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La histórica sequía que está sufriendo el cuadrante sudoeste y el centro de la Península Ibérica está dejando estampas inusuales en Córdoba. Los Baños de Popea, sin agua; el Guadalquivir, bajo mínimos a su paso por Córdoba; pozos vacíos y acuíferos secos; y los embalses de la provincia, en su nivel más bajo de la década que en mes y medio va a concluir. Pero, si se cumplen las previsiones, la sed que padece el campo cordobés va a empezar a calmarse.

Según el balance hídrico de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet), el nivel de humedad en el campo cordobés es mínimo. Al oeste de la provincia, el porcentaje de agua disponible es cercano a cero. En el resto de la provincia no pasa del 20%. Es decir, por mucho que llueva, a no ser que lo haga de manera torrencial, harán falta litros y litros para ver charcos en el campo, y para que la tierra haga que corran los arroyos y crezca el escaso nivel que tienen los embalses de la provincia.

La situación en los embalses no es crítica, pero sí preocupante. Aunque aún no han alcanzado los mínimos de los años noventa, sí que en la presente década no se había visto nunca un porcentaje tan escaso de agua embalsada. Esta semana, por vez primera desde el año 2008, el nivel de reserva de los embalses cordobeses (que forman la gran reserva de agua de Andalucía) está por debajo de los 1.000 hectómetros cúbicos.

En concreto, el agua embalsada en la provincia es inferior al 29% de la capacidad de todas las presas que hay en la provincia. Por estas fechas, la media de la década señala que los embalses tienen que estar ya al 60% de su capacidad. Solo en el año 2008 se encontró una situación peor, cuando Iznájar, la gran reserva de agua de la provincia, estuvo en el 16% de su capacidad.

Ahora mismo, Iznájar está por encima del 33% de su capacidad. Este pantano tiene agua suficiente como para abastecer a todo el sur de la provincia durante tres años. Eso sí, el regadío, que este verano se ha bebido prácticamente el 80% del agua consumida en los embalses, sí que no está garantizado.

La peor situación es la que vive La Breña II. Desde que se construyó no ha tenido tan poca agua. Actualmente está al 17,5% de su capacidad. El descenso de sus aguas ha hecho aflorar la antigua presa de La Breña I, sumergida desde el año 2009.

Córdopolis.