f La Felipa de la calle Don Teodoro.

Aunque en la actualidad no sea una cuestión que suponga ningún quebranto para las autoridades municipales de Aguilar, en otros tiempos, no muy lejanos, sí constituyó una de las problemáticas que tuvo que afrentar  el Ayuntamiento y las fuerzas de vigilancia y seguridad, léase: municipales y guardia civil. Las actas capitulares se hacen eco de los numerosos litigios que se originaron en el pueblo en el trascurso de los siglos por el que se conoce como “el oficio más viejo del mundo”

Las  casas de prostitución  establecidas en el casco urbano  fueron focos permanentes de conflictos que generaron no pocos quebraderos de cabeza a los ediles y alcaldes, que se veían, en muchas ocasiones, impotentes para dar solución definitiva a una actividad que, sin estar prohibida expresamente, sí era considerada deplorable por una sociedad que la toleraba, pero que la denigraba socialmente.

Entre los muchos ejemplos que podríamos exponer sobre esta cuestión, hemos seleccionado el que se originó en el año 1878 en la calle D. Teodoro, ante la denuncia que presentaron los vecinos contra Felipa Pineda, que regentaba la casa de prostitución establecida en la casa nº 16 de la céntrica y popular calle. Recordemos que en esas fechas, la Plaza de San José acogía el Mercado de Abastos y era el lugar de encuentro y contratación de los jornaleros  para las faenas agrícolas, lo que convertía al monumental recinto y las calles que daba acceso al mismo en la zona más comercial y concurrida de la población.

Esta característica atraía a los negocios para establecerse en este  entorno urbano, y como vamos a conocer con este breve artículo, entre ellos  se incluían  los denominados, con eufemismo, “ casas  de mujeres alegres”. La actividad en la casa de la Felipa generaba de forma asidua muchas algarabías, además de otros males, que llevó a los vecinos de la calle a unirse para denunciar ante el Ayuntamiento la situación, y reclamar el cierre del  negocio, o como mal menor, su traslado a otros lugares más apartados del centro de la población.

La revuelta de los vecinos la encabezó Francisco Cabezas, y expusieron su problema y reivindicación en una carta que enviaron al alcalde en estos términos:

Francisco Cabezas García de la calle D. Teodoro nº14 y demás vecinos cuales son, Antonio Perea, Mateo González, José Acero, Pedro León, Ricardo Serrano, Francisco Yago, Cristóbal Rodríguez, y Juan Gálvez Carrillo, A. Usted con todo el respeto y atención debida hacen presente: que siendo todos padres honrados que se esmeran en dar a sus hijos la mejor educación que le es posible, cada cual en su clase, se les presenta el mal inconveniente del mal ejemplo de la casa de prostitución de Felipa Pineda que vive en la misma calle Nº 16, los padres como los que dicen que tienen hijas mocitas que oyen escándalos infames, y con maneras y hechos asquerosos propios de esas mujercillas desagradecidas, que vienen viviendo con esa vasta desmoralización: los hijos pequeños  que cualquier cosa les llama la atención y que es imposible de evitar cuando hay un alboroto de palabras soeces como acostumbran esta clase de gentes dando con su mal ejemplo una infernal doctrina a la juventud.

Y por lo tanto recurrimos a usted rendidamente suplicando se sirva disponer que la dicha Felipa y sus pupilas, fijen su residencia en una calle excusada de uno de los cabos de barrio de la población , donde el vecindario honrado no las oigan ni den mal ejemplo a la vecindad.

Es justicia que pedimos s a nuestro alcalde, cuya vida guarde Dios muchos años 

Aguilar 27 junio 1878.

El ambiente que describen los vecinos en su carta se asemeja bastante a lo que pudo ser la realidad que sufrieron estas personas o familias, ya que en la documentación de tiempos pretéritos y en la de la primera mitad del siglo XX las denuncias sobre el tema repiten argumentos y evidencias. Cuestiones de seguridad, moralidad, y decencia, son el eje de los reproches que hacen los vecinos al Ayuntamiento cada vez que se denuncia el ejercicio de la actividad en las “casas de putas”.

Pocos días transcurrieron desde la recepción de la denuncia vecinal hasta que el Ayuntamiento les dio respuesta. Una respuesta en la que el Cabildo se posicionaba claramente a favor de la tesis de los dignificados, y exigía a la Felipa que trasladase su negocio hasta las afueras del pueblo, aunque sin clausúraselo. El mandato el alcalde es bastante explicito:

Por Francisco Cabezas García y otros vecinos habitantes de la calle D. Teodoro quejándose de los escándalos e inmoralidad que tienen lugar en la casa de prostitución Nº 16, a cargo de Felipa Pineda y solicitando el amparo de este Ayuntamiento para que ponga coto a aquellos actos  que pugnan con la moralidad y con el buen nombre de una población, los señores concejales por unanimidad acuerdan  se haga saber a Felipa Pineda mude su domicilio a una calle excusada de esta ciudad, previniéndole que si en el plazo de quince días no queda cumplimentado este mandato, desaloje la población o por lo contrario será remitida por conducto de la Guardia Civil a disposición de excelentísimo Señor Gobernador Civil de la provincia.

Aguilar 4 de julio de 1878.   

Desconocemos si finalmente se ejecutó el precepto en los términos que dictaminó la autoridad municipal. Si así fue, la casa de la Felipa pudo corresponder a algunas de las que existieron hasta hace algunas décadas en lugares como la Inesperada o los Cuatro Vientos, (actual calle María Coronel ).

Antonio Maestre Ballesteros.