El pasado lunes 16 de agosto, Aguilar de la Frontera sufrió la que, probablemente, ha sido la peor catástrofe natural de toda su historia. Al menos, si hemos de hacer caso a los más viejos del lugar, nadie, nunca, vio caer agua sobre Aguilar con la fuerza y la capacidad destructiva con la que cayó el lunes. El resultado ya lo conocemos todos: dos personas han perdido la vida. A esta tragedia inconmensurable hay que sumar los daños materiales en viviendas, en cocheras, en las infraestructuras públicas, en las cosechas, caminos, etc. El barro lo ha anegado todo y por lo que he podido ver en diferentes medios de comunicación (yo no vivo ya en Aguilar, pero puedo asegurar que llevo desde el lunes controlando las noticias en la televisión, en internet, en la prensa escrita, en la radio, hablando con diferentes familiares, etc.) el paisaje es cuasi apocalíptico, con todos esos coches destrozados, las casas embarradas, los enseres domésticos destruidos, etc., etc.

Supongo que todos los aguilarenses que estamos diseminados por los cuatro puntos cardinales hemos experimentado estos días el mismo tipo de sensaciones al ver las terribles imágenes de la catástrofe y al conocer la muerte de estas dos personas. Mi estado de ánimo estos días es una extraña mezcla de tristeza, apatía, rabia, y mil cosas más. Pero en fin, creo que ahora es el momento de mirar hacia adelante. Y aunque poco puede hacer el ser humano frente a la fuerza descomunal de la naturaleza (aunque seamos tan necios que pensemos lo contrario), tiempo habrá para pedir cuentas a los responsables políticos y preguntarles, por ejemplo, porque consideraron que era una prioridad “arreglar” el Llano, mientras que las alcantarillas de la Calle San Cristóbal, simplemente, no existen desde hace años y años. El martes por la tarde, el Presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio  Griñán, visitó Aguilar y se comprometió a ayudar a todos aquellos que lo necesiten. Esperemos que sea así, y que la ayuda no se pierda por los caminos inexpugnables de la burocracia. El problema hay que solucionarlo con rapidez y eficacia. Eso es lo único que se les debe pedir a los gobernantes.  

En mi propia familia la lluvia ha golpeado con saña. Mis padres, mayores y enfermos, han tenido que abandonar su casa porque el patio se ha hundido. Como se suele decir, lo único que no tiene arreglo es la muerte. Todo lo demás, todo lo material, en este caso, los coches, las casas, los electrodomésticos, los muebles se podrán reemplazar. Las dos personas que han muerto jamás podrán ser reemplazadas en los corazones de sus seres queridos.

Las mujeres y los hombres de Aguilar son, somos, gente curtida, laboriosos, con capacidad para sobreponernos a las desgracias y, como ha quedado demostrado en estas trágicas jornadas, valientes y solidarios. Un pueblo con esas características, tiene, por fuerza, que superar este mal trago. Tiempo al tiempo.

Rafael Calero