidad del monasterio carmelita aguilarense, ya que se dieron nuevos intentos de cierre del convento, entre ellos, cuando se planteó, en ese mismo siglo, el  mantener abierto el de Aguilar o el de Bujalance, que provocó también un enconado litigio entre las autoridades de los dos pueblos, como conoceremos más adelante.