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Nadie duda del valor documental de la fotografía como elemento histórico y patrimonial, es decir, su valor como depositaria de información que es imprescindible para los estudios antropológicos.

Hoy en día negar el valor histórico que tienen o pueden llegar a tener las fotografías es absurdo. Realizar una foto es crear un documento histórico, ayudar a ilustrar parte de la memoria colectiva de un pueblo. Es decir, cuando fotografiamos congelamos un instante, capturando de esta manera la realidad del momento, y esta imagen del presente en un futuro podría ayudar a historiadores a entender nuestra sociedad. Así, toda fotografía se convierte en documento histórico, en un testimonio visual y gráfico de las costumbres de una época.

Como documento histórico debemos valorar esta fotografía, fechable a finales de la década de los años setenta o principios de los ochenta del pasado siglo XX. En ella se ve una reunión de jóvenes el Barrio Bajo, entre los que se distingue a varios de ellos disfrazados, lo que indica que, aunque prohibido por las autoridad, había cierta permisibilidad para celebrar el día del Carnaval.

Poco después, en 1984, se restableció esta tradición en nuestro pueblo, siendo organizada la fiesta por el Ayuntamiento. Precisamente entre los que aparecen disfrazados en esta instantánea se identifican a grandes chirigoteros que dieron gloria y esplendor al Carnaval de Aguilar en esos tiempos, como fueron  los hermanos “tarambanas”.