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Muchos de los recuerdos más bonitos que atesoramos los seres humanos son de nuestra infancia, quizá porque vemos el mundo con otros ojos, porque todo es más nuevo o porque sencillamente, vivimos todo con más intensidad, sea cual sea el motivo, la realidad es que cuando te paras a pensar en tu infancia la sueles recordar con ternura y como una de las mejores épocas de tu vida.

Las fotografías antiguas tienen la potestad –mágica- de permitirnos revivir en imágenes tiempos pasados que forman parte de nuestra intrahistoria personal. Vivencias que quedaron atrapadas para siempre en el  corazón y que se renuevan al contemplar imágenes como esta, tomada en la calle Altozano,  en los años centrales del siglo XX, donde un grupo de vecinos y los chiquillos de la calle se reúnen y refugian del calor veraniego en la sombra que proyectaba uno de los árboles que existía en aquellos tiempos en dicha calle. El hecho de que una de las chiquillas vista de gitana indica que, probablemente, eran los días de Feria Real.