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Acaba de caer el gordo de la lotería política en Aguilar. Pasado el sorteo de Navidad y el  Niño nos ha tocado la pedrea al pueblo. El alcalde se va después de un año de jugar al escondite con la alcaldía y los ciudadanos,  y deja abierta la puerta para que la alcaldesa accidental se asiente definitivamente en el sillón presidencial del Pleno. Francisco Juan ha dimitido de alcalde pero no de concejal.

Mantiene  el acta de concejal porque le es necesaria para poder seguir ejerciendo de diputado provincial y garantizarse el cobro de la suculenta mensualidad que percibe por este cargo, que dicho sea de paso, le fue asignado por el Partido Socialista. Un partido tan responsable como el propio  Francisco Juan del menoscabo que está sufriendo el pueblo como consecuencia de las luchas internas y trifulcas por intereses particulares en los que anda enredados los  socialistas de Aguilar desde que comenzó la actual legislatura.