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Diego Igeño

El próximo 24 de enero se presentará en Aguilar el libro Lección de vida, escrito por el historiador y novelista local Francisco Gabriel Zurera Álvarez. En estos días, he tenido la oportunidad de leerlo y, aunque el tema que trata es duro, he aprovechado cada una de las poco más de cien páginas que lo componen para reflexionar y aprender. Zurera, en esta ocasión, se convierte, a través de una prosa ágil, en ocasiones poética, en brillante transmisor de unas ideas, de unas vivencias ajenas, unidas todas por un denominador común: la muerte de un ser cercano y querido. De este modo, a través de dieciséis capítulos, se desnudan los sentimientos de varias personas, se nos invita a conocer cómo han afrontado una -o varias- experiencias traumáticas en su vida. El asunto no es nuevo en la historia de la literatura. Aunque hay muchas obras que lo tratan cómo no volver la vista a la magistral composición de Jorge Manrique Coplas por la muerte de su padre. Ahí ya se nos muestra lo que supone la pérdida de un ser querido para cualquier persona. Y aunque entre lo escrito por el poeta castellano y lo recogido por Fran Zurera hayan transcurrido más de cinco siglos, qué duda cabe que en lo expresado por ambos hay constantes similitudes. Menos conocida es otra obra que a mí me impresionó hondamente: À présent, de la narradora francesa Brigitte Giraud, autobiográfica y centrada en el fallecimiento por accidente de tráfico de su marido. En todas estas composiciones, como ya he dicho, la muerte se convierte en el eje central que determina las existencias de sus protagonistas. En Lección de vida, esta muerte se hace presente de diversas maneras: por una enfermedad maldita -generalmente el cáncer-, por un accidente de tráfico, por un asesinato -en el marco de lo que hoy llamamos violencia de género-, o por la que es considerada por muchosla muerte silenciada: el suicidio. Sobre los que se van, se articula el pasado, el presente y el futuro de los que quedan: de Yolanda, de Salvi, de Pedro, Juan Manuel, José Carlos, Carmen y Pepe, Rocío, Remedios, Lucía, José, Josefa,Andrés, Patricia, José y Carmen, José Manuel e Isa y Paqui y sus familias. Todos ellos nos abren sus venas para darnos una auténtica lección de vida; para indicarnos cómo han vivido su duelo; para lanzarnos, a pesar de los dramas vividos, mensajes de optimismo que yo resumiría en una frase pronunciada por uno de ellos: después del apocalipsis el génesis; para hacer una exaltación de la solidaridad al proclamar su deseo de prestar ayuda a quienes transitan por esos lodos: ese es el motor que nos debe empujar; para hallar los motivos para seguir adelante;para romper el tabú ancestral queatenaza a toda una sociedad que no comprende, como señala uno de los entrevistados, que la muerte también instruye y que no es sino una consecuencia lógica del hecho de nacer; para transformar, en suma, un libro que versa sobre la muerte en una exaltación de la vida: La vida es un regalo y lo que en ella tenemos y disfrutamos también. Gracias a la Asociación Alhelí de Málaga por habernos hecho este regalo.