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Las bandas imprimen identidad sonora a plazas, avenidas y calles como agrupación musical insignia de cada ciudad o pueblo a través de sus pasacalles, marchas, pasodobles y del eco de sus ensayos, mientras representan una opción fácil y muy recomendable para multitud de personas con inquietudes musicales que quieran iniciarse o perfeccionar la práctica de un instrumento. Tocar el saxo, la flauta travesera o la trompeta en uno de estos grupos supone fomentar la cultura musical y educar a la comunidad en la apreciación de la dimensión artística entretanto se comparte, vive y disfruta con personas que poseen la misma pasión. Hacer música con otros produce sensaciones difícilmente descriptibles en palabras que alimentan el espíritu, bañan de sonido los recuerdos y proporcionan experiencias vitales de las que dejan huella.

Una estampa tradicional de nuestra Semana Santa es la presencia de la Banda Municipal de Música tras alguno de los pasos que realizan su salida procesional en  estos días. En esta bella fotografía, que nos remite a los años centrales del pasado siglo XX, podemos contemplar a la Banda de Música, capitaneada ya por el recordado Sebastián Valero, acompañando al paso de palio de la Virgen de la Amargura en la mañana del Viernes Santo. Los componentes de la Banda se encuentran a la altura de la casa del “Caballo Santiago” y como respectiva se divisa el final de la calle Moralejo con toda la riqueza arquitectónica que atesoraba sus casas señoriales. Algunas de las que ven en esta fotografía ya están desaparecidas y su solar ocupado por deslucidos bloques de pisos.