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Antonio Maestre Ballesteros

El chocolate que se bebieron el alcalde y el obispo

Las Actas Capitulares narran acuerdos y debates que  trazan el día a día de la vida de nuestro pueblo desde el ya lejano siglo XVI, centuria en la  que se fechan los escritos más antiguos del Archivo Histórico Municipal, hasta nuestros días. Su lectura nos descubre páginas gloriosas de la historia local e infinidad de hechos de gran relevancia para el devenir histórico de la villa, así como un sinfín de datos curiosos sobre nuestro pasado.

También refleja este tipo de documentación mil avatares y controversias, fruto de las rivalidades mantenidas entre Liberales, Conservadores, y Republicanos durante  el último tercio del siglo XIX y primeras décadas del XX. Las porfías entre los ediles podían surgir ante cualquier dilema que plantease diferencias ideológicas, en muchas ocasiones alimentadas o inducidas por intereses personales. Cualquier oportunidad era propicia para marcar o señalar las diferencias políticas, en ocasiones sustentadas en  debates en cuentones baladís.

Prototipo de estos desencuentros puede ser el mantenido entre los Conservadores, que gobernaban la localidad, y la minoría Republicana, con ocasión de la visita del obispo de Córdoba a la localidad, y las atenciones que el alcalde y concejales Conservadores tuvieron con su eminencia reverendísima. La trifulca se sustentó más  en los costes que debía asumir el Cabildo por este hecho, que en la visita en sí misma, ya que no se cuestionó  la legitimidad o convencía de la misma, aunque en el fondo de la cuestión podría subyacer la animadversión de los Republicanos a la sumisión de los políticos Conservadores ante la autoridad religiosa.

La Sesión Plenaria en la que se produjo la disputa  se fecha el 21 de noviembre del año 1914, y los hechos que originaron la disparidad de opiniones debieron suceder pocas fechas antes, el día en el que el nuevo obispo de la Diósesis se dejó caer por el Ayuntamiento coincidiendo con la visita pastoral a la población. Tras el protocolario recibimiento que le ofrecieron el alcalde Antonio Toro Valdelomar y sus concejales Conservadores, la nutrida comitiva se dispuso a deleitarse de un agasajo ofrecido por las Autoridades civiles, consistente en: chocolate, anís y té. El importe del convite, y el que éste lo costease el Ayuntamiento  y no los individuos que lo degustaron fue el motivo de una trifulca que el secretario del Cabildo recogió en el acta correspondiente en estos términos:

También fue presentada la cuenta suscrita por Antonio José Varo, importante treinta y ocho pesetas cincuenta céntimos, valor del chocolate, té y anís servido en esta casa Ayuntamiento con motivo de la visita del ilustrísimo Señor Obispo de esta Diócesis. Pedida la palabra por el concejal señor Cáliz manifestó que no estaba conforme con este gasto adhiriéndose a estas manifestaciones los señores Mejías Serrano y Leiva. El señor López Jiménez manifiesta que es partidario de que esta cuenta  se abone, expresándose en igual forma los señores Aragón, Pérez y Toro Gutiérrez. El señor presidente  en vista de la disparidad de criterios puso este punto  a valoración formulando la pregunta siguiente “Se abona la cuenta”. Dijeron que sí los señores: Toro Gutierrez, Pérez, López Jiménez , Aragón y el presidente, y dijeron que no los señores Mejías Serrano, Cáliz, y Leiva. Acordose por tanto por mayoría de votos  aprobar dicha cuenta al interesado del capítulo  1º artículo 8º del presupuesto.

Aunque la cantidad a pagar, 38,50 pesetas, podría ser considerable, ya que el jornal del campo podía estar en ese tiempo en torno a las 2 pesetas, lo que parece  subyacer en la negativa de los concejales republicanos a aprobar el gasto está más relacionada con la inoportunidad del mismo que con el elevado coste que pudo suponer.