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¿Qué quieren que les diga? Llevo días escuchando en los mentideros de la política local que lo del alcalde y las maniobras de entretenimiento a las que nos han sometido en los últimos meses toma visos de convertirse, en virtud de lo que se anuncia, en una enfermedad contagiosa que plasma la manida frase de “donde dije digo, digo Diego.

Puede que los que vendieron la piel del oso antes de cazarlo en el PSOE, se encuentren ahora con que hipotecaron su credibilidad y noción de la realidad política a un futurible que cada día que pasa se va desvaneciendo como un castillo de naipes bajo un soplo de viento árido. Dicen que la ya cercana resolución del problema de “la alcaldía”, que nos ha tenido en vilo todo el verano, acabará como empezó: con Francisco Juan sentado en el sillón de regidor mayor, amparado por un grupo municipal Socialista que no lo quiere, pero que franqueará el amargo trance de verse colocados nuevamente a su lado, sopesando los intereses que los amarra a los cargos que ostentan.

A cambio de treinta monedas de plata, sentencia la bíblica frase que Francisco Juan puede recordarle a alguno de sus más acérrimos discípulos del Consistorio. Esos que no tuvieron el menor pudor en vejarlo y  vapulearlo, y cuyo silencio, si finalmente vuelve como alcalde, se tornaría     miserable. Aquí cabría recordar aquello de que, uno es preso de sus palabras y dueño de sus silencios, sobre todo cuando las palabras vertidas se tornan vergonzantes de soberbia.

Por eso, queridos lectores, podemos asistir en los próximos días, de confirmarse el retorno, a la conjugación de todos los verbos tras la primera persona del “yo no fui”. Porque estoy seguro que Francisco Juan  perdonará “la Traición”, pero no olvidará. Se le presenta ahora la oportunidad de señalar con el dedo a aquellos aduladores que lo  endiosaron hasta alcanzar la podredumbre sin necesidad de ampararlos de nuevo. Esos héroes anónimos que siempre estuvieron ahí, codiciando, aunque fuere un segundo, su gloria perecedera.

¡Ay! como vuelva Francisco Juan. Preparaos los izcariotes.