Antonio Maestre Ballesteros

images (3)Las imágenes Titulares de las cofradías y hermandades pasionistas constituyen sin duda el eje cultual y devocional de las instituciones sobre las que se cimienta la denominada religiosidad popular, que tiene en la Semana Santa uno de sus exponentes más importantes y característicos.

Junto al valor religioso y sentimental que le es reconocido, debemos sopesar otros méritos relacionados con la historia intrínseca que concierne a cada imagen o escultura que procesiona  y su inserción en el conjunto de las Semana Santa local., como son la valía o calidad artística que pueda atesorar cada Imagen.

Relacionado con este último aspecto se encuadra la autoría de cada Efigie, ya que no todos los creadores de escultura religiosa han atesorado la mismas cualidades o virtuosismo en el oficio, lo que ha establecido desde siempre  escalafones entre los imagineros y talleres, generalmente  como consecuencia de la estima artística en que se haya tenido su obra.

No se trata en este pequeño artículo de establecer comparaciones ni consideraciones con respecto a la valía artística de Imágenes realizadas para  la Semana Santa de Aguilar en la segunda mitad del siglo XX,  sino  de aportar una visión de conjunto de los artífices que la han creado, con el objetivo de que sean conocidos y reconocidos, ya que en muchos casos son totalmente ignorados  por la gran mayoría del público que acude a presenciar los desfiles procesionales  .

Hemos circunscrito el catálogo a etse periodo por considerar que, además de ser el más reciente o inmediato desde un punto de vista cronológico, en él han confluido diversas circunstancias que han derivado en que  el catálogo de imágenes, y por ende el de autores de la mismas, sea muy prolífico. Probablemente por número  y calidad  de obras realizadas constituya una de las etapas más brillantes de nuestra Semana Santa.

Se inicia el ciclo en el año 1950 con síntomas claros  de recuperación  y expansión de una Semana Santa de Aguilar que superaba así los difíciles años de posguerra, en los que la falta de recursos económicos había mantenido a la Fiesta en un estado de invernación. El nuevo ciclo vital de la tradición arrancaría en 1951, año de fundación  de una nueva cofradía, la de Nuestro Padre Jesús en su Entrada Triunfal en Jerusalén (Borriquita), cuya Imagen Titular sería encargada al más famosos imaginero cordobés en esos tiempos: el bujalanceño Juan Martínez Cerrillo.

Cerrillo se convirtió con este trabajo,además, en el referente del mundo cofrade aguilarense, acudiendo a su taller en los años siguientes la mayoría de las demás cofradías de la localidad con encargos de: restauraciones de Imágenes, ejecución de retablos y  tronos, realización de imágenes secundarias, etc.,  Sería muy prolijo recoger este artículo toda la  producción que Martínez Cerrillo realizó para Aguilar desde su taller situado en el barrio de San Lorenzo de Córdoba.   borriquita

Fue una apuesta valiente y acertada la que tomaron los promotores de la nueva cofradía, entre los que se encontraba el cura castreño Don Juan  Bravo, al acudir para este encargo al consagrado imaginero cordobés, emulando lo hecho por la cofradía homologa de la capital, y  marcando una clara diferencia con los demás pueblos de la provincia que  recurrieron a los talleres religiosos de Olot, en los que, mucho más baratas y carentes de valor artístico,  adquirieron imágenes  de la Borriquita  seriadas y repetidas hasta la saciedad[1].

Por el volumen de obra realizada para  Aguilar  y por haber configurado los primeros pasos de Misterio de Nuestra Semana Santa, (Humildad y Resucitado), Juan Martínez Cerrillo se convierte en el primer nombre  de este catálogo, y sin duda uno de los más relevantes del periodo de tiempo que abarcamos en este trabajo.

Datos Biográficos

uan Martínez Cerrillo, nacido el 4 de abril de 1910 en Bujalance, y fallecido en Córdoba el 6 de octubre de 1989, escultor, imaginero y restaurador.

Pasó su infancia en Bujalance, donde dio muestras de habilidad para el dibujo, lo que llevó consigo que su familia se trasladara desde Bujalance a Córdoba para que el joven “Juanito” pudiera estudiar, lo que ocurrió en el 1923, ingresando en la Escuela de Artes Aplicadas y Oficios Artísticos “Mateo Inurria”, de la ciudad, sin haber cumplido los catorce años reglamentarios, gracias a las gestiones de José Lora, amigo y paisano de sus padres y Secretario de la Escuela, donde Martínez Cerrillo estudió cuatro años, cursando enseñanzas de Historia del Arte y Dibujo artístico, además de Composición Decorativa, dos años de Pintura y un año de Modelado.

Como alumno, fue un discípulo aventajado, recibiendo de sus profesores, entre los que estuvieron Vicente Orti Belmonte, Rafael García y Miguel Guijo las máximas calificaciones.

Estos estudios los simultaneó con el trabajo de operario y aprendiz en el taller de Rafael Díaz Fernández ubicado en la calle Pérez de Castro y dedicado fundamentalmente a la restauración de obras de arte en general y de imágenes antiguas en particular, impartiendo al terminar los mismos clases de Dibujo en el colegio Cervantes, instalado en aquellas fechas en el palacete de la calle Conde de Torres Cabrera.

A Cerrillo le gustaba más el trabajo en el taller de Díaz Fernández, en el que permaneció dieciséis años (desde su llegada a Córdoba hasta 1936) y se familiarizó con el oficio de imaginero, conociendo a fondo la imaginería barroca y las técnicas empleadas en las mismas, especialmente la policromía, necesaria para poder llevar a cabo las restauraciones que le encargaban.

Martínez Cerrillo siempre reconoció y agradeció a Rafael Díaz Fernandez que le introdujera en la restauración de imágenes antiguas y en la técnica de la policromía, conocimiento que le permitió trabajar junto a destacados maestros, como Fernández Andes autor de Nuestro Padre Jesús de la Salud y Nuestra Señora de las Angustias, titulares de la popular Cofradía sevillana de los Gitanos, y Juan de Ávalos, a quien en 1939 ayudó a policromar unas esculturas que el afamado maestro del Valle de los Caídos había realizado, recibiendo en lugar de una contrapartida económica como recompensa a su trabajo, una enseñanza que le sería de gran utilidad en su posterior carrera de imaginero: la técnica del sacado de puntos.

Estas actividades relacionadas con la imaginería eran compartidas por Martínez Cerrillo con la pintura, que siempre fue su latente vocación, y cuando tenía ocasión siempre pintaba. Por ello, cuando se convocó un concurso juvenil en el que el Ayuntamiento daba un premio de quinientas pesetas, Juan Martínez Cerrillo participó en el mismo como paisajista, obteniendo el primer premio con la importante compensación económica, que Martínez Cerrillo utilizó, entre otras cosas, para poder visitar Sevilla y contemplar los desfiles procesionales del Jueves Santo y de la madrugada del Viernes sevillano.

Este viaje impactó al joven artista, haciendo renacer en él su afición a la escultura y provocando otros viajes a la ciudad hispalense que le hicieron ir concibiendo la idea de tallar una imagen de la Virgen pequeña, de oratorio.

Labró esta imagen para su madre y otra imagen más para una familia amiga. Y como nada mejor que la obra bien hecha para servir de carta de presentación, la Orden Hospitalaria que se estaba organizando en Córdoba y deseaba tener algunas imágenes pasionistas en su capilla, encargó al joven Martínez Cerrillo las imágenes de un Nazareno y una Dolorosa, imágenes de vestir y mediano tamaño que se trasladaron posteriormente a la capilla del Sanatorio de San José, en Málaga, y que significaron, además del reconocimiento artístico de Martínez Cerrillo, un importante giro en la trayectoria artística del mismo, que empezó de manera fructífera su tarea como imaginero, convirtiéndose en profesional en los años de la posguerra, unos años de intenso trabajo, pues había que restaurar, y en la mayoría de los casos rehacer, las imágenes que se habían perdido y destruido durante la fatídica contienda, a lo que había que añadir la fundación de nuevas Cofradías.

Algunas de éstas surgieron en torno a imágenes antiguas, aunque en numerosas ocasiones aumentaron el número de sus titulares (con advocaciones marianas y cristíferas), mientras que la mayoría de las Cofradías requirieron desde un principio nuevas imágenes.

Ello, unido al destrozo de la imaginería religiosa que se había sufrido durante la guerra civil, ocasionó un considerable aumento de encargos y la consagración de Martínez Cerrillo como profesional, una vez abandonado en 1936 el taller de su maestro e instalado en el suyo propio, llevando a cabo la mayor parte de su obra en la casa-taller del barrio de San Lorenzo, junto a la iglesia del Juramento, donde se venera el custodio de Córdoba, el arcángel San Rafael.

Por su vinculación al mundo cofrade la Agrupación de Hermandades y Cofradías de Córdoba en 1990 le reconoció como Hermano Ejemplar



[1] Que conozcamos Martínez Cerrillo realizó tres imágenes de la Borroquita para Córdoba y provincia ( la de la capital, la de Aguilar, y la de Nueva Carteya..

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