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Allá por los años de  1770 a 1774 un notable arquitecto aguilarense proyectó la construcción de la Torre  que acogería el Reloj Público de la que aún era villa cabecera del Señorío de los Fernández de Córdoba. El Cabildo  Municipal ideó la construcción del popular monumento para coronar el cerro de la Silera y adecentar la plaza que hacía frente a la recién construida iglesia de los Desamparados. Reinaba en España el monarca Carlos III, quien autorizó el gasto que conllevaría levantar la Torre (a costa de los Propios), es decir, que la costearon todos los vecinos del pueblo.

Así nació la singular  torre exenta de Aguilar, filigrana arquitectónica de concepción barroca construida en ladrillo agramilado con basamento de arenisca. Tiene unos treinta metros de altura, de tres cuerpos, zócalo alto y remate con linterna. Y como toda Torre del Reloj  que se precie, posee dos campanas, una para las horas y otra para los cuartos. Los siglos no pasan por ella y, aunque hubo tiempos en los que la ruina amenazó su existencia, siempre los superó sin sufrir grandes menoscabos, lo que la ha preservado para el disfrute de quienes cruzan a diario por sus inmediaciones o,  asombrados,  la contemplan  por vez primera.

Esta bella y bucólica estampa ofrecía en los años centrales del pasado siglo XX, fecha en la que se tomó esta bonita perspectiva por algún aficionado a la fotografía de la localidad.