OLYMPUS DIGITAL CAMERA Rezando al Cristo de la Salud y conspirando contra la Constitución

De los avatares políticos del siglo XIX, que no fueron pocos ni pequeños, da cuenta en el ámbito local las actas capitulares del Ayuntamiento de Aguilar y demás legajos que se conservan en el archivo histórico municipal, como la correspondencia oficial, donde hemos hallado un curioso escrito que refleja claramente la segmentación social y política que se vivió en el pueblo a cuenta de la animadversión entre liberales y absolutistas o carlistas, y  posteriormente entre liberales moderados y progresistas.

El documento se fecha en agosto de 1837, año de especial incidencia de las disputas tras el enfrentamiento entre moderados y progresistas, hecho que había impidió el normal desarrollo y aplicación de las reglas del Estatuto Real, lo que  condujo al motín de los sargentos de la Granja en agosto de 1836. Esto forzó a la Regente María Cristina a restaurar la Constitución gaditana de 1812, y a que se constituyese un nuevo gobierno de corte progresista, poniendo fin a la breve existencia del citado estatuto y restaurando durante un breve período de teimpo,1836-1837, la Constitución de Cádez “la Pepa”, bajo el gobierno progresista que preparaba la Constitución de 1837.

La vuelta a la Constitución de 1812 admitía las modificaciones que el paso del tiempo pudiese hacer necesarias. Los partidarios del sistema constitucional defendían a  ultranza a éste, esperando a tal efecto unas nuevas Cortes, elegidas expresamente con el carácter de constituyentes en octubre de 1837, que iniciaran los preparativos de la reforma constitucional.

El documento del archivo municipal nos sitúa cronológicamente  a mediados del mes de agosto, pocas semanas antes de que se reunieran las cortes constituyentes, que sería en octubre. Por lo tanto, el sigilo que muestra el alcalde para preservar la legalidad constitucional se refiere a la Carta Magna de 1812, que era la que estaba en vigor. El recelo municipal fue contra un “sacristán” o santero que tenía a su cargo  la ermita del Cristo de la Salud, y al que se imputa la fechoría de utilizar dicho inmueble  y ciertos actos religiosos para confabularse contra el gobierno progresista.

El documento nomina al mayordomo conspirador como Juan Linares, curiosamente el mismo nombre que da al presbítero que proponen para destituirlo. O es casualidad, o es un error del escribano que redacto el texto, inclinándonos más por el segundo supuesto.

Carta.

Habiendo observado el Ayuntamiento de mi presidencia que Juan Linares, mayordomo y encargado en el aseo y cuidado  del santuario del Señor de la Salud de esta villa admite en su ermita reuniones de personas sospechosas a la justa causa constitucional so pretexto de rezos y otras devociones, y teniendo como antecedente que su conducta política no es favorable a la justa causa porque en el pronunciamiento de triste recordación no dejó de manifestarse así contribuyendo a los escándalos  y excesos que se cometieron, acordó suspenderle de dicho encargo  y nombrar en su lugar al presbítero Juan Linares de esta vecindad, que por su adhesión a nuestras savias instituciones merecía la confianza de esta Corporación, evitando por este medio aquel mal ejemplo que producían unas reuniones tan clandestinas, que por conveniencia no podían llevar otro objetivo que maquinar, redimir y alarmar con muchas ideas que generalmente se conoce en esa serie de obstinados secuaces del despotismo.

Mandándose pusiese esta medida en conocimiento de usted, como lo ejercito a los fines conducentes Aguilar 16 agosto 1837.

 

Antonio Maestre Ballesteros