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Antonio Maestre Ballesteros

CALLE CALVARIO 

El Calvario, como paraje rústico del entorno urbano de Aguilar, aparece ya registrado en el Catastro de Ensenada a mediados del siglo XVIII en numerosas citas que describen las tierras que constituían y lindaban a dicho lugar. Probablemente esta denominación la ostentase desde siglos anteriores, abarcando también al camino que transcurría por estos terrenos:

Una pieza de tierra de sembradura de secano al sitio del Calvario, ruedo de esta villa, que consiste en once celemines de buena calidad y se siembra todos los años del alcacer, confronta al levante con el Calvario, a poniente con el convento de Santa Clara de esta villa, al norte con don Juan del Villar y al sur con el camino que va a las canteras[1].     

La referencia geográfica a las canteras nos indica la dirección que tomaba este camino hacia los barrancos producidos por la saca de piedra y arena situados en el cerro de Don Fernando. Con toda probabilidad el citado camino correspondió al mismo que aparece denominado posteriormente como camino del Calvario. Esta calzada tenía su principio en el comedio de la calle Ancha y se prolongaba hasta la intercesión con el camino de las Cuadrillas, en cuyo empalme estuvo situada la cruz de los Espejitos. A partir de este lugar el camino continuaba hasta las canteras de los Yesares.

Las  primeras casas que se construyeron sobre el margen del camino dando principio a la actual calle, se levantaron en los años iniciales del siglo XIX. El primer registro en los padrones de habitantes no se produjo hasta 1819. En dicho padrón contaba tan solo con cuatro edificios, lo que avala la hipótesis de que su ordenación era muy reciente. Las cuatro familias que aparecen como primeros vecinos sumaban un total de veinte y dos personas al contabilizarse los hijos respectivos de cada matrimonio.

 

NÚMERO DE CASA FAMILIA QUE LA HABITA
Nº 1 Francisco Solano, casado con Francisca Cosano
Nº 2 Antonio León, casado con Francisca Lozano
Nº 3 Manuel Albalá, Casado  con Francisca Alberca
Nº 4 Diego Moreno, casado con Josefa de Bogas

AMA. Padrón de Habitantes 1819. Leg. 209. Elaboración Propia

Desde sus origen mantuvo un continuo crecimiento geográfico y vecinal que le llevaría ha convertirse en la de mayor número de habitantes y viviendas de la población. Esta rápido crecimiento y la dificultad que presentaba los solares sobre los que se fabricaron las casas -al tratarse de cantera de piedra-, conllevó que su trazado se adaptase a la orografía del terreno por donde discurría el camino, salvando los desniveles del mismo con la construcción -con piedra de la cercana cantera-, de dos “altillos” o “paredillas” que aún se conservan en su acera derecha.

A la rapidez de expansión y adaptación orográfica hay que sumar -como tercer elemento determinante del desarrollo urbano de la calle-,  el estatus social de sus vecinos, pertenecientes a la clase obrera y jornalera. En el padrón de habitantes de 1821 se registran un total de veinte y tres vecinos con un número similar de viviendas. Todos ellos, menos uno, se dedicaban a trabajos relacionados con la agricultura.

 

NÚMERO CASA VECINO OFICIO EDAD
Nº 1 Manuel Gálvez Jornalero 25 años
Nº 2 Juan Escamilla Jornalero 34
Nº 3 Francisco Ruiz Jornalero 30
Nº 4 Ramón Carretero Acomodado 22
Nº 5 Francisco Linos Jornalero 22
Nº 6 Francisco Leiva Jornalero 55
Nº 7 Juan de Llama Jornalero 24
Nº 8 Manuel Albalá Jornalero 27
Nº 9 Francisco Luque Jornalero 37
Nº 10 José Ballesteros Jornalero 22
Nº 11 Cristóbal del Moral Jornalero 32
Nº 12 Antonio Linos Jornalero 24
Nº 13 Benito del Valle Pelentrín 24
Nº 14 Francisco Galera Hortelano 36
Nº 15 Diego Recio Ganadero 50
Nº 16 Diego Moreno Jornalero 66
Nº 17 Francisco Paniagua Jornalero 50
Nº 18 Antonio León Jornalero 40
Nº 19 Cristóbal del Pino Jornalero 40
Nº 20 Juan Montilla Jornalero 64
Nº 21 Francisco Reyes Jornalero 26
Nº 22 Pedro Calero Jornalero 24
Nº 23 Ángela de Varo Lavandera

AMA. Padrón de Habitantes 1821. Leg. 210. Elaboración Propia

A través de los padrones vecinales de la primera mitad del siglo XIX hemos constatado el incremento del número de casas que experimentó durante ese periodo: en 1823 se contabilizan un total de veinte y nueve[2]; en 1828 se registran treinta y siete[3]; y en 1838 cuarenta y ocho[4]. Estos datos corroboran la opinión expuesta del constante crecimiento que tuvo la calle desde su origen. Como conoceremos más adelante, este proceso se hizo sin ningún control de las Autoridades Municipales. Esta coyuntura justifica que en los padrones de habitantes de la primera mitad de la centuria decimonónica fuese la única calle que aparece sin numeración en sus casas.

Durante dicho periodo mantuvo el estatus social de sus habitantes,  presentando  el de clase obrera también las nuevas familias que construyeron sus viviendas “bateas” en la calle. Prácticamente la generalidad de estos vecinos fueron jornaleros que encontraron en este lugar del extrarradio la posibilidad de adquirir solares asequibles a sus escasos recursos económicos. Además de joranleros aparecen otros vecinos con oficios similares: Santiago de Reina que era sillero; los pelentrines Juan Andrés del Valle, Benito del Valle, y Manuel de Varo; los aguadores Cristóbal del Pino y José de Reina; y el cabrero Manuel Bonilla[5].

El progresivo aumento de vecinos conllevó a que en 1860 contase ya con más de un centenar de viviendas o casas, en total ciento seis[6]. Por esos años la frontera geográfica de la misma alcanzaba a uno de los elementos físicos que más influyeron en el desarrollo urbano de la misma, como eran las canteras de tierra y piedra existentes en este paraje desde muy antiguo, y cuya explotación industrial se revitalizó durante la segunda mitad del siglo XIX:

….La obra se ha de hacer con buena arena de las canteras que hay a la salida de la calle Calvario[7].        

 Otro elemento común que supuso un beneficio importante para las familias que optaban por levantar en esta calle sus viviendas, fue la presencia de aguas subterráneas que se recogían en pozos construidos en los patios de las nuevas casas.

El padrón de habitantes de 1870  pone de relieve la supremacía que presentaba  en el número de vecinos y casas sobre las demás calles del casco urbano. Según se desprende de este documento la evolución o crecimiento de ambas aceras fue desigual durante este siglo, ya que la de los impares alcanzaba del 1 al 67 y la de los pares del 2 al 106. En dicho año se contabilizaban un total de quinientas cuarenta y tres personas, lo que la encumbraba al segundo lugar del callejero, superada solo por la calle los Pozos que contaba con seiscientos seis,  y seguida  por la calle Ancha con quinientos treinta y ocho[8].

En el componente gremial de sus vecinos destacaban sobremanera los jornaleros,  tal como refleja le padrón de habitantes de 1870.

 

OFICIO NÚMERO DE PERSONAS
Jornaleros 116
Aguador     1
Carreteros     5
Cabreros     2
Zapateros     5
Calero     1
Sirviente     1
Talador     1
Barbero     1
Pelentrines     5
Propietaria     1

AMA. Padrón de Habitantes 1870. Leg. 223. Elaboración Propia

La misma tónica de crecimiento mantuvo durante el último tercio del siglo, provocando que en 1890 se contabilizasen ciento sesenta y cinco vecinos y  un total de quinientos setenta y cuatro moradores, cifras que la encumbraba a la tercera posición del callejero tras las calles Pozos y Ancha. Pocos años después, en las primeras décadas del siglo XX, la numeración de sus casas alcanzaba del 1 al 127 y del 2 al 152[9],  siendo ya la calle más larga y habitada de la población.

El primer y único cambio de nomenclatura que ha experimentado se produjo al instaurarse el Régimen republicano de 1931. En diciembre de ese año se presentó una moción en el Ayuntamiento suscrita por la minoría Socialista que representaban, José María León Jiménez, Rafael Aparicio y Juan Linares, solicitando que a la calle Calvario se le cambiase el nombre por el del Ilustre hombre público Pablo Iglesias. La moción fue aprobada y la calle tomó como nomenclatura durante varios años el nombre y primer apellido del fundador del Partido Socialista Obrero Español[10]. Con toda probabilidad, en la elección de la calle para ser rotulada con este nombre, incidió el que ésta acogiese en su nómina de vecinos mayoritariamente a  personas de la clase obrera y jornalera. También durante el Gobierno Municipal republicano presidido por el alcalde José María León se acometieron las primeras obras de pavimentación que hemos documentado en la misma[11].

Tan solo un paréntesis de cinco años mantuvo esta nomenclatura, volviendo a su original y primitiva de calle Calvario en septiembre de 1936, tras la toma de posición de la primera Gestora franquista presidida por Francisco José Tutón Mena[12].  En 1940 presentaba una numeración similar en cada acera: del 1 al 173 y del 2 al 174, contabilizándose en la acera de los pares cuatro casas sin numeración, indicativas de que la prolongación de la calle y acera era constante. Durante los años de posguerra se acentuó su expansión geográfica sin ordenación, lo que determinó que las  Autoridades Municipales intentaran regular dicho crecimiento:

A continuación conoce la comisión gestora una proposición formulada por el señor alcalde en la que se manifiesta  que en la actualidad viene constituyendo una forma, verdaderamente anárquica la que adoptan los propietarios de la calle Calvario, para construir en la misma, de tal manera que es preciso adoptar resoluciones que pongan fin a ese estado de cosas.

Por ello se propone que por el aparejador Municipal se redacte el correspondiente proyecto de ensanche de aquella zona y que, en tanto no sea aprobado, se prohíban en absoluto las edificaciones en referida calle[13].-           

         Datos posteriores indican que este acuerdo no fue efectivo,  construyéndose nuevas casas que ampliaban, sin límite, las fronteras de la calle, prolongándola hasta el inicio del viejo camino de los Yesares o Puerto Rubio. En ese tiempo las calles Calvario y Casas Viejas constituían los dos polos incontrolados de crecimiento del casco urbano, propiciados, principalmente, por la necesidad que tenía la clase obrera de poder adquirir solares baratos para levantar sus casas. La precariedad económica de estas personas condicionó que dichas construcciones fuesen muy sencillas, denominándose “bateas”. La Autoridad Municipal se hizo eco nuevamente de estas circunstancias e intentó regular nuevamente el crecimiento de la calle sin éxito:

Con el fin de evitar que la calle Calvario siga prolongándose indefinidamente, faltando a los más elementales principios de ordenación urbana, se acuerda que en lo sucesivo no se pueda construir nuevos edificios en la mencionada calle.

Conociéndose también que las construcciones en Casas Viejas nos e ajustan a ningún plano, ni siguen orden alguno, se acordó asimismo prohibir nuevas construcciones en dicha zona[14]

 En los años finales de la década de 1950 alcanzaba la numeración de las casas hasta el 200 en la acera de los pares, prevaleciendo el crecimiento incontrolado de la calle. La excesiva longitud de la calzada originó que se reconociesen tres tramos distintos en la calle, contando cada uno con una denominación popular. Así, al primero se le conocía como “el Charquito de la Enea”, al segundo “el Llano Palacio” y al tercero “la calle del Cuerno”[15]. Los nuevos vecinos que se incorporaban contaban con similar estatus social al de los ya existentes, manteniendo en el tiempo esta característica que determinó, incluso, los aspectos arquitectónicos de la calle al consolidarse el modelo de “batea” como construcción más abundante entre sus casas. Este condicionante motivó también  la construcción del edificio más singular con que ha contado la calle en su historia, correspondiente a las escuelas de Nuestra Señora del Carmen, dedicadas a atender las necesidades educativas de la nutrida prole de niños y niñas de familias menesterosas que habitaban la calle durante esas décadas.

La extrema longitud de su calzada y el no contar con conecciones a otras calles, junto a la lejanía del centro de la población, motivó el que se estableciesen en la misma durante el siglo XX una nutrida nómina de comercios que atendía la demanda de tan numerosa vecindad. Comercios que se conocían por alias que le adjudicaban los propios vecinos. Entre las tabernas más populares se citan a las de “Elio”, “Miguel Morales”, “la Envidia”, “Pañolito”, “Alonso”, “Morales”, “la Jarría”  etc,. Entre las teindas de comestibles la de “el tio Cordón”, “Carmen Pérez”, “Pañolita” “el Gallo”, “la Oreona”, “Niño Puri” “la Truena”, “la Preciosa”, “el Cano”, “Montes”, etc,. También fueron muy populares las barberías de “Francisco” y “Casachica” y los zapateros “Ramón Luque” y “el Pancho”.

En la década de 1960 se acometió la pavimentación y asfaltado de la calzada y colocación de baldosas en sus acerados. El incremento constante de casas obligó a nuevas pavimentaciones de tramos de calle, hasta alcanzar ésta durante la década de 1980 el camino  de las Cuadrillas junto al caserío del “Rancho Grande”, que constituye la frontera final de la misma.

Durante los últimos años de la década de 1990 se produjo una importante transformación estructural y urbana de la zona, al habilitarse varios accesos  y salidas a la calle desde las nuevas vías urbanas creadas a través de casas que fueron  derribadas con ese fin. Este hecho ha permitido la conexión física con la tercera fase de la barriada del Cerro Crespo y con la calle Almidón.

NOMENCLATURAS

CAMINO DE LAS CANTERAS: los datos hallados sobre este lugar indican que el trazado de la calle Calvario pudo originarse sobre el denominado camino de las Canteras, en cuyo inicio e interceción con el de la Puente Don Gonzalo (calle Ancha), existió una cruz denominada de Pañero…

…y el otro tajón de once celemines y tres cuartillos de tierra al sitio de las Canteras, ruedo de esta villa, linde con el camino que va desde la Cruz de Pañero a las dichas canteras…[16] 

 …siete celemines y cinco estadales de tierra en la Veracruz, ruedo de esta villa, que eran de Juan Manuel Hidalgo y lindan con tierras que fueron del padre fray Antonio de Toro, religioso de la Orden de la Santísima Trinidad, mi tío, hermano del dicho Lorenzo de Toro, mi tío,  y con el camino de la Puente y el camino que va de la calle Molinos a dar a la Cruz del Pañero…[17]  

 CALLE CALVARIO: no hemos podido esclarecer el origen de esta nomenclatura, aunque sí está constatada la existencia en este paraje de un lugar denominado el Calvario. Como hipótesis  valoramos que dicho lugar pudo  estar relacionado con la cruz de Pañero, que existió a la entrada del camino, o con la cruz de los Espejitos, situada en el cruce o intercesión de los denominados caminos de las Canteras  y  las Cuadrillas.

CALLE PABLO IGLESIAS: político y sindicalista español nacido en el Ferrol, la Coruña, en 1850 y fallecido en Madrid en 1925. Era de origen obrero y tuvo el oficio de impresor. En 1870 se afilió a la sesión española de la Primera Internacional, y en 1879 participó en la fundación, en la clandestinidad, del Partido Socialista Obrero Español. Participó también en la creación legal del PSOE, del que fue presidente, así como del sindicato Unión General de Trabajadores. Fue el primer socialista que obtuvo el acta de diputado en Cortes en 1910, manteniéndola en sucesivas elecciones.

 


[1] AMA. Catastro de Ensenada –seglares, Leg. 397.

[2] AMA. Padrón de Habitantes 1823, Leg. 210.

[3] Ibidem. 1828, Leg. 210.

[4] Ibidem. 1838, Leg. 212.

[5] Ibidem. 1839, Leg. 212.

[6] AMA. Cuantas de Propios 1860. Leg, 219.

[7] Ibidem. 1862, Leg. 241.

[8] AMA. Padrón de Habitantes 1870, Leg. 223.

[9] AMA. Padrón de Edificios y Solares 1928, Leg. 471.

[10] AMA. Acta Capitular 7 diciembre 1931, Leg. 147.

[11] Ibidem. 24 septiembre 1934, Leg. 147.

[12] Ibidem. 26 septiembre 1936, Leg. 147.

[13] AMA. Acta Comisión Gestora 11 mayo 1942, Leg. 185.

[14] AMA. Acta Comisión Municipal Permanente 6 junio 1955, Leg. 148.

[15]  Información facilitada por Rafael Paniagua Morente, vecino de la calle desde hace más de cincuenta años.

[16] AHPC Oficio 5 Francisco de León Alejos, 1742, p. 161. Sig. 6629

[17] AHPC Oficio 4 Andrés Antonio de Varo Ortiz, 1736. Sig. 6626