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Recientemente se ha instituido por la Subdelegación de Defensa en Córdoba el premio Ana María de Soto. Dicho premio se otorga en dos categorías: individual e institucional, y reconoce la especial colaboración y apoyo, de personas o instituciones, a la Subdelegación de Defensa en Córdoba. Para designar titular a Ana María de Soto ha sido decisivo el singular reconocimiento y aprecio que nuestra Armada muestra hacia esta heroína entre los muchísimos héroes que blasonan su historia, así como su condición de cordobesa concretamente de Aguilar de la Frontera.

Nació Doña Ana María de Soto, según consta en su partida de bautismo inscrita, en el folio 237 del libro de bautismos nº 33, por el párroco de Santa María del Soterraño, el día dieciséis de agosto del año 1775, en Aguilar de la Frontera, municipio de la campiña cordobesa formada por cerros miocenos que en su día emergieron de la mar.

Coetánea de los ilustres aguilarenses D. Rodrigo de Varo y Antequera, de los hermanos Gutiérrez de Salamanca de D. José Fernández de Toro obispo de Oviedo de D. Alonso de Valenzuela fundador de la Sociedad Económica de Amigos del País de Aguilar y de las edificaciones del Convento e Iglesia de las Descalzas y de la Torre del Reloj.

Siglo de epidemias. Tiempos revueltos en Europa y especialmente difíciles para España que era atacada por las otras potencias emergentes, por lo cual, las unidades de la armada y los infantes de marina eran protagonistas de toda clase de acciones bélicas en múltiples teatros tanto marítimos como terrestres y sus banderines de enganche recorrían los pueblos y villas hispanas reclutando a jóvenes voluntarios para militar en sus filas.

Uno de estos banderines, al mando de un marcial sargento, llegó a Aguilar de la Frontera el 26 de junio del 1793.

A días de cumplir los dieciocho años Ana María, disfrazada con la ropa de su hermano Antonio Joseph, se hizo pasar por un joven varón de dieciséis años para justificar su rostro lampiño y de nombre Antonio María. Con esta identidad se alista en la 6ª Compañía del 11º Batallón de Marina.

Fue la primera mujer que se alistó en la pionera Infantería de Marina española.

Subió a bordo de la fragata Nuestra Sra. de las Mercedes, fragata de triste recuerdo para los españoles, pues atacada el 5 de octubre de 1804 por la flota inglesa y alcanzada su Santa Bárbara fallecieron 249 marineros y 51 apresados y conducidos a Inglaterra entre ellos el montillano Capitán de Navío D. Diego de Alvear y Ponce de León. Preludio, sin duda, de la batalla de Trafalgar.

En esta fragata nuestra heroína participó en la defensa y evacuación de Rosas, dentro de la campaña de Cataluña, a las órdenes del teniente general de la Real Armada don Federico Gravina y Nápoli.

También participó en el conflicto de Bañuls y Aljama.

El 14 de febrero de 1797 tomó parte en el combate naval del cabo San Vicente

En junio de 1797 Ana Mª intervino con gran valor y heroísmo en la defensa de Cádiz contra el bloqueo del Inglés. En la que los ilustrados españoles aportaron a la ciencia marítima “La Lancha Cañonera” unas barcazas de reducidas dimensiones, artilladas con un solo cañón y servidas por poco personal entre marineros y artilleros. Novedad de una forma de hacer la guerra muy efectiva por su movilidad y maniobrabilidad que sembró de pánico el campo enemigo y pusieron en fuga al mismísimo comodoro Horacio Nelson.

Tal vez en algunas de estas lanchas estuviera a las órdenes del teniente D. Luis Daoiz y Torres que destacó en estas operaciones y acumuló méritos para su ascenso a capitán, empleo con el que pasaría la historia por la defensa del parque de artillería de Monteleón, germen del alzamiento popular del dos de mayo del 1808.

Embarca después en la fragata Matilde, en la que continúa prestando señalados servicios.

Pero la suerte de Soto se vio truncada, después de cinco años y cuatro meses de servicio, cuando por unas fiebres altísimas tuvo que hacerse un reconocimiento médico. Así se descubrió su condición de mujer.

El almirante Mazarredo ordenó su desembarco de la fragata Matilde, el 7 de julio de 1798, y elevado su historial a Palacio para determinar la sanción Real correspondiente por aquella falta. Pero lejos del castigo se le reconoció su coraje y su valía. El propio monarca Carlos IV le concede, el 24 de julio de 1798, el sueldo de dos reales de vellón y el grado de Sargento Mayor. Además se le autoriza a emplear los colores de los batallones de marina y las divisas de sargento de los mismos en sus ropas de mujer.

Ana María de Soto abandonó su carrera militar y regentó un estanco en la población de Montilla, de la que era originario su progenitor.

PD. No me gustaría acabar esta glosa sin reconocer la ayuda del profesor de historia del Instituto de Enseñanza Secundaria Vicente Núñez de Aguilar de la Frontera D. Manuel García Jiménez y a D. Diego Igeño, archivero de ese Ilustrísimo Ayuntamiento.

Diario Córdoba