obeso-gato-montesEl diablo que aterrorizó a las monjas de las  Coronadas

Muy pocas noticias se conocen sobre uno de los edificios más vetustos  y monumentales de nuestro pueblo, desgraciadamente derruido a finales del siglo XIX, y cuya referencia más célebre la encontramos en el nombre del popular paseo “Llano de las Coronadas”, que delimita el solar que ocupó el desaparecido convento de las monjas clarisas de Aguilar.

De la dilatada presencia de esta comunidad monjil en nuestro pueblo han quedado algunas referencias y  datos históricos que ponen de relieve la notoriedad del patrimonio histórico-artístico que se custodiaba en el claustro  y en el templo de N.S de la Coronada, así como otras reseñas que divulgan cuestiones relacionadas con el diario trascurrir de la vida monástica en el interior de la clausura.

Algunas de esas noticias, recopiladas en la prensa histórica, revelan hechos sorprendentes que podríamos calificar de extraordinarios y curiosos, y que, como el acaecido a principios de 1864, resulta revelador del estado de sugestión en el que podían estar  las monjas que lo protagonizaron, sobre todo con referencia a la maleficencia del diablo, que ellas vieron encarnado en un monstruoso animal.

A ello contribuiría, además de la obcecación religiosa, quizás el hecho de  que en la iglesia del convento se daba culto al San Miguel que hoy está en la Parroquia, imagen que se asienta sobre el diablo representado por una tarasca o dragón.

Del hecho se hizo eco El Diario Español, periódico independiente de Barcelona, en el que, el 27 de enero 1864 ,se publicaba la siguiente nota mandada desde Aguilar por un corresponsal.

Jesús María y José —Un colega de Córdoba publica una carta fechada en Aguilar en la que se refiere un suceso raro acaecido en el convento de las Coronadas de aquella villa. Parece que estando reunidas las religiosas en el coro, se les presentó un animal jamás visto por ellas, enseñándoles los dientes y amenazando embestirlas: en el momento creyeron en su inocencia que era el diablo, y principiaron á llorar y dar gritos, huyendo todas por el convento; pero viéndose acosadas por el infernal dragón, se salieron á la portería impetrando auxilio, á cuyos lamentos acudieron los vecinos, algunos con escopetas, y penetrando en el convento, se consiguió dar muerte al diablo, que reconocido resultó ser un gato montés que tenían en una casa inmediata, y que rompiendo la cuerda penetró en aquel religioso asilo[i].

El escándalo que formaron las monjas en su huida del supuesto diablo debió de ser de tal magnitud que el suceso se publicó también en otros periódicos de la época en los mismos términos que lo hemos reproducido en este artículo.

Antonio Maestre Ballesteros

 



[i] Prensa Histórica. El Diario Español, Periódico Independiente de Barcelona, 27 enero 1864.4