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Hace tiempo, demasiado, que la política en nuestro país anda bastante embarrada. No lo decimos porque la ruptura del denostado bipartidismo con la aparición nuevas formaciones políticas, que venían a poner punto final a los desmanes de lo que algunos llaman el régimen del 78 e incluso afirman que la Constitución, a la que tanto debemos, tiene tufillo franquista, haya hecho embarrancar la política y resulte harto complicado la formación de un gobierno.

Lo decimos porque, de un tiempo a esta parte, al adversario se le ha convertido en enemigo y hasta hacerse una fotografía en la que aparecen conversando quienes están muy lejos en sus planteamientos ideológicos, se considera una especie de aberración. El que algunos llaman régimen del 78 permitió que personas, con mucho más motivo para sentirse enemigos -algunos lo habían sido desde trincheras enfrentados a tiros- se diesen la mano y buscasen puntos de acuerdo para que España transitase por la senda de la democracia y se elaborase una Carta Magna de consenso. Sin ir más lejos, hace unos días, con motivo de la celebración del aniversario de la Constitución, el diputado de Esquerra Republicana de Cataluña, Gabriel Rufián –un charnego, según la terminología catalanista, convertido en independentista-, a la sazón portavoz de su grupo parlamentario en el Congreso de los Diputados, criticaba que Pablo Iglesias, de Podemos, conversara con Espinosa de los Monteros, de Vox, y con Inés Arrimadas, de Ciudadanos. La respuesta de Iglesias, vía tuit, fue comentar despectivamente que Rufián se fotografiara con un apoderado de VOX. Lo dicho con el adversario no se puede hablar porque, en la embarrada política española del momento, el adversario político se ha convertido en enemigo.

Por eso me pareció extraordinaria la noticia que ABC ofrecía a sus lectores el pasado sábado en la sección de provincia, referido a Aguilar de la Frontera, bajo el título: “El Ayuntamiento crea una ruta sobre el culto a la Inmaculada”. El consistorio aguilarense había preparado una especie de ruta inmaculista que, guiada por el historiador local José Galisteo, permitía recorrer diferentes lugares de la localidad campiñesa en los que podían verse elementos

religiosos relacionados con este dogma de la religión católica. El municipio ya había defendido en el siglo XVI, como ocurría en otros cabildos municipales de la época, la limpia y pura concepción de María; es decir, mucho antes de que Roma lo declarase dogma de fe, a mediados del siglo XIX (1854). En esa ruta podía visitarse la parroquia del Soterraño, verse capillas, imágenes, retablos, triunfos… que hablan de la devoción, a través del tiempo, de los vecinos de Aguilar de la Frontera a la Inmaculada Concepción. Incluso podía visitarse una imagen de la Inmaculada que se encuentra en la alcaldía y que con anterioridad se encontraba en la capilla de la cárcel municipal.

Me parecía una noticia extraordinaria porque el gobierno municipal de Aguilar de la Frontera es de Izquierda Unida, formación que había conseguido mayoría absoluta en las pasadas elecciones del mes de mayo, al obtener diez de los diecisiete concejales de la corporación. A su cabeza se encuentra Carmen Flores Jiménez, que ya fue alcaldesa a finales de la pasada centuria y comienzos de la presente. Representante de ese tiempo, que hoy denostan algunos, y que hablar con el adversario no era, ni mucho menos, objeto de crítica.

Hay formas de entender la política y, por añadidura la gestión municipal, muy alejadas de los barros que hoy la manchan.

JOSÉ CALVO POYATO
Diario ABC Córdoba. 14 de diciembre de 2019