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Corría la década de los años setenta del pasado siglo XX cuando se tomó esta fotografía de la calle Cuestezuela, uno de los rincones históricos más bonitos de callejero de Aguilar, que mantenía aún su calzada primitiva de empedrados llanetes que salvaban el fuerte desnivel que presenta en la cuesta que sube a las inmediaciones del antiguo Hospitalito de Transeúntes y Puerta de Espejo. Fue, junto a la Piedra de Franco y Casas Viejas, de las últimas calles que fueron arregladas. Concretamente a principios de los años ochenta la primera Corporación Municipal de la Democracia acometió las obras de remodelación colocándole una calzada de cemento.

Aquellas obras supusieron para los vecinos una importante mejora ya que con ellas se les dotó de alcantarillado y agua corriente de que carecieron hasta esa época. Para celebrar esos progresos de habitabilidad se celebró una verbena el Día de San Juan, siendo los propios vecinos quienes la engalanaron con banderitas de tela y fabricaron los “juillas” que adornaban sus puertas, y posteriormente avivaban la candela que se encendía para celebrar el solsticio del verano, dando origen a si a una tradición que se mantuvo durante varias décadas y que, tras algunos años en los que no se celebró, ha vuelto a renacer de la mano de los vecinos más jóvenes de este popular enclave urbano.