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Tres señoras paran a Antonio Maíllo en el puente de Triana. «¡Qué alegría verle tan bien!», le dicen, mientras le escuchan y le agarran con cariño. «Estoy fuerte, con un tratamiento de quimio», explica a las desconocidas. El coordinador general de IU en Andalucía regresa a la política tras una baja de tres meses por un cáncer de estómago. Maíllo responde a esa cercanía con una naturalidad al hablar de su enfermedad que les sorprende. Cáncer, cambio, vulnerabilidad. Palabras que se mezclan en el discurso de un profesor de latín que, quizá por deformación profesional, hace pedagogía hasta con su dolencia.

Usted desconectó de la actualidad para rebajar el nivel de estrés mientras afrontaba su tratamiento. Cuando ha vuelto, ¿ha sido una especie de Good Bye Lenin o se ha encontrado todo igual?

No me ha sorprendido la situación de impasse y parálisis en la capacidad del Congreso para la elección de un Gobierno. Me alegra enormemente el papel de Alberto Garzón, que no sólo ha representado con muchísima dignidad al millón de votantes de IU, sino también a muchos otros ciudadanos que se sienten identificados con la estrategia honesta y muy coherente de contribuir a un cambio político en España. A nivel andaluz no tengo la sensación de haberme perdido nada significativo.

En el Parlamento habló de los políticos que se creen invencibles.

La política lleva un ritmo tan desaforado que no contempla ningún desfallecimiento. En las personas que integramos el Parlamento hay muchas virtudes, pero la humildad no es de las primeras. Cuando te ocurren estas cosas, que son pura vida, tienes una profunda cura de humildad: se encarna y se trasluce toda la vulnerabilidad humana. No obstante, en la política se construye una suerte de infalibilidad. En los ambientes políticos no consta debilidad ni vulnerabilidades, cuando eso forma parte de la vida y tiene que formar parte de la política. De hecho lo hace aunque no queramos admitirlo.

¿A eso se refiere cuando aboga por humanizar la política?

A darle ternura. La política es profundamente humana, y tiene una exageración tanto en sus miserias como en sus grandezas. Yo aspiro a que sea más tierna. No podemos estar con este nivel de crispación, que en el fondo es ruido, y que lo único que provoca es la desconexión de los ciudadanos. Ahora hay una oportunidad con la politización de capas juveniles y personas a las que se les han roto todos los esquemas para hacer pedagogía de una nueva forma de hacer política. A eso aspiro.

En Andalucía llevamos un año de legislatura hablando de la marcha de Susana Díaz a Madrid.

odavía tiene la oportunidad de evitar que la inanidad sea la característica principal de su Gobierno. Puede convertirlo en audacia política con leyes que son necesarias desde el punto de vista político y social. O puede seguir en una suerte de eterno retorno en la repetición de iniciativas que no se traducen en nada. Existe el riesgo de que el Gobierno de Díaz no sea más que una gestión de lo existente, con ausencia de un objetivo estratégico. Una suerte de posmodernismo andaluz en el que lo formal prevalece sobre el contenido.

IU formó parte de ese Gobierno y Díaz lo rompió. ¿Se arrepienten?

No es una cuestión de arrepentimiento, sino del análisis de que elPSOE, cuando hay dudas, siempre se acerca al sistema en vez de a la alternativa. No tiene espíritu de reforma.

¿Y aún así quieren pactar con el PSOE a nivel nacional?

Nosotros hablamos de contribuir a un Gobierno de cambio pero sin participar en él, aunque eso dependería de los militantes.

El Partido Comunista de Andalucía va a llevar al congreso del PCE una propuesta para que IU abandone la forma de partido político e inicie una transición hacia un movimiento social. ¿Eso qué significa?

Es lo que siempre hemos aspirado en IU, a ser un movimiento político y social, una suma de activistas y que abandone la burocratización o el excesivo institucionalismo. Y desde una confianza en este proyecto político que tiene 30 años de historia, bagaje ideológico, estructura organizativa y trabajo de militancia, y que tiene la clave estratégica para lograr lo que se denomina ruptura democrática. No es nada nuevo. Hay que dar más importancia al trabajo social que al exclusivamente electoral.

Se plantea también la superacion del proyecto político de IU. ¿Quiere el Partido Comunista ir en solitario?

No, el PCE no plantea eso, más bien lo contrario. Como coordinador de IU en Andalucía, creo que estamos ante un reto formidable para una asamblea de ilusión. No queremos ser el lado izquierdo amable del sistema, queremos ser una alternativa desde la izquierda a un sistema que no satisface las demandas de la mayoría social. IU ha acertado mucho en los diagnósticos: como las consecuencias de Maastricht o la locura de la especulación del ladrillo, pero tenemos una debilidad: no hemos canalizado frustración social. Tenemos que adaptar el instrumento a esas limitaciones. Ése es el reto.

Eso suena mucho a Podemos.

Nosotros tenemos un profundo bagaje ideológico y referentes políticos. Nos compara con un proyecto novedoso, que es verdad que ha canalizado mucha frustración. Ellos harán su debate y creo que están afrontando un análisis erróneo del momento político actual.

¿Por qué?

Creo que Podemos y el PSOE se tienen que dejar de tacticismo y contribuir a la satisfacción de un Gobierno de cambio. La audacia política de Alberto Garzón hará que mucha gente que votó a otras opciones volverá a IU si hay elecciones.

¿Votantes de Podemos?

Sin lugar a dudas.

Usted es uno de los baluartes orgánicos de Alberto Garzón y como él defendió la confluencia.

La confluencia la defiende esta organización sobre dos hechos: coincidencia programática y objetivo político. Pero jamás integrarnos en Podemos, porque somos un proyecto político autónomo que quiere seguir siendo reconocido como tal. La absorción no es el camino.

¿La ruptura interna de Podemos puede impedirlo?

Ese debate me recuerda al que tuvimos en la primera mitad los 90 en IU. Tenía que ver con Mastrich y si queríamos ser la izquierda del sistema para apuntalar una de las partes, el PSOE, o por el contrario construir una alternativa que cambiara el marco económico y social.

¿En qué cree que quedará?

Creo que el mapa político español no se ha cerrado, le faltan más modificaciones que dependerá de los debates que se hagan en las mareas, en IU, en Podemos, en partidos nacionalistas periféricos… Esto no va a quedar en un sistema de cuatro partidos y los demás. En IU el debate es el de contribuir a más gente, porque solos no podemos.Tampoco otros.