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La Hermandad de la Veracruz escribió en la noche de ayer una nueva página de gloria en  la dilatada historia de la que es la primera y más antigua cofradía penitencial de Aguilar. Ha quedado escrito con letras de oro en los anales de la corporación decana del Jueves Eucarístico, y  en  los de la propia Semana Santa de Aguilar, una salida extraordinaria que ha marcado un hito  superlativo en este tipo de celebraciones.

Todo se conjuró para que la excelencia desbordase los sentimientos y las emociones ante lo presagiado en una noche otoñal en la que los sentidos nos transportaron a la siempre añorada y esperada primavera cofrade. No hubo luna de Nisán, pero el Cuarto Creciente que encendía el estrellado firmamento en las lóbregas esquinas del viejo arrabal de la Veracruz fue suficiente para iluminar la cobriza tez del Señor del Calvario.

Como en tarde acicalada de Jueves Santo, los aledaños de la vieja ermita era un hervidero de gentes que acudían prestos a la histórica cita de ver al “Moreno de la Veracruz” procesionar por las calles que sellan la devoción mariana en la noche florida de mayo. Todo fue dotado de hermosura en esta memorable jornada de vísperas de Feria de la Rosa. Todo fue excelsitud en el cortejo y en la labor de los priostes. Radiante de belleza el esplendoroso paso decimonónico –paradigma del clasicismo cofrade-   se convirtió en consagrado altar para llevar al Señor por las calles de su barrio.

Y todo fue como ellos quisieron. Porque en ellos está la esencia de todo. Porque no hay nada que sublime más la devoción al Nazareno de la Veracruz que el fervor que arraiga bajo las trabajaderas del viejo trono sevillano. En ellas se glorifica la Fe del carbonero convirtiéndolas en sagrario donde se recoge la religiosidad del pueblo. Benditas maderas que hacen tocar la Gloria a  quienes se embullen en la oscuridad  de un sueño de eterno costero a costero.

El gozo de 25 años cumplidos lo penetró todo. Un cuarto de siglo en una entidad que lleva a gala el haber sobrepasado ya los 450 de historia supone un pequeño paréntesis en su devenir, pero esto no resta valor  a la convocatoria  cuando lo acontecido alcanza la magnitud de lo histórico, no solo por la excepcionalidad del hecho, si no por la vehemencia con que se ha vivido.  El Señor del Calvario, la imagen ideada y nacida de las manos de un aguilarense de pro, rubricó ayer con su portentosa salida que forma parte inapelable de las devociones pasionistas de Aguilar. Veinte cinco años han bastado para que el costal arraigue en lo más profundo de los sentimientos de los ipagrenses la fe al Nazareno que nos convoca cada Jueves Santo a tomar la Cruz de nuestras vidas y seguir sus pasos.

Fotos Paco Pedrosa.

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