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Y un día después de la tormenta, cuando menos esperas sale el sol. Normalmente cuando deja de llover, en estos días en los que la lluvia, al atardecer, cae junto a un sol esplendoroso, la tarde se torna de un color canela. Mi madre me decía: “Es el sol de los gitanos”. Así me pareció verlo ayer colándose por el viejo arco del Rosario tal como se aprecia en esta curiosa fotografía que capturó los momentos en los que la luz solar atravesaba la redonda arcada y brillaba sobre los adoquines mojados por la lluvia caída.