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En tiempos de vendimia los antiguos lagares y lagaretas  se convertían en un hervidero de personas que trabajaban en la pisa de la uva y el acarreo, en cajas de madera y sobre mulos,  los racimos de uva que recolectaban los vendimiadores en los viñedos. Hablamos de un trabajo duro cuyo proceso manual constituía toda una  tradición. El fruto recogido se depositaba en cestos de mimbre que solían tener una capacidad comprendida entre 15 y 20 kilos. Posteriormente aparecieron las cajas de madera donde volcaba la uva para llevarla directamente al lagar  y comenzar el proceso de elaboración del vino.

En Aguilar, uno de los puntos de recepción de  uva era la bodega Toro Albalá, en cuya lagareta se iniciaba el proceso de recepción de la uva como punto de partida para la posterior  extracción y fermentación del mosto. Esta fotografía pudo tomarse en el patio de dicha bodega en la década de 1960.