escanear0074Antonio Maestre Ballesteros

Teatro y cofradías en el Aguilar del pasado siglo XX

No es novedosa en Aguilar la vinculación del mundillo teatral y la Semana Santa. Se dio en tiempos atrás y se renueva en la actualidad cuando la mayoría de las iniciativas culturales de estas características parten o se cimientan en el entorno de los círculos cofrades.

La afición al arte escénico en la vieja Ipagro viene de antiguo. Por las noticias que conocemos, se constata que el interés por las representaciones teatrales, al menos durante el pasado siglo XX, tuvo su epicentro en el entorno de algunas cofradías, de cuyos listados de hermanos se nutrieron los repartos de actores aficionados que dieron vida a los festivales en los recintos escénicos del pueblo.

Algunas cofradías fueron las promotoras de funciones, cuya finalidad trascendía a lo estrictamente cultural, y acababan postulando recursos para la adquisición de tronos, mantos, coronas, etc. Hemos advertido en el estudio, que esta presteza  de las hermandades penitenciales  por el arte de la interpretación coincide con periodos de florecimiento de la propia fiesta pasionista, al coincidir en ambos ámbitos personas que vivieron intensamente el mundo de la escena y el de las procesiones.

Si en la actualidad la cofradía de Jesús Preso ha sido la pionera en la reactivación del fenómeno,  en épocas anteriores, principalmente en los años centrales del siglo pasado, fue la cofradía de la Virgen de los Remedios, a cuya cabeza estaba Carlos Fernández, quien llenó el coliseo del Teatro Español con representaciones que ayudaron a sufragar la restauración del manto de la Virgen. Tiempo que marcó a toda una generación de actores locales.

Un interesante artículo de la prensa provincial nos permite aseverar que estas iniciativas se desarrollaban ya en las primeras década del siglo XX, con festivales como el promovido por la Cofradía de Jesús Nazareno, y auspiciado por Agustín Aguilar Tablada, antiguo hermano mayor, para la adquisición de las andas de Plata Meneses  que se estrenaron en el año 1910.

Ese mismo año se celebró la referida velada teatral en “Las Flores”, único espacio escénico que existía en aquellos años, constituyendo un  éxito en todos los ámbitos, tal como refleja en su dilatada nota el reportero que envió el Diario Córdoba para cubrir la noticia. Su lectura revela el virtuosismo de los actores y actrices que participaron,  además de recoger con detalle la relevancia social  de las familias que acudieron al evento, tanto de Aguilar como de Montilla.

Interesantísima es la observación que hace el periodista, al captar en su corta estancia en el Casino Aguilarense,  el contexto caciquil que envolvía la elite social de la población en aquellos años, circunstancia que ha determinado en gran medida la historia moderna de nuestro pueblo. Pero esto sería cuestión para otro artículo.  El del anónimo corresponsal se redactó en éstos términos:

Crónica del Diario Córdoba

Conocedor el Diario Córdoba de que en Aguilar se celebraba hoy una función cuyos productos íntegros habían de destinarse a satisfacer el importe de unas andanadas de plata para sustentar la imagen de Jesús Nazareno, a la que en Aguilar se profesa una gran devoción, este periódico en su deseo de informar a los lectores, no vaciló ni un solo momento, como en otros casos ha hecho, en designar a uno de sus redactores para que se trasladase a la dicha población y desde allí remitiese una amplia información de la fiesta.

Fui designado para llevar dicho cometido, y en el primer tren remito estas cuartillas, en las que consigno unas ligeras impresiones de cuanto he visto en referida fiesta, digna de mayor elogio, sintiendo no haber podido enviarla por telégrafo a causa de ser la de Aguilar estación limitada. 

Al apearme del expreso, en donde realicé el viaje de ida, fui gratamente sorprendido por la hermosa fábrica que en la misma estación tienen instalada los señores Carbonell, industriales laboriosísimos, en la que se producen jabones, aceites, y otros artículos similares, siendo por lo tanto muy beneficiosa para esta población, pues las primeras materias destinadas a la elaboración, aquí se adquieren, y al mismo tiempo se proporciona trabajo a un número considerable a obreros aguilarenses.

Un coche me condujo al pueblo, y cerca de él, y a un lado de la carretera puede verse una hermosa salina, cuya explotación se realiza aún por los procedimientos más primitivos.

 Al detenerse el vehículo me halle en la plaza principal, en donde está situado el paseo, pequeñito e igual al de casi todos los pueblos. En uno de los extremos se encuentra el Casino Aguilarense. Varios socios, sentados en cómodas butacas, charlaban en su puerta. Me pareció oportuno dirigirme a dicho lugar e hice que me sirviesen el desayuno.

Entre tato, pude oír una acalorada conversación que, la verdad, no me hizo buen efecto, yo creía que en un pueblo agrícola, como Aguilar, no se hablaría más que de industria y cosechas, de los medios más útiles y económicos de recolectarlas, pero jamás pensé que el caciquismo o lo que sea (pues no tengo interés en saberlo) llegase hasta allí.

Tales señores de mal humorado ceño, discutían si debían o no saber satisfacer la cuota que por reparto se les había impuesto. Todos hablaban y discutían al mismo tiempo, aquello era imposible, y yo, poco aficionado a la política, abandoné el lugar y decidí irme a descansar un rato.Explorar2003

Por la tarde recibí la muy grata visita de mi amigo Pepito Carrillo, que me sirvió de cicerone en el pueblo, para mí desconocido. Bien pronto se nos unieron otros amigos y me invitaron a dar un corto paseo por la carretera de Montilla con objeto de esperar a diversas familias que de dicha ciudad venían a esta para presenciar el festival.

Desde luego acepté la invitación  y momentos después y en unión de aquellos simpáticos jóvenes marché en el coche de don Luís Clavería, carretera adelante. Los visitantes no se hicieron esperar mucho, con ellos regresamos a Aguilar ya entrada la noche. Abandoné a los amigos y me dirigí a la fonda las Flores, en cuyo lugar se encontraba instalado el teatro, que tiene el mismo título que la fonda. La cual también es restaurante, café, etc. Y en donde se celebran banquetes de trescientos cubiertos y mitins a granel. El propietario, Antonio José Varo, es un acreditado industrial aguilarense que, por lo que pudo observar, goza de generales simpatías.

En esta población noté con gusto que el público es más puntual que en Córdoba para asistir a los espectáculos, pues a las nueve y media, hora anunciada para comenzar la función, caso todas las localidades de aquel pequeño y alegre teatro estaban ocupadas.

Entra la infinidad de hermosas jóvenes y distinguidas familias de Montilla, que tuve la satisfacción de ver, recuerdo en estos momentos  a los siguientes señores: de Pola, García, Valderrama, Cabello, Cuesta, Salas, Puig y Algaba. Y señoritas de Requena, Rioboo, Subielas, Garnelo, Gallego, Méndez y Gómez.

También vi a los señores Navarro (don Ricardo), Rioboó, Cabello Gómez, Villalva (don José y don Manuel),Huertas, Valderrama, Velasco, Rivas, Henado, Requena, Heredia, Garramiola, Gracia, Ruz y Cuesta.

De Córdoba, a más de nuestro diputado don Ricardo Aparicio, recuerdo haber visto a don Rafael Carrillo y familia, a don Mariano Algaba y familia, ya don Antonio y don Francisco Quintero Cobo. El teatro presentaba un bonito golpe de vista, a lo cual contribuía poderosamente la hermosura de aquel ramillete de mujeres de Aguilar y Montilla.  Declaro que  no vi ni una fea. Todas eran lindísimas, y se presentaron muy bien ataviadas.

Próximamente a las 10 empezó la función. La primera obra representada fue el drama de tres actos en verso, original del inmemorial escritor, Don Luis de Eguilar, la Vaquera de la Finojosa.

La interpretación a cargo del señora doña  Dolores Cosano de Nieto, dtçe las señoritas Concepción Polo de Aguilar Tablada y Rosario Doñamador y Tíscar, y de los señores don Agustín Aguilar Tablada, don Elipio del Pino y Martín, don Enrique  Aguilar Tablada, don Francisco Calvo Rubio y Cámara, don Ricardo Padín y Rodríguez Silva, y don Manuel Doñamayor y Tíscar, fue excelente y en distintos pasajes de la obra hubo que suspender la representación para que los notables aficionados  recogiesen los aplausos del auditorio.

También contribuyeron al éxito las señoritas Natividad Carrillo Ricafor,  Elena Aguilar Tablada, y Auxilio Castillo  que se presentaron lindamente ataviadas de aldeanas, las  niñas Dolores Nieto y Pepita Varo que hicieron dos monísimos pajes, y los distintos jóvenes: don Rafael Aparicio, don Enrique Sánchez, y don Luís Claverías, que actuaron de villanos y manteros.

La obra fue puesta en escena con gran lujo y propiedad tanto por lo que respecta a decorado como a vestuario como atrezo,

Después de un corto descanso presentose el juguete cómico en un acto y en prosa, arreglado a la escena española  por Don Ventura de la Vega, en  cuya interpretación tomaron parte las señoritas Carmen Doñamayor y Natividad Carrillo, y los señores don Nimencio Heredia, Aguilar Tablada, Pino Martín y Padín,  que tenía a su cargo todo el peso de la obra, pues los demás personajes son figuras secundarias. Supo interesar desde la primera escena al público realizando una labor verdaderamente artística.

Para final se representó el juguete cómico en un acto y en prosa del aplaudido autor don Joaquín Abati, nominado Azucena. Las señoritas Doñamayor y Melero, y los señores Heredia, Pino, y Calvo rubio obtuvieron muchos aplausos en su interpretación. En las primeras horas de la madrugada termino la fiesta.

Don Agustín Aguilar Tablada, iniciador de ellas, y director de escena, fue muy justamente felicitado, y yo también le doy mi enhorabuena más cumplida. Después, en un pequeño jardín situado en uno de los lados exteriores  del teatro, obsequiose a todas las señoritas  que asistieron al festival con un chocolate muy bien servido por la fonda “Las Flores”.

Seguidamente improvisose un baile, para lo cual se desalojó el patio de butacas, quedando un amplio salón en donde el elemento joven pasó varias horas entregado a su placer favorito hasta que empezó a clarear el nuevo día.

Y ahora, para terminar esta información, hecha a vuela plumas, pues la premura de tiempo no permite otra cosa, doy las más expresivas gracias, no solamente a don Ricardo Aparicio, diputado por Córdoba, por las atenciones que tuvo conmigo, sino a todos los buenos amigos de Aguilar y Montilla, pueblos hospitalarios de grado sumo, que saben colmar de agasajos a los forasteros, como lo hicieron conmigo, por lo cual jamás olvidaré las gratísimas horas que he pasado en Aguilar.

Aguilar 16 (4 de la madrugada)