Tristes guerras

si no es amor la empresa.

Tristes, tristes.

Tristes armas

si no son las palabras.

Tristes, tristes.

Tristes hombres

si no mueren de amores.

Tristes, tristes.

Miguel Hernández

Hoy buscando una camiseta que ponerme, ha venido a mis manos una que compre en Madrid, en aquellas manifestaciones que se efectuaron con motivo de la guerra contra Irak en busca de las famosas y nunca encontradas armas de destrucción masiva. “No a la guerra” suscribe la prenda de vestir.

Poco después y habrá que decir que no gracias a las manifestaciones, sino mas bien a un acto de populismo del gobierno de turno, las tropas españolas volvían del conflicto, y la sociedad se olvidaba por completo de las camisetas y el pensamiento que en ellas estaba plasmado. Y es que nuestros soldados ya no van a la guerra, ¿verdad señora ministra?

Ahora se dedican a ir por el mundo armados hasta los dientes en “misión de paz”, siempre me he preguntado que pensara el ciudadano de a pie de la zona en conflicto cuando ve pasar un tanque por debajo del balcón de su casa y del cual sale un soldado con un fusil de asalto, varias granadas, cargadores y ataviado del traje de camuflaje apropiado para el menester.

Es como si Rodrigo Díaz de Vivar fuese a parlamentar con los sarracenos antes de ocupar la ciudad de Valencia, por ejemplo, no entraré a valorar en esta reflexión, si las guerras son buenas o son malas,  tampoco estamos en época en que el rey de España casaba a su hija menor duque de Habsburgo, para hacerse mas rico, para procurar alianzas y porque de esta manera potenciaba sus ejércitos, me recuerda a matrimonios de conveniencia que se producen en nuestra época entre el país tal con el país cual, por la reconstrucción de la zona destrozada, por el petróleo que de allí o acá mana, por las nuevas empresas que florecerán después del acto bélico,  porque me sobra munición y tengo que gastar un poco.

Lo cierto es que de aquellas aguas, estos lodos, y claro un joven que esta en paro un día, viendo el televisor, se encuentra con el maravilloso anuncio de las fuerzas armadas, “trabaja por la paz, trabaja contra la injusticia, trabaja por la seguridad, únete a las fuerzas armadas, únete a los profesionales comprometidos con la paz en el mundo”, y el joven piensa por llevar un plato de comida a mi casa yo hago la paz donde sea.

Claro luego cuando el claval llega a la academia, lo primero que le enseñan a parte de la disciplina militar, eso es harina de otro costal, es como funciona el fusil, y el sargento de turno le dice con esto llevaras la paz  a cualquier parte del mundo.

Luego vendrán las misiones de paz en Afganistán, Kosovo, etc… donde estos niños convertidos en hombres podían demostrar su valía podrán ascender de manera meteórica, cosa que no podrían hacer si se quedan en cualquier cuartel del país haciendo sus menesteres y a ganar porque no decirlo mucha pasta, la misma que no ganarían si quedaran en el cuartel de marra.

El que tenga suerte se jubilara a 45 años con una paga con la que sueña cualquier trabajador de la construcción, el campo la metalurgia, etc.. el que tenga menos podrá regresar a casa en una cómoda cama de pino ser entregado a su madre o esposa que quedaran destrozadas para el resto de sus vidas eso si con una medalla que al valor militar que tomarán para guardar en el cajón de los recuerdos del joven que un día cogió un fusil para llevar la paz por el mundo.

Mi reflexión concluye y es que el un deber inexcusable me llama, he de acudir al funeral de un amigo, albañil que se ha caído de un andamio y se ha abierto la cabeza, su funeral no será un funeral de estado, ni acudirán ministros u otras autoridades, su viuda no recogerá ninguna medalla, pero en sus entrañas sentirá la misma desolación que la del militar que marcho a hacer la paz y volvió envuelto en pino.

José Pablo Cosano Espino.