Asistimos ayer tarde al momento más dramático que ha provocado la tragedia vivida por nuestro pueblo en la noche del 16 de agosto. El entierro de las dos victimas  provocó, como era de esperar, una autentica riada humana como expresión del dolor que todos sentimos al conocer el trágico desenlace de la desaparición de estas personas. Un dolor que abatió a los familiares que tuvieron que sacar fuerza de flaqueza y mucha resignación para soportar el prolongado duelo.

Hoy, cuando siguen las tareas de limpieza, cuando cientos de familias arruinadas por la catástrofe se aferran al consuelo de que todo pasará, cuando la penalidad que les ha tocado vivir les abate aún el ánimo, queremos dedicarles esta breve editorial como muestra de nuestro apoyo moral, que es el único presente que les podemos hacer en solidaridad con el sufrimiento que están padeciendo.

Mostramos nuestro pesar, muy especialmente, para quienes no les ha quedado ni la esperanza  de que el tiempo remedie su dolor y sufrimiento, porque la tragedia ha segado la vida de las personas más queridas para ellos. Los componentes del grupo de redactores que realizamos este periódico damos nuestro sentido pésame a las familias  Rosa-Cañete y Uceda-Valdelomar.