12002227_1184691608224366_3995068208799988361_nQuien pudo de tal manera

Labrar esa noble y severa

majestad llena de calma

no fue una mano, fue el alma la que talló tu madera.

Con tan  excelsas palabras el poeta  gaditano describió  la magnificencia escultórica del Cristo de la Buena Muerte de  su ciudad, y bien podrían emplearse para destacar la valía artística de otros muchos crucificados que descuellan en pueblos y  ciudades andaluzas.

La cofradía del Cristo de la Expiración ha complido 75 años, y con motivo de tal aniversario  pudimos contemplar en procesión a la portentosa imagen con luz solar, ya que  la Estación de Penitencia en la madrugad del Viernes Santo la realiza con el alumbrado público apagado en señal de duelo.

Esta oportunidad nos ha permitido apreciar con mayor nitidez el valor artístico de una escultura que, a pesar de haber sufrido la mutación de su policromía original, mantiene los rasgos estilísticos que permiten aventurar hipótesis sobre su posible origen y autor. Superado el tiempo en el  que cualquier imagen de mérito  artístico era considerada obra de Martínez Montañés, y en nuestro pueblo se le adjudicaron al maestro alcalaíno varias, poco a poco los rigurosos estudios históricos van arrojando luz sobre ellas, datándose irrefutablemente sus autorías, y cuando no, realizándose atribuciones más o menos fundamentadas a través de estudios que permiten establecer analogías estilísticas entre imágenes de un mismo escultor o su escuela.

En Aguilar, y con referencia a su iconografía pasionistas más antigua, sigue existiendo un gran vacío documental que impide conocer con precisión la autoría de estas portentosas efigies. Si exceptuamos al Cristo del Santo Sepulcro, que fue ejecutado por el enigmático escultor cordobés Tomas del Risco, sobre las demás imágenes sólo se cuenta con atribuciones que apuntan, algunas con bastante fiabilidad, al nombre o entorno del imaginero que las talló.

Que Jesús Nazareno y la Virgen de la Amargura son herederas de la estética de la escuela barroca granadina de los Mora es más que evidente, aunque mientras no aparezca el documento que lo acredite no se podrá transferir la autoría a José de Mora, ya que pudo salir de las manos de su hermano Diego, o de los seguidores: Risueño, Ruiz del Peral, etc.

Que la cabeza y manos del cirineo nazareno fue ejecutada por Martínez Montañez parece más que acreditado tras desvelarse la posible procedencia  de la mismas  de la casa profesa de los jesuitas sevillanos, y ser el acomodo de un santo de esta Orden como cirineo del Señor de Pasión, a cuya cofradía la adquirió la de Aguilar en 1960.

Que Jesús Caído y la Virgen de las Angustias muestran con certeza los rasgos del quehacer del escultor dieciochesco valenciano, afincado en Sevilla, Blas Molner,  es más que evidente, aunque esto no sea suficiente para certificar su paternidad.  Igual ocurre con Jesús Preso y el Cristo de la Columna de la Veracruz, tallas que manifiestan claramente su semejanza al estilo de granadino Alonso de Mena, o su taller  y escuela.

A falta de un estudio sobre la posible autoría del crucificado del Carmen, la bella imagen ha sido atribuida recientemente por Ricardo Llamas al granadino, afincado en Málaga,  Pedro de Mena, o a su escuela. Una teoría que personalmente comparto. La nariz ancha, de tabique grueso, y con orificios nasales muy abiertos, la barba pegada al mentón, con el pelo en dirección oblicua hacia la barbilla, o el modelado del entorno de los ojos y el entrecejo, recuerdan claramente a las obras de Mena.

Cronológicamente está perfectamente emplazado en los años que vivió el meritorio escultor ya que la construcción de su capilla en la iglesia de los Carmelitas de Aguilar por Alonso del Valle Becerra se fecha en el siglo XVII, tiempo en el que mantuvo abierto su taller el citado imaginero.

imagesUna comparativa gráfica con imágenes documentadas de Pedro de Mena, como el desaparecido Cristo de la Buena Muerte de Málaga, conocido como el Cristo de Mena, avalan la hipótesis expuesta, ya que son  evidentes los rasgos compartidos con el Cristo de la Expiración de Aguilar. Aún así, esta hipótesis conlleva todos los reparos posibles, ya que nada está acreditado mientras no haya base documental que lo certifique.

Como disyuntiva sobre la teoría expuesta, podemos reseñar también algunas coincidencias estilísticas con la prolífica obra de Bernardo de Mora (1614-1684), padre de José y Diego de Mora. El mayor de los Mora estuvo en el círculo de Pedro de Mena. Cuando  Mena marcha  a Málaga en 1658 para realizar la sillería del coro de la Catedral, Bernardo de Mora se hará cargo de un gran volumen de trabajo, convirtiéndose en el escultor más destacado de Granada  tras la muerte de Alonso Cano en 1667. Fue Bernardo quien debió asumir el grueso de la demanda escultórica en Granada durante buena parte de la segunda mitad del seiscientos, saliendo de su taller imágenes para la provincia de Córdoba la del Nazareno de Monturque.

La influencia de Bernardo de Mora en Pedro de Mena, y la reciprocidad en el estilo y rasgos de sus obras  está más que evidenciada y acreditada por estudiosos de la materia, por lo que en ocasiones resulta difícil discernir la autoría de imágenes que bien podrían proceder del taller que compartieron ambos en Granada, o de los talleres que regentaron individualmente, el primero en la ciudad de los Cármenes y el segundo en Málaga.

Este supuesto no contradice en nada   la vinculación primera de que el Cristo de la Expiración saliese del taller de Pedro de Mena, solo introduce un elemento más a considerar.

Antonio Maestre Ballesteros