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Ha iniciado su tercera legislatura como diputado en el Congreso. Tras el breve paso por el Grupo Mixto después del 20D donde IU sólo obtuvo dos escaños, ahora lo hace dentro del grupo parlamentario de Unidos Podemos y ya como coordinador federal del partido. Quiere iniciar una nueva etapa tanto en la coalición de izquierdas que se ha renovado después de su XI Asamblea. Y también mantener vivo el espacio de confluencia junto a Podemos y otras fuerzas. Asegura que IU seguirá teniendo visibilidad institucional ejerciendo él mismo como portavoz adjunto del grupo y con sus 8 diputados trabajando de forma coordinada. Alberto Garzón (Logroño, 1985), sigue apostando por intentar una vía alternativa a que gobierne el PP aunque reconoce que esta opción depende del PSOE y sobre todo de su correlación de fuerzas interna. Atiende acuartopoder.es vía telefónica desde Málaga.

— El jueves, Pablo Iglesias señaló que ya es prácticamente imposible formar un Gobierno progresista y que el PSOE se abstendrá en una segunda votación de investidura. ¿Comparte estos pronósticos?

— Es difícil predecir lo que va a suceder porque estamos en un entorno todavía de enorme volatilidad política.  Aunque no tengamos elecciones el clima es volátil y las presiones son múltiples. Estamos en un entorno muy interrelacionado. Por un lado tenemos a una UE deseando que haya un Gobierno que aplique recortes. Por otro, unas grandes empresas y oligarquía española que quieren una gran estabilidad para ellos, no para la mayoría social. Pero luego los intereses de los partidos lo hacen todo mucho más complejo porque saben que las fórmulas para satisfacer esas demandas tienen un coste. Con este esquema creo que no hay una regla que establezca lo que va a suceder. Sólo hay hipótesis. Lo que tenemos es un PSOE que tiene la mayor parte de la responsabilidad porque tienen 85 diputados y tiene que decidir. Si decide estar en la oposición lo que estará haciendo es bloquear tanto la posibilidad de un Gobierno de derechas como uno de izquierdas. Ese bloque nos conduciría a terceras elecciones. Creo que va a depender mucho de la correlación de fuerzas internas del PSOE y los diferentes matrices de presiones que van a existir allí. No conozco al PSOE lo suficiente como para saber qué va a suceder.

— Esta semana hemos visto que los nacionalistas de la antigua CDC y el PNV han favorecido al PP en la elección de la Mesa del Congreso. ¿Cómo valora el papel de estos partidos, también en una hipotética investidura de Mariano Rajoy?

— En primer lugar hay que destacar que el PP ha sido mucho más pragmático, y en ese sentido inteligente que el PSOE, porque ha conseguido desbloquear una situación ciertamente compleja para sus intereses, como era la Mesa del Congreso, recurriendo a partidos nacionalistas que aparecían vetados para los socialistas. Si el PSOE hubiera obrado con la misma filosofía que el PP, hoy tendríamos Gobierno de Pedro Sánchez aprobando unas leyes distintas y apoyado por la izquierda. Pero ellos decidieron vetar a unos grupos que el PP parece que ha dejado de vetar. Ahora bien, ¿de ahí se deriva una vía automática para un posible Gobierno? Yo creo que no es automática. Porque una cosa es la Mesa del Congreso, que es algo que no tiene una gran visibilidad para la gente corriente y otra cosa es un Gobierno que va a implicar recortes. No sé si los nacionalistas están dispuestos a asumir el coste. Lo que sí me queda claro es que C´s, PSOE, PNV y CDC asumen y quieren que gobierne el PP pero ninguno de ellos quiere ser el responsable de llegar a esa situación. No quieren asumir ese coste. Por eso tampoco intentan algo alternativo. Ellos dicen, sí, va a gobernar el PP e incluso no les parece mal. Pero no quieren ser ellos los que de cara a la población estén permitiéndolo. Es una hipocresía brutal de estos cuatro partidos.

— Pero entonces, ¿deben seguir intentando apelar al PSOE para que opte por esta vía? ¿Es posible? ¿Ha habido algún tipo de contacto al respecto?

— Es correcto que lo queremos intentar porque es coherente con lo que hemos mantenido siempre. Pero al mismo tiempo no tenemos todavía ninguna capacidad porque el PSOE sigue bloqueando la situación. Sólo en el momento en el que el PSOE anunciara que quiere formar Gobierno se abrirían las posibilidades que estamos planteando. Hasta ese momento lo que planteamos es un deseo y que nunca vamos a entrar en un juego de permitir que el PP gobierne como se ha sugerido por algunos dirigentes del PSOE y otras fuerzas con una abstención sindicada. Esa fórmula sería intentar evitar el coste individualizado y repartirlo. No vamos a entrar en ese juego y no hemos asumido que el PP tiene que gobernar. Pero necesitamos que el PSOE y sus 85 diputados opinen igual que nosotros. De momento esto no se ha producido.

— Se reunirá con Felipe VI el martes. ¿Qué planteamiento le transmitirá?

— Le diré cuál es nuestra posición, que es coherente con lo mantenido siempre. La línea es que hay que explorar todas las posibilidades de un Gobierno alternativo y nunca facilitar uno del PP. Pero también diremos que el PSOE necesita resolver. Ellos están obligados a ello. Porque lo único que está haciendo es intentar ganar tiempo para que su deseo, que es que gobierne el PP, sea satisfecho por otras formaciones como PNV, CDC o C´s. Pero si las otras están pensando exactamente lo mismo todos sabemos en teoría de juegos a dónde nos lleva esto. Si el PSOE ni siquiera quiere intentar el otro camino será el responsable de unas terceras elecciones. Puede que haya presiones suficientes para que no las haya y ahí será cuando tengan que decidir. De momento da la sensación de que es una partida de mus entre PSOE y C´s y que la variable tiempo es muy relevante.

— Ya está confirmado que será uno de los portavoces adjuntos del grupo de UP. ¿Cómo se organizarán los 8 diputados de IU dentro de un grupo tan extenso?

— El grupo será un espacio de cooperación y colaboración que nosotros siempre hemos querido construir. Además en otro tiempo ya habíamos formulado en diferentes versiones como por ejemplo con La Izquierda Plural donde el grupo estaba formado por diferentes organizaciones con plena autonomía pero que se coordinan a efectos políticos y operativos: reparto del tiempo, de las comisiones, en la visibilidad parlamentaria, etc. Pero desde luego con plena autonomía política y para poder votar en caso de que haya conflicto en función de los idearios de cada organización. Esto significa para la mayoría de la gente que van a ver a IU prácticamente lo mismo que si nos hubiéramos presentado por separado pero con un añadido muy bueno que es estar en un mismo espacio unitario. Es un elemento cualitativo de enorme importancia. Vamos a tener lo mejor de haber ido juntos y lo mejor de haber podido ir separados.

— En la evaluación que presentaron en la asamblea político y social del pasado sábado reconocían errores en la cristalización de la confluencia con Podemos. Esto supone cierta autocrítica. ¿Qué se ha hecho mal?

— La idea fundamental es entender que todo son hipótesis por el momento. No tenemos datos suficientes como para poder verificar lo que ha podido suceder tanto bueno como malo. Lo que sí planteamos son algunos elementos que con la información que disponemos pueden estar más o menos en camino de ser corroborados. Son indicios. Por ejemplo el hecho de que cuando te ves obligado a hacer una confluencia electoral en apenas unas semanas eso incluye unos métodos más verticales y hechos desde arriba, desconectados del tejido social de las provincias y sin tener tanto en cuenta las particularidades de cada una de ellas. Eso es un elemento que podía haber influido en el estado de ánimo de algunos lugares que se encontraban con campañas separadas en algunos casos cuando su deseo era hacerla conjunta. O lugares donde veníamos 6 meses antes de competir electoralmente y además con hostilidades y eso no se corrige tan rápidamente como el calendario electoral.

Esto se suma a otras hipótesis como que a Podemos le han atacado de una forma descomunal por su valentía, por haberse enfrentado al poder económico y político. A nuestro juicio, naturalmente sin estar exentos de errores pero lo han hecho y han recibido ataques en forma de querellas, de falsas informaciones, de propaganda pura y dura de ánimo goebbelsiano. Eso cuaja y hay gente todavía en España que piensa que Podemos se ha financiado ilegalmente. Eso ha afectado. Otra hipótesis a tener en cuenta es que la gestión de las negociaciones post 20D ha perjudicado tanto a Podemos como al espacio de UP. No sólo por los errores de cada formación sino porque la izquierda se ha frustrado al no tener la oportunidad de conseguir un Gobierno alternativo. A mi juicio la responsabilidad fue del PSOE pero esa gente de izquierdas que no hila tan fino tiene una sensación de frustración porque su gente no se puso de acuerdo. Todo esto habrá que corroborarlo después y confirmarlo cuando tengamos encuestas suficientemente importantes como la del CIS postelectoral.

— Hay también un núcleo de votantes que optaron por IU el 20D y que decidieron abstenerse el 16J quizás por que no les convencía la alianza con Podemos. ¿Son recuperables? ¿Cómo les convence de que la confluencia es positiva?

— Creo que hay una diferencia entre un comportamiento electoral coyuntural derivado de unas circunstancias que han podido no gustar a todo el mundo y el de un carácter sociológico de izquierdas que no ha cambiado. Los que votaron el 20D a IU o Podemos no han pasado al bando de la derecha, siguen siendo sociológicamente potenciales votantes. Eso significa que son perfectamente recuperables si se trabajan bien las situaciones diagnosticando bien lo que ha podido fallar. No sabemos por qué ese porcentaje ha dejado de votar. No sabemos si se hizo antes de la coalición o después. Evidentemente la división que se ha reflejado de Podemos en los medios de comunicación, espectacularizada y sobredimensionada, ha influido. Porque nadie quiere votar a un partido que está dividido. Y lo mismo podemos decir de IU, con unas voces ultracríticas con la coalición que han estado sobrerrepresentadas en los medios y que han generado un clima que ha podido perjudicar. De cara a un futuro hay que pensar cómo esa gente que nos ha dejado de votar puede volver a participar del espacio electoral. Nosotros planteamos lo electoral como un resultante, queremos coordinar lo social, autoorganizarnos en la calle para que después eso tenga expresión electoral. Dicho de otra forma, organizarnos con los movimientos sociales, estar en el conflicto, en los desahucios, ámbitos laborales, etc. Y ahí movilizar a la gente para que se genera una conciencia suficiente que termine votando a la coalición en un próximo escenario electoral.

— Unidos Podemos ha venido para quedarse es la frase que están repitiendo tanto Iglesias como usted. ¿Qué pasos van a dar para reforzar o consolidar este espacio más allá de lo que suceda en la investidura?

— La realidad va a marcar el contexto y eso hay que tenerlo presente. De momento lo que tenemos es un espacio electoral sólido, de 71 diputados, con cooperación entre fuerzas, unitario. Ahora con el trabajo parlamentario se irá generando una cultura que irá madurando. Eso ayudará. Pero lo que toca son los debates estratégicos sobre qué va a suceder con la izquierda en nuestro país. Independientemente de cómo cada uno quiera etiquetar a este espacio político, no voy a entrar otra vez en el debate semántico. La cuestión es para qué está este espacio. Por eso Pablo (Iglesias), recurre muy acertadamente a Gramsci para hablar de un bloque histórico, político y social. Conformado con la gente y clases sociales que sufren la crisis y se organizan políticamente. Eso quiere decir que tanto la calle como las instituciones importan. Eso es el futuro y estoy de acuerdo con esa lectura de ir más allá de las instituciones. Hay otra interpretación que habla en términos discursivos, es una lectura postmoderna de Gramsci que dice que la clave está en el discurso. Pienso que eso no es así porque el propio Gramsci, si por algo destacó, fue por ser un heterodoxo. Él no aplicó un modelo establecido en Italia sino que estudió el elemento circunstancial propio de Italia, su división y clases populares para obrar una estrategia.

Esa creo que es la manera de obrar, no de arriba hacia abajo. Por eso lo que hay que estudiar bien es el momento político y económico de España, ver cómo se componen las clases sociales, cuáles son los motivos por los que no participan lo suficiente en un proyecto político de izquierdas. El camino no es del discurso a lo material sino un estudio de lo material para ver cómo usar el discurso para canalizar. Son debates que van a estar ahí los próximos meses y años porque son estratégicos, no tienen que ver con Podemos o IU sino con movimientos sísmicos que hay en la sociedad y que tenemos que saber interpretar y canalizar hacia un proyecto político que al menos para mí es el socialismo.

— ¿El rumbo del debate dependerá mucho de hacia dónde se dirija Podemos y de cómo se posicionen esas dos almas a las que usted mismo ha hecho referencia en alguna ocasión?

— Los debates estratégicos son necesarios. Y además tienen que enfrentar posiciones. Pero eso no debe llevar a la idea de que una parte sea prescindible. Yo no creo que la parte de Íñigo Errejón sea prescindible. Al contrario, es imprescindible. La gente que piensa como él, ese espacio político que está dentro de Podemos, es necesaria para un bloque histórico como del que estamos hablando. Por tanto no podemos confundir la discusión legítima con que uno necesita tener aliados. Por eso es importantísimo que en Podemos no se dividan, no rompan y que sepan trabajar conjuntamente igual que nosotros hacemos esfuerzos en nuestra organización. Pero el debate se dará en Podemos, en IU y en otros espacios. Haremos todos los esfuerzos para explicar que, a nuestro juicio, la vía estratégica es la de inserción en el conflicto y estar en los espacios en los que la gente hace su vida cotidiana. Y a partir de ahí a través de buenas estrategias discursivas y organizativas ser capaces de autoorganizarnos como clases populares. Eso implica que, resumiendo, no estamos queriendo construir un maquinaria electoral sino que creemos que lo que necesita nuestro país es un espacio político en la calle que tenga diferentes expresiones.

— El sábado pasado IU celebró su primera asamblea político y social. Usted ha introducido una novedad que es eliminar las cuotas o cupos por familias en la Ejecutiva. Puede haber gente que piense que se cercene la pluralidad. ¿Cómo se explica este asunto?

— Tenemos un diagnóstico que ganó la XI Asamblea que plantea que nuestra organización se había institucionalizado, tanto en lo institucional como en lo interno, ya que IU hablaba más de sí misma que de los problemas de la ciudadanía. Al final acabamos jugando a juegos de poder internos y externos. Eso había oxidado la capacidad y el potencial de IU. La solución que planteamos ya en la Asamblea es pasar a una cultura política del trabajo. Eso quiere decir que la Asamblea ha aprobado la estrategia, que es la de nuestro documento que ganó de forma abrumadora. Y una vez aprobada hay que ver quiénes son las personas que la ejecutan. Es una cuestión de trabajo cotidiano por lo que los órganos no pueden estar divididos en facciones, al menos los ejecutivos como es la Colegiada. No se va a debatir la estrategia porque ya ha sido debatida y el resto de listas tienen que entender que la nuestra ha sido la ganadora y la que marca la línea política. La crítica es legítima pero eso es incontestable. A partir de ahí el resto de órganos, donde se debate de todas las cosas, son representativos y ahí sí hay porcentajes. Pero un órgano que tiene que ejecutar no puede ser de porcentajes. Tiene que ser de trabajo. Cuando las otras listas nos decían que tenían un 20% les digo que pueden tener eso en los demás órganos pero no en el ejecutivo. Hay un elemento evidente y es que ellos no comparten nuestra estrategia y por tanto no son personas que no tengan mucho interés en ponerla práctica cuando además lucharon contra ella de forma hostil. Eso también condiciona.

Queremos una dirección plural y abierta pero que ponga en marcha unos documentos aprobados a sabiendas de que históricamente en IU se han aprobado cosas que luego no se han puesto en marcha. Las direcciones nunca ejecutaban la política aprobada. Lo que decía Felipe Alcaraz de que las asambleas las ganaban los románticos pero las dirigían burócratas que estaban dispuestos a aguantar sobre el papel cualquier cosa pero no a ponerlo en marcha. Eso tiene que cambiar.

— Ha llamado la atención la salida de Cayo Lara con su inscripción en el paro. Más allá de ese gesto político significativo, ¿no había hueco para él dentro de la organización? ¿Lo ha decidido él así?

— En la línea con lo que decíamos anteriormente, IU no puede ser una empresa o una agencia de colocación. Es un espacio político vivo, orgánico para desarrollar un trabajo político que es temporal. Nosotros no estamos para darle salidas individuales a nuestros militantes sino para aportar desde lo individual a lo colectivo y transformar la sociedad. Pero es verdad que Cayo en ningún momento ha pedido una salida individual. Porque él es un hombre extraordinariamente honrado y lo que ha hecho con este gesto ha sido demostrar la enorme diferencia que hay entre organizaciones como la nuestra que tiene como objetivo ser un instrumento para la transformación social y otras como el PSOE o PP que en la práctica funcionan como empresas de colocación o trampolines para vivir después en empresas privadas muy bien remuneradas. El gesto de Cayo es sobre todo político, externo y no interno.

— Desde el PP venden que hay recuperación económica. Visiblemente hay menos movilización social en la calle. Puede dar la sensación de que lo peor de la crisis ha pasado ya. ¿Qué queda por venir?

— En realidad, primero hay que ir a las definiciones de qué es una crisis económica y cómo se sale de ella. Y sobre todo cuál es el sujeto que estamos interpelando porque las grandes empresas creo que nunca han entrado en una crisis económica tal como la entendemos de dramatismo social. En cambio, la mayoría social, como por ejemplo las 2.000 personas que piden cada día un bocadillo en Málaga, sigue en crisis. No ha cambiado la situación. No creo que haya recuperación económica. Lo que hay es una recuperación de indicadores macroeconómicos que se pueden explicar en función de determinadas coyunturas como el papel de la mafia del BCE y otras instituciones. Esto explica que el PIB crece pero no tiene repercusión en las condiciones de vida de la mayoría social. El modelo social ha cambiado como consecuencia de las políticas aplicadas por el Gobierno y no es suficiente con crecer para que la gente tenga condiciones vitales mejores. Al contrario, puede crecer la economía en términos macroeconómicos pero puedes tener una precariedad mayor y encontrarte con una serie de dramas en aumento. Pero ese diagnóstico objetivo que nos dice que la gente está peor que en 2010 no va acompañado de una mayor frustración de la ciudadanía o conciencia. Porque aquí median elementos ideológicos como si te crees ese discurso de la recuperación. Eso explica en gran medida la razón de por qué parece que ahora mismo no hay una gran movilización de izquierdas. Hay más variables como que la movilización cansa, agota y requiere cuadros u organizaciones que lo muevan. También han sido descapitalizados los movimientos sociales porque hemos vivido dos años de atracción hacia las instituciones. Los partidos nuevos han canalizado esa frustración y daba la sensación de que votando se podía resolver lo que antes uno pensaba que se hacía en la calle.

Todo esto ha ido mutando pero creo que vamos ahora a un escenario parecido a 2012. Continuarán los recortes, previsiblemente, empeorando las circunstancias y la gente creo que empezará a movilizarse de nuevo en las calles. Se iniciará un ciclo distinto que creo pertenece al mismo porque las causas que lo explican son las mismas pero en una fase más agitada. Es lo que creo pero no es seguro porque puede que nuestra debilidad ideológica en el combate contra el PP haga que la gente se conforme. Pongo un ejemplo. Hay gente cuya conciencia política nació en la crisis, gente que ahora tiene 18 años y tenía 10 cuando empezó la crisis. Esa gente no sabemos cómo va a reaccionar. ¿Va a favorecer la movilización de izquierdas o se va a conformar con la única realidad que conoce? Ahí está el combate político por la hegemonía ideológica y cultural.

— En este sentido algunos economistas como Alejandro Inurrieta están alertando sobre el tema de la hucha de las pensiones y la gestión que ha hecho el PP. ¿Hay riesgo de que no se puedan pagar en un futuro? ¿Qué importancia tiene este asunto?

— Creo que será una de las grandes batallas de esta nueva fase. Primero, es expresión de un estado social con intereses dedicados a que acabe. Las grandes empresas y las oligarquías están construyendo un orden social donde todo esto es un obstáculo y tiene que acabar. Por tanto tienen interés, que siempre lo ha habido desde los años 90, en privatizar el sistema de pensiones. Pero como es algo con mucho arraigo social tienen que hacerlo poco a poco. En este contexto se está generando un clima en el que el PP, cada cierto tiempo, quita dinero de lo que se llama hucha de las pensiones. Se crea un clima que justificaría en tiempo venidero una reforma del sistema. Es el mismo truco que siempre se hace. ¿Significa eso que estamos hablando de una alarma propagandística? No sólo. Porque es verdad que las pensiones están peligro debido a que su fundamento en cómo se financian está deteriorado en un país con elevado desempleo y condiciones laborales deprimentes. La gente no está cotizando lo suficiente como para financiar las pensiones en un futuro. Por tanto hay un problema real económico pero quien ha avanzado antes es el PP que está preparando un clima que le va a permitir, si cuenta con el apoyo del resto de partidos, iniciar una reforma más en camino hacia la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas.