Esta mañana yo tenía pensado dejar en el blog un relato que he escrito en los últimos días y que se titula “Un día cualquiera”. Pero en vez de eso voy a escribir, desde la rabia y la impotencia, algo sobre las cinco personas, tres mujeres adultas (una de ellas, embarazada) y dos bebés, que el día 15 de julio fueron enterrados en el Cementerio Muncipal de Motril. Estas cinco personas murieron el sábado 10 de julio, cuando viajaban en una patera junto a otros treinta y siete seres humanos, ahogadas en el mar, cuando venían a este país en busca de un futuro un poco mejor del que les esperaba en su tierra (las pobres criaturas no saben lo que de verdad les espera a este lado del mundo, si lo supieran…). Si tú que estás leyendo esto, has visto las imágenes de los ferétros infantiles en la televisión, entenderás mi rabia y mi mala leche y, seguro, la compartirás, porque nadie puede permanecer indiferente a tanto dolor y a tanta injusticia.
Da la casualidad de que al día siguiente de estas terribles muertes, el domingo 11 de julio, este país al completo se había vuelto loco con la final del Mundial de fútbol (algo histórico, nos han dicho por activa y por pasiva). Pues qué queréis que os diga. Que para mí, lo verdaderamente histórico, aunque ya se ha vuelto algo casi cotidano, es que se entierre a estas cinco personas en la más absoluta soledad y de la manera más anónima. Para mí, lo histórico, es el fracaso más absoluto de la raza humana, de los políticos de cualquier signo, de las organizaciones humanitarias y del copón bendito, ya que somos, todos, incapaces de evitar que dos bebés se ahoguen a unas millas de las costas de Motril.
Para mí, lo histórico sería que de una maldita vez, alguien pusiera punto y final a estas tragedias. O que esta personas no se vieran abocadas a venir, jugándose la vida, a un país donde se les trata con la punta del pie y se les culpa de todos los males habidos y por haber. Para mí, lo histórico sería que la riqueza fuera compartida, que una persona no se echara al bolsillo seiscientos mil euros por ganar unos cuantos partidos de fútbol y que los demás pudieran vivir su vida en la tierra que los ha visto nacer sin necesidad de lanzarse al mar hacia una muerte segura. Para mí, el día verdaderamente histórico será ese en el que los bebés no mueran ahogados en el mar por la simple razón de haber nacido en el lado chungo del mundo. En fin, para mí, un día histórico será el día en que el ser humano, la vida de cualquier ser humano, sea sagrada. ¡Qué lejos queda aún ese día!

Rafael Calero Palma