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Con un cielo totalmente encapotado de nubes grisáceas, y el suelo mojado de las lluvias caídas a lo largo de la madrugada y mañana de hoy, sorprendía ver cómo algún rayo de sol que se había filtrado por entre los nubarrones conseguía encender la blanca cal de una esquina de cornisas del ochavado recinto de la Plaza de San José.