OLYMPUS DIGITAL CAMERAAntonio Maestre Ballesteros

CALLE INESPERADA

Como hemos relatado el paraje y fuente de la Membrilla han servido de referente a lo largo de los siglos para otorgar varias nomenclaturas de calles y otros espacios geográficos que lindaban o conducían a dicho lugar: Fontanar de la Membilla; calle Membrilla; Cuestón de la Membrilla; Paseo de la Membrilla; arroyo de la Membrilla, etc., han testimoniado a lo largo del tiempo la existencia de uno de los acuíferos más importantes en el abastecimiento de agua a esta población desde la Edad Media. A este grupo hay que sumar la calle Inesperada por acoger en su trayecto la citada fuente.

Sin duda, el génesis de la actual calle de este nombre se remonta al origen de la propia fuente, por ser o constituir ésta el elemento arquitectónico más primitivo de su calzada, y como comprobaremos en este trabajo, la causa principal de su ordenación urbana, aunque este hecho haya acontecido recientemente.

Tan antiguo es el venero que aflora en este lugar que no hemos podido establecer documentalmente su origen. Sí contamos con referencias al mismo en las actas capitulares a partir del siglo XVI, donde se valora ya la importancia estratégica que tenía para el abastecimiento de agua a la villa. La presencia del acuífero influyó, entre otras causas, para que en las inmediaciones del mismo se trazasen algunas de las vías de comunicación más importantes de esos siglos, que acabaron transformándose en trayectos de nuevas calles, como ocurrió con el antiguo Camino Real, también denominado, en el siglo XVIII, como  camino de la Cruz de Roque Mora,  sobre cuyo trayecto se alineó la actual calle Inesperada.

La referencia  más antigua hallada sobre la Fuente de la Membrilla se fecha en   1534, revelándonos que en dicho año se produjo una de las muchas reconstrucciones que ha experimentado  a lo largo del tiempo:

 

Así mismo se practicó la necesidad que hay de las aguas de esta villa y como la fuente de la Membrilla está muy maltratada, y no pueden coger el agua limpia, mandaron que de cualquier dinero que este Consejo tenga se compre un pilar y se haga un caño de hierro para que se ponga allí, y que se compren los materiales que sea menester, y se cometió esta abra Alonso de Ribera, alguacil mayor y a Lázaro García, para que provean lo que fuere menester…..[1].

 

Entre las primeras reformas que se efectuaron en la fuente y su entorno aparece  la de 1604. En esa fecha se realizó el ensanche de su perímetro para mejorar las condiciones de acceso a la misma:

 

En este Cabildo, Justicia y Regimiento dijeron que para que haya lugar con modo y espacio de lugar en la fuente de la Membrilla de esta villa conviene ensanchar el sitio que hay alrededor de la dicha fuente así para el pasaje del camino Real que pasa por la dicha fuente como para el beneficio de ella conviene se compre y ensanche el medio almuz de tierra a la parte de una haza que allí tiene doña María de Contreras…..[2].

 

Son numerosísimos los datos registrados en los documentos Municipales con referencia a la fuente y  paraje de la Membrilla, aunque en ninguno de ellos  consta la alineación de alguna calle en este lugar. La primera construcción levantada junto a la fuente se fecha en el siglo XIX y correspondió al Matadero Municipal que se trasladó a este emplazamiento para aprovechar las aguas sobrantes del pilón. No hemos podido precisar la fecha exacta de la construcción del edificio, pero consideramos que debió realizarse en los años centrales del siglo. Por esas décadas se proyectó también el arrecifado de la Carretera Nacional que había tomado, a su paso por este lugar, una trayectoria distinta a la del antiguo Camino Real, quedando la fuente por debajo del nivel del nuevo arrecife o calzada.

No cabe duda que la variación de la carretera redujo el tránsito de animales y carruajes por el trazado del antiguo camino que llegaba a la fuente y continuaba en dirección a Vado Ancho, dedicado en exclusividad, a partir de esos años, al uso de los transeúntes locales. La consolidación del lugar como emplazamiento del matadero ocurrió en 1871 con la construcción de un nuevo edificio sobre el solar del primero, según las condiciones estipuladas en el concurso de las obras. Entre las clausulas recogidas, la número cinco regulaba la utilización del agua de la fuente:

 

Habrá de construirse una cañería de plomo que lleve las aguas de la fuente llamada de la Membrilla al cuerpo de matanza colocando en este el pilar que hoy existe a dicho efecto proveyéndole de un grifo para tomar el agua necesaria[3]

 

Una década después se acometió unas importantes obras en el entorno de la fuente, labor que le otorgó las formas y situación en la que permaneció durante más de un siglo. La fuente se situaba haciendo esquina al Camino Real y su pilón, construido en mármol rojo, presentaba forma hexagonal:

 

El mismo una taza de tres y media cuarta de largo por tres de ancho que será la que reciba las aguas de los caños que se coloquen en la frontal de dicha fuente, y cuyas piezas serán todas ellas de jaspe pulimentado. También se obligará a construir a sus expensas el empiedro de chinos del terreno cedido a favor del público, así como a cubrir la zanja y cañería que ha de abrirse y construir por cuenta de esta Corporación para la traída del caudal de aguas de la referida fuente. Por último, el peticionario ha de obligarse a costear de su cuenta los desperfectos y descomposición de la nueva cañería que se construya desde el trayecto en que hoy se haya colocada la fuente hasta el nuevo pilar que ha de formarse[4].

 

Hasta el siglo XX no hemos encontrado los primeros indicios que anuncian la  transformación que experimentaba este lugar con la construcción de las casas que conformaron el embrión vecinal de la actual calle. Un referente significativo aparece en las actas capitulares de 1923 donde se recoge explícitamente que se arreglase la calle Matadero[5]. La mencionada calle comprendía el  tramo de camino que abarcaba desde la salida de la calle Membrilla hasta la fuente. Esta referencia es determinante para señalar el inicio del proceso de urbanización de la zona, al denominar como calle al tramo de camino, y contabilizar los edificios existentes, como eran el propio matadero y varias casas (bateas), que se habían levantado alineadas con el mismo.

La primera referencia documental que prueba la presencia de vecinos en este entorno corresponde al padrón de habitantes de 1931. En dicho documento, en la sesión denominada Membrilla, se apuntaron viviendo en la Inesperada el matrimonio formado por Isidoro Llamas Pérez, de 52 años, y de profesión albañil, y Teresa Mejías Hurtado de 45[6]. Un nuevo registro aparece en 1935 donde se recogió, dentro del apartado calificado como extramuros, una inscripción en la que se lee literalmente: “La Inesperada” (tres familias)[7]. En el padrón de habitantes de 1940 aparece la misma y única familia que se apuntó en 1931. La Inesperada se registró como tal, también, en el callejero del padrón de habitantes de 1954.  Si atendemos a estas informaciones podemos considerar que las primeras casas de la calle (zona del matadero), se levantaron durante las décadas iníciales del siglo XX.  Por ese tiempo se construyeron también varios edificios situados en el extremo contrario del camino, correspondiendo uno de ellos a la casa de citas conocida como la “Visera”. En este lugar se ubicaron también dos bateas cuyas fachadas daban a la carretera y sus traseras al camino de la Inesperada: la primera la habitó Baldomero Ballesteros González y Carmen Cañadillas Zurera,  y fue parada de los “corsarios” que trasladaban las mercancías por la carretera desde Córdoba a Puente Genil.

La consolidación urbana de la zona se produjo en la década de 1960 cuando se construyeron -siguiendo la alineación del margen izquierdo del camino-, un grupo de casas (bateas), que en un número cercano a la docena conformaron definitivamente la única acera con que cuenta actualmente la calle. En las décadas siguientes se prolongó el trazado hasta alcanzar unir con viviendas los dos tramos del camino que se habían originado inicialmente: el del Matadero y el de la casa de la Visera. En la década de 1970 se construyó un nuevo matadero sobre el solar del antiguo y en la de 1980 se asfaltó por primera vez el antiguo camino, transformándose en la actual calle. Para hacer converger la alineación del primer tramo de la calle con el trayecto del matadero se desplazó varios metros la ubicación de la fuente, lo que provocó la pérdida del antiguo pilón hexagonal de mármol, construyéndose uno nuevo de mampostería sin interés arquitectónico ni ornamental.

En el transcurso de esos años aconteció el único cambio de nomenclatura que ha experimentado. En 1975 el Ayuntamiento la rotuló con el nombre de Isabel de Solís[8],  nomenclatura que mantuvo hasta 1979 cuando se le adjudicó nuevamente la primitiva de calle Inesperada[9]. Con ocasión de este último cambio se unificó bajo la misma nomenclatura los dos tramos, ya que anteriormente al trayecto de camino que iba al matadero desde la calle Membrilla se le denominaba calle Matadero. Sí se ha conservado en el acervo popular, ya que no hay rótulo que lo manifieste, la denominación de Cuestón del Matadero al empinado tramo de calzada sin viviendas que sube desde la fuente a la carretera, dando frente al edificio del matadero.

 

NOMENCLATURAS

 

CAMINO REAL: responde a una de las denominaciones más primitivas que recibió el camino sobre el que se asienta la actual calle en los siglos XVI y XVII. Tratándose de un tramo del primitivo camino que unía Córdoba – Málaga.

 

CAMINO DE LA CRUZ DE ROQUE MORA: aunque no responda a una nomenclatura propiamente dicha, la recogemos por ser numerosísimos los documentos en los que se haya referenciada, señalando que dicho camino correspondía al que subía desde la Fuente de la Membrilla hasta las Eras del Tostado o la Hormigosa.

Ningún dato biográfico hemos conseguido reunir sobre el citado Roque de Mora. Solo una cita de las actas capitulares de 1695 recoge este nombre haciendo referencia a un carpintero, pero no podemos precisar que coincida con el personaje que otorgó el nombre al camino.

 

Asimismo mandó que el dicho Jerónimo de Gálvez mayordomo de los Propios de dicho consejo de y pague a Roque de Mora, maestro de carpintero vecino de esta villa treinta reales por los mismos que ha comportado el aliño de escaños que dicho concejo tiene en la iglesia Mayor de esta villa[10].

 

 

CALLE INESPERADA: no se conoce con exactitud la etimología de esta palabra. Valoramos como hipótesis que pudo derivar del nombre que se le dio a alguna “casilla”  que existió en este entorno, y que pudo corresponder a la primera construcción que hemos detectado en este lugar a principios de siglo XX.

Como hipótesis planteamos también que dicha nomenclatura se generarse por la deformación oral del nombre de Inés Pereda (Inesperada), personaje que pudo ser propietaria de alguna porción de terreno en este entorno[11].

 

CALLE ISABEL DE SOLÍS: seguramente tuvieron en cuenta los munícipes que rotularon la calle con el nombre de Isabel de Solís la existencia de la Fuente de la Membrilla en esta lugar, a la que una atrevida hipótesis pretende relacionar con la leyenda que narra el rapto, por los moros granadinos, de una niña que jugaba junto a una fuente en las afueras de la villa de Poley. La leyenda se sitúa cronológicamente en torno al año 1480. Esta niña, llamaba Isabel de Solís, acabaría casándose con el rey de Granada, Muley Hacen, y reinaría con el nombre de Zoraya[12].

 



[1] CABEZAS PÉREZ,  Francisco. Las Fuentes y el Agua…, p. 65.

[2] AMA. Acta Capitular 20 noviembre 1604. Leg, 84.

[3] Ibidem. 23 marzo 1871. Leg, 133.

[4] Ibidem. 13 agosto 1885. Leg, 137.

[5] Ibidem. 23 julio 1923. Leg, 145.

[6] AMA Padrón de Habitantes 1931, Leg. 234.

[7] Ibidem.  1935, Leg. 235.

[8] AMA. Acta Capitular 25 abril 1975. Leg, 150.

[9] Ibidem. 25 mayo 1979. Leg, 151.

[10] Ibidem. 1965,p. 326, Leg. 98

[11]  Esta información me ha sido facilitada por Angel Cardo García, responsable de la oficina catastral del Ayuntamiento de Aguilar, quién sostiene haber comprobado documentalmente dicha aseveración.

[12] PALMA VARO, José. Apuntes para…, p. 380.