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Abierta a la luminosidad de una mañana primaveral, la Plaza del Carmen muestra su hermosa cuadratura recortada entre los bordes  de las puertas del un oscuro zaguán. Resulta una evidencia indiscutible que las obras municipales se han convertido en un proceloso océano por donde navega el mal gusto y la total falta de sentido común. Obras sin control en lo estético ni en lo patrimonial, por no hablar de la ejecución. Y no se trata de visiones subjetivas si no de hechos consumados y probados.

No es de extrañar pues  las reprobaciones y discusiones de calado que están generando estas arbitrarias actuaciones sobre el patrimonio del pueblo. Debates en ocasiones encontrados, cuando no enconados, pero con una casi unanimidad en cuento a considerar el cataclismo que están suponiendo para el casco urbano y el usufructo de los ciudadanos.

Reflejo de esas porfías dialécticas es lo que me sucedió ayer con un conocido (muy del PSOE), que me recriminaba que haya criticado la actuación en la Plaza del Carmen sin estar documentado, ya que, según esta persona, los sillones de granito se han puesto en este lugar de forma provisional.

Resulta llamativo que un argumento tan pueril pueda ser utilizado por los Socialistas, y afines, para defender lo indefendible. Sin duda se trata, una vez más, de una total falta de sensibilidad  y responsabilidad de las personas que nos gobiernan para reconocer sus errores o incapacidades. Optan por seguir matando al mensajero,  culpando incluso al autor de la fotografía que, según ellos, ha generado una polémica sin fundamento.

Una controversia impensable hace tan sólo unos meses, cuando se tomó esta reciente fotografía del monumento y la plaza, capturada antes de que, por obra y gracia del ayuntamiento, le robaran todo el encanto y romanticismo que atesoraba este bello rincón del  pueblo.

Ya solo queda por ver cómo resulta el Cristo de los Faroles tras ser restaurado. Según hemos constado habrá sorpresa, ya que la imagen del crucificado tendrá un color muy distinto al amarillento y oxidado que presentaba. Al tratarse de una restauración se ha recuperado su policromía original. Todo lo contrario a lo que se ha practicado en la Plaza, que ha sido una trasformación totalmente injustificada y sin criterio.