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El tiempo todo lo cura. Y atempera la locura. Pero no paga facturas. Esa ha debido ser la sensación que ha experimentado  la alcaldía de Aguilar al comprobar que los 25.000 euros de más que se gastaron en Semavin  2017 los tiene que pagar este año, a cuenta de quitarlos del Presupuesto  Municipal del 2018. Así se verificó en el pasado Pleno Municipal donde afloraron lo surcos  (causas) de una  historia que vuelve a poner de relieve el desastre de gestión municipal que está realizando María José Ayuso.

Como era de esperar, el punto suscitó las críticas de los grupos de la Oposición, quienes  denunciaron la irresponsabilidad de gastarse,  en vino, un dinero que no tenía consignación presupuestaria, y nada menos que cuatro millones de las antiguas pesetas. La alcaldesa asumió todas las críticas del desatino -para descargar a la concejala responsable-, pero no dimitió, ni dio explicación razonable de lo sucedido. Hay que pagar las facturas del vino, y para mayor inri, con un informe negativo (reparo) de la Interventora, ya que este pago pone en peligro la estabilidad presupuestaria del Ayuntamiento.

Para saldar la deuda han quitado 25.0000 euros en el Presupuesto del 2018, concretamente de la partida destinada a la Oficina de Turismo. En fin, no es de extrañar estas cosas con todo lo que ocurrió antes y todo lo que ocurrirá mañana. Hay muchas cosas que están sucediendo en el Ayuntamiento que son calladas y permanecen ocultas en el tiempo y otras que se hacen públicas cuando ya no les queda  más opción, como ha ocurrido con las facturas de Semavin.

Las susodichas  cuentas han  puesto frente al espejo, nuevamente, la calamitosa cara de una gestión municipal que hace aguas por todos los lados, manejada a su antojo por reconocidos ineptos y personajes subliminales que se resguardan en el anonimato. Mientras tanto, los silencios cómplices del Partido Socialista local mantienen el futuro de este pueblo en terreno de nadie.